Un retrato extraviado de Don Carlos Antonio López
Hace unos diez o doce años descubrimos en la Biblioteca Rio-Grandense de RS, Brasil, la colección J. Arthur Montenegro, a partir de la mención del investigador uruguayo de la Guerra de la Triple Alianza, Alberto del Pino Menck. Fue fácil acceder, gracias a su indicación, al catálogo online que nos mencionara y comenzar a investigarlo.
En un caso similar al de Estanislao Zeballos (1854-1923) en Argentina, Montenegro (1864-1901) fue un investigador y coleccionista cuya infancia fue marcada por la cercanía de la guerra, le hizo desarrollar un profundo interés por la misma, y pudo todavía entablar amistad y correspondencia con cantidad de protagonistas de los cuatro países [1].
Fallecido a los 37 años, su producción bibliográfica quedo inconclusa. Al igual que Zeballos, comenzó en 1888 una Historia da Guerra do Paraguai -que estaría constituida por seis volúmenes de texto, más dos anexos de documentos inéditos con 75 mapas, planos de batallas y fortificaciones-, ilustrada con fotografías y “com cerca de 2.000 retratos dos officiaes dos quatro exercitos beligerantes, ministros, diplomatas, etc.”, según reza una publicación guardada en la BRG [2]. Se propuso en el Instituto Geográfico de Bahía un exhorto general a los demás institutos geográficos para que se apoyase a la viuda de Montenegro con la impresión de la obra, pero por lo visto no prosperó.
Así, aparte de su no muy extensa producción publicada, los documentos de Montenegro fueron archivados en la Biblioteca Rio-Grandense, en la antigua villa de Rio Grande de San Pedro, alguna vez capital de la Provincia de San Pedro de Rio Grande do Sul que, aunque mantiene una pujanza industrial, ha ido languideciendo. Si bien la biblioteca es una de las más grandes de Brasil, con 500.000 volúmenes, padece de una falta de rubros crónica que impide las inversiones necesarias para una catalogación documental moderna y la conservación necesaria. Sin embargo, como pude constatar, responde ordenadamente las consultas y envía fotos de los documentos solicitados por precios razonables.
Así, atraído por las menciones en su catálogo, solicitamos una cantidad de fotografías. Las mismas, de cantidad de fuentes diferentes y reunidas a través de 14 años, fueron en algún momento copiadas y uniformizadas a un tamaño único, pequeño, y pegadas a cartones de 16 x 20 cm, impresos con los datos de la colección y su información escrita a mano en cada una, en tinta negra. Fue una sorpresa ver la cantidad de errores de muchos de sus epígrafes. Estos fueron puestos según habían sido enviados por sus corresponsales, generalmente brasileños o argentinos, lo que justifica el poco conocimiento de los personajes paraguayos. Con poco conocimiento real, como en el caso de la foto que nos ocupa, vemos otra de Frederick Mastermann con epígrafe: “245 Coronel Francisco Martínez”. Otras fotografías solicitadas ya no se encontraron, como “562 Francisco Solano López, quando criança”, sobre la que dudamos que fuera verdadera, dado que por 1840 no tenemos registro de fotógrafos en Asunción. Asimismo, la fotografía “244, Elisa Lynch” era conocida desde hacía tiempo, pero también era una de las más discutidas. Su aparición aquí le anotaría un relativo punto de autenticidad. Lamentablemente, la mayoría está hecha sobre cartes de visite y sospechamos que las limitaciones presupuestarias de la Biblioteca no permitieron (en dos ocasiones) obtener una copia de mayor calidad que la que publicamos.
Sin embargo, la Colección deparaba sorpresas mayores, si uno se tomaba el trabajo de analizarla en detalle.
Posteriormente, como resultado de una visita al Archivo de una delegación de la Secretaría Nacional de Cultura, que tampoco pudo obtener buenas fotos, fue publicado un libro sobre el mismo por el investigador Ronald Villalba Aguilera, que había participado. El libro es una buena divulgación de la colección, que esperamos motive investigaciones, aunque ninguno de esos eventos produjo información sustancial, salvo la enumeración más detallada del catálogo y algunas fotos. Sin embargo, hablar de “descubrimiento” de un repositorio que era ya tan conocido, y hasta estaba online, resulta exagerado [3].
Dado que teníamos la imagen que nos ocupa en archivo, ya comprada, esperando la publicación de esta colección para darla a conocer, temimos que hubiera sido “descubierta”. Sin embargo, en una situación similar a las manifestaciones de joyas del “Libro de Oro” [4] vimos que solo se habían repetido los errores, producto de la falta de análisis profundo del documento.
En este caso, nos referimos a la que pensamos que es la única foto de nuestro primer presidente, Don Carlos Antonio López, catalogada equivocadamente en la Colección Montenegro con el epígrafe “254 (O)Bispo Manoel Palacios”, y que hemos decidido publicar en tapa de esta colección.
