Gobierno y Cetrapam, cómplices del colapso del transporte público
Los empresarios del transporte público anunciaron este lunes 7 de julio que analizan realizar un paro total de actividades a nivel nacional. La advertencia se da en medio de una asamblea extraordinaria convocada por los gremios Cetrapam y Ucetrama, que reclaman al Gobierno el pago pendiente del subsidio correspondiente al mes de mayo. El monto adeudado ronda los USD 3,8 millones.
Los representantes del sector alegan que ya no pueden seguir operando en estas condiciones y exigen una respuesta inmediata. Sin embargo, no es la primera vez que recurren a esta medida de presión. El transporte público se ha convertido en una especie de rehén constante, en donde cada retraso en el subsidio estatal es aprovechado como excusa para paralizar el servicio.
Un servicio caro, precario y subsidiado
Mientras los empresarios exigen pagos, el sistema sigue funcionando con buses viejos, ruidosos y en mal estado. No hay aire acondicionado, los horarios son inestables y las frecuencias se incumplen a diario. A pesar de esto, el subsidio estatal al transporte ha ido creciendo año tras año.
Solo en los primeros dos meses del 2025, el Estado desembolsó más de 73 mil millones de guaraníes en subsidios al transporte, lo que representa un aumento de más del 35 % respecto al año anterior. En 2024, el gasto total fue de unos USD 44,5 millones. La pregunta lógica que se hace la ciudadanía es: ¿a dónde va ese dinero? Porque en la calle, el servicio es cada vez peor.
La ley prometida que nunca llega
A todo esto se suma un silencio inquietante por parte del Gobierno. Desde el año pasado se viene hablando de una reforma integral del sistema de transporte público, con una ley prometida por el propio Ejecutivo. Pero hasta la fecha, el proyecto no fue presentado en el Congreso. Ni siquiera hay borradores o avances concretos.
El viceministro de Transporte reconoció que existe una deuda, pero se limitó a decir que están "haciendo gestiones" para cumplir con el pago. Mientras tanto, no hay ningún plan de contingencia ante un eventual paro, ni señales de voluntad real para reformar el sistema de raíz.
Ciudadanos abandonados, otra vez
Como siempre, son los ciudadanos los que pagan los platos rotos. Los que deben salir a trabajar y estudiar sin garantías de que el colectivo pasará. Los que se suben a buses sucios y peligrosos, o deben pagar transportes privados alternativos. En este contexto, un paro total del servicio podría generar un caos mayor y afectar a cientos de miles de personas.
La clase política sigue demostrando su incapacidad de abordar los problemas estructurales del país. Los empresarios del transporte operan con total impunidad, sabiendo que el chantaje funciona. Y el Gobierno, lejos de controlar o exigir calidad, sigue repartiendo dinero sin exigir resultados.
Un sistema en ruinas que nadie quiere arreglar
La situación del transporte público en Paraguay no es solo insostenible: es escandalosa. Y mientras unos y otros se culpan, la ciudadanía queda atrapada en un sistema obsoleto, caro, lento y sin futuro. La única transformación real que se ve es el deterioro constante del servicio. Y eso, lamentablemente, ya no sorprende a nadie.





