El paro se levanta, pero crisis del transporte continúa
El paro de 72 horas anunciado por los gremios del transporte público fue oficialmente levantado este viernes tras una reunión tripartita en la que participaron representantes del Ministerio de Trabajo, el Viceministerio de Transporte y los empresarios agremiados en CETRAPAM y UCETRAMA. Las negociaciones, encabezadas por la ministra de Trabajo, Mónica Recalde, y los viceministros César Segovia y Emiliano Fernández, lograron evitar que cientos de miles de pasajeros del área metropolitana quedaran varados desde este lunes.
La decisión fue celebrada por el Ejecutivo como un "logro del diálogo social", y se confirmó que el servicio se prestará con normalidad desde la próxima semana. No obstante, la desactivación del paro no vino acompañada de compromisos estructurales ni de una reforma profunda del sistema, cuya precariedad se agrava con el paso del tiempo.
La promesa de reforma sigue sin cumplirse
Desde hace años, el Gobierno ha venido anunciando una reforma integral del sistema de transporte público del área metropolitana de Asunción. Sin embargo, más allá de discursos y promesas, hasta el momento no se ha presentado un proyecto concreto ni se ha iniciado un proceso de transformación real.
Los usuarios siguen padeciendo las mismas condiciones: colectivos en pésimo estado mecánico y de higiene, unidades que no respetan horarios ni frecuencias mínimas, y esperas interminables a la intemperie, especialmente en esta temporada de bajas temperaturas. Las reguladas, una práctica sistemática de reducción de flotas en horarios clave, castigan a quienes deben desplazarse para estudiar o trabajar. La sensación de abandono es generalizada.
En este contexto, la suspensión del paro no cambia en nada la realidad cotidiana de miles de personas. El mal servicio persiste, el trato a los pasajeros es indigno, y el Gobierno no da señales claras de un plan serio que busque revertir esta situación.
Subsidiar el fracaso
Uno de los puntos centrales del acuerdo alcanzado con los empresarios fue la continuidad del millonario esquema de subsidios al transporte público. Precisamente, el reclamo de pagos atrasados y garantías de continuidad en las transferencias fue lo que llevó a CETRAPAM y UCETRAMA a amenazar con la medida de fuerza.
Paradójicamente, el Estado seguirá destinando cifras astronómicas al sostenimiento de un modelo fallido, que no ofrece garantías mínimas de calidad ni rendición de cuentas. Los subsidios siguen fluyendo, pero el servicio no mejora. La ecuación es tan insostenible como indignante para los usuarios.
Un "logro" que no cambia nada
El Gobierno difundió con entusiasmo la noticia de que se levantó el paro, como si se tratara de una conquista a favor de la ciudadanía. Pero la realidad contradice ese optimismo institucional: lo único que se logró fue postergar el estallido de una crisis que ya es crónica. La gente seguirá esperando horas bajo el frío, soportando condiciones de transporte indignas y viendo cómo los fondos públicos benefician a un puñado de empresarios sin que eso implique una mejora concreta en la calidad del servicio.
En síntesis, no habrá paro el lunes, pero la crisis persiste. El sistema de transporte metropolitano sigue estancado, sin visión ni reforma, y la ciudadanía continúa pagando el precio de un modelo agotado que se mantiene artificialmente con subsidios, sin transparencia ni voluntad política real de cambio. El statu quo permanece intacto, con una ciudadanía cada vez más frustrada y un Gobierno que sigue celebrando victorias vacías mientras el colapso se profundiza.