Son conocidas las únicas fotos del Obispo Palacios: de sotana, una de ellas, con las piernas abiertas, rostro simple y semisonriente. Por cierto, 38 años más joven que Carlos A. López.
Concluimos que era imposible que la foto que teníamos delante fuera de Palacios. En esta veíamos un hombre mayor, con un rostro inteligente, prudente, vestido con un traje negro, saco pucú, reloj de cadena y galera o “sombrero de pelo negro”, como se le decía en la época. Es exactamente la vestimenta que López mismo, en el Estatuto Provisorio, dicta como la que debe vestir un magistrado.[5]
La imagen de Don Carlos fue muchas veces exagerada y ridiculizada por sus adversarios, algo difícil de evaluar a la distancia, ya que no se conocen fotografías suyas. De una carte de visite en uniforme militar se dice que fue hecha de una pintura [6], aunque es también notoriamente parecida a esta. Todo lo que sabemos de él es por caricaturas y descripciones. Es conocida la deplorable imagen que da Héctor Varela [7] sobre López, su aspecto físico y su sombrero. Sin embargo, ninguna otra fuente lo pinta tan exageradamente, lo que pone en evidencia su mala intención.
Lo único real que podemos decir que tenemos es el traje existente en el Museo del Ministerio de Defensa Nacional, que perteneció a un hombre corpulento. Este es -precisamente- del mismo modelo que el de la foto que nos ocupa, debajo del saco largo. Nótense los ojales en la solapa derecha, iguales al grabado que aparece en el libro de Page (1859) [8].
Es de notar que si bien el libro de Page (como todos los de su época) usa grabados, su expedición vino equipada con equipos de daguerrotipia, según instrucciones del secretario de Marina [9], y fueron usados muchas veces [10]. Esto se debe a que la técnica de medios tonos (half tone) para imprimir una fotografía recién fue desarrollada en la década de 1880. Hasta entonces, los grabados publicados podían ser de dos tipos: dictados de memoria por el autor al grabador, o hechos por este con base en los daguerrotipos e instrucciones que se le entregaban. Por tanto, podríamos asumir que la fotografía de Page, tomada en 1857, es una representación bastante aproximada de nuestro primer presidente en ese momento. Sin embargo, el hecho de que Don Carlos tuviera entonces 65 años no se condice con la expresión relativamente juvenil que el grabador de Page le atribuye, como veremos abajo.
Es seguro que el posterior grabado, en el libro de Du Graty (1862), sea también sobre fotografías. Hay una correspondencia entre López y Carlos Calvo, mencionada por Lorenzo Zuccolillo, que transcribimos, donde el autor menciona lo corriente que era que las imágenes publicadas fueran retocadas (a través de las instrucciones dadas al grabador) para adecuarse mejor al interés de la publicación:
Ya en sus inicios, hubo no poca discrepancia iconográfica desde imágenes impresas (en algunos casos realizadas desde fotografías), como es el caso de la propia apariencia del presidente Carlos Antonio López. Parte de esta indefinición y/o equívoco está consignada en la propia correspondencia oficial. Por ejemplo: En una carta dirigida a Carlos Calvo, encargado de negocios del Paraguay en Europa, Carlos Antonio López lamentó que las placas fotográficas que le enviara llegaran “demasiado tarde y rotas (por lo que) mejor sería omitir el empeño de sacar nuevas copias”; aunque agradeció en otro momento “el gran trabajo (empleado) para litografiar mi retrato en traje particular (aun) habiendo recibido (usted) el original en (placa de) vidrio hecho mil pedazos [...]” y agregó también: “Ud. anunciaba enviarme 20 ejemplares sobre papel más grande de ese retrato, y el del General López. Puede conseguirse aquí sacarlo mejor en papel, lo mismo que el retrato en forma militar que también había llegado en mil pedazos en vidrio” [11] (en Julio César Chaves: El presidente López. Vida y gobierno de Don Carlos. Carta a Carlos Calvo, 20-X 1861, entre paréntesis agregados, reproducida en Biblioteca Virtual del Paraguay. ¿Las placas fotográficas habrían sido también las mismas destinadas a la publicación de El Paraguay de Du Graty y de allí la discrepancia de parecidos; los “retoques” que representarían a López más “a la europea”?) [12].
Como se ve, la técnica no es lejana. Hoy mismo se siguen haciendo grabados. El billete de 5.000 guaraníes, por lo visto, fue hecho a partir del original de Du Graty [13], respetando detalles mínimos (pelo de la sien izquierda, canas de la derecha, moño) pero reinterpretándolos, suavizándole los rasgos, haciéndolo un poco más joven y con la papada ligeramente más ancha.
Una vez comprendidos estos puntos de parecidos y disimilitudes, de técnicas de impresión y de intereses creados de las publicaciones, expresados en retoques a través de cambios al grabar, podemos analizar mejor un grabado o una fotografía de época como la que nos ocupa, sin confundirnos, y dedicarnos a la estudiada sabiendo ya las diferencias que podemos encontrar y lo relativo de los parecidos.
Ante el epígrafe que por notoriamente erróneo nos impulsó a descifrar quién era el personaje de la foto, el análisis de los rasgos nos llevó de inmediato a asociar su calva, con el pelo escaso cubriéndola desde un costado, con la conocida imagen del billete de 5.000 guaraníes, hecho en base al publicado por Du Graty en Francia (1862) y donde López también usa el mismo corte de chaqueta con ojales.
Cronológicamente, entre los grabados de Page (sobre una foto de 1857, seguramente bastante retocada), y el de Du Graty (sobre fotos de 1862) parece haber poco tiempo, para ubicar la foto que nos ocupa, de un hombre corpulento de unos 60 y algo de años. Sin embargo, es mucho para un hombre enfermo (diabetes) que moriría en setiembre de 1862, apenas tres meses después de haber enviado las imágenes. Esa es la ventana de tiempo de nuestra fotografía, más maduro que en el juvenil aspecto de 1857 y más joven que uno ya muy enfermo de 1862 [14].
Como todo lo inédito, como síntesis inesperada y diferente de docenas de grabados que siempre nos lo mostraron de diversas formas, así como descripciones interesadas que muchas veces lo defenestraban de mala manera, la aparición de (lo que pensamos es [15]) una fotografía real y sin retoques de nuestro primer presidente, nos sorprende y nos deja pensativos.
De hecho, debo decir que lo que más me convence de que sea original es la expresión de su rostro. Es la expresión de inteligencia en esa frente ancha y esos ojos atentos. La expresión de responsabilidad con la historia, de un hombre que tuvo sobre sí la carga enorme de organizar un país moderno donde había encontrado una sociedad pastoril y cerrada al exterior. Con sus grandes aciertos y sus grandes fallas, esa es la que puedo imaginar como la mirada de un estadista. Más allá del evidente parecido, no puedo imaginar otra persona con ese aspecto, ropa y expresión, en la Asunción de 1860, que no fuera él.
Notas
[1] Nuestro especial agradecimiento al bibliotecario del Archivo J. Arthur Montenegro, D. Marco Antonio Maio da Cunha, por su permanente predisposición y ayuda.
[2] Transcripción del acta de la Sociedade de Geographia de Rio de Janeiro, publicada en el Jornal do Comercio. Biblioteca Rio-Grandense, Registro J87415, Gaveta, prateleira J22, Nº de obra JJJ.43.
[3] La Biblioteca editó ya tres libros sobre la Colección Montenegro, con estas fotografías, que pueden ser vistos en línea en: https://issuu.com/bibliotecariograndense. Consultado por última vez en abril de 2022. Su catálogo y varias monografías sobre la misma también se pueden hallar en línea.
[4] En el simposio de ese nombre de 2018, en la Alianza Francesa, varios investigadores llegaron a la conclusión de que los libros de la donación de joyas de 1867 no representaban tal, sino que eran -tal como decían textualmente- apenas “la manifestación de joyas” de las oferentes, que finalmente donaron solo el 5% de lo manifestado, en su mayor parte en papel moneda. A esto nos referimos con el “análisis desapasionado de los documentos”. Los repositorios platenses están llenos de documentos y colecciones que solo esperan ser reinterpretados, en vez de repetidos.
[5] Ver doc. 346 por su importación y doc. 608, art. 79 del Estatuto Provisorio, donde se establece cómo deberán vestir los jueces en lo Civil y Criminal, y el juez superior de Apelaciones.
[6] Podría ser, sin embargo, la mencionada más abajo, donde citamos la correspondencia López-Du Graty.
[7] Varela, Héctor, Elisa Lynch, Ediciones Elefante blanco, Buenos Aires, 1997, p. 351.
[8] Page, Thomas J., La Plata, the Argentine Confederation, and Paraguay... with maps and numerous engravings, Londres, 1859, p. 117.
[9] Op. Cit., Apéndice A, p. 567.
[10] Op. Cit, p. 196: “Diciembre 14, anclados en Salvador... Persuadí al cacique y varios de sus compañeros de sentarse para sus daguerrotipos. A la vista de estos, mostraron tanto asombro como deleite. Es la primera vez que vi indios del Plata mostrar una emoción”. En la página siguiente (197) se ve el grabado con el epígrafe: “Indios lengua en Salvador”.
[11] Esta podría ser la mencionada arriba. Vimos en algún momento un original completo de la misma (no publicado) pero es más conocida su versión de solo su cara y hombros -con grandes charreteras- que aparece en un relicario de su hija Inocencia.
[12] https://lorenzozucolillo.wordpress.com/2012/03/10/fotografias-en-paraguay-1850-2011-ciertos-usos-sociales/ Consultado en marzo 2019.
[13] Du Graty, Alfred M., La República del Paraguay, París, 1862. Tomado de la edición original. Cortesía de Milda Rivarola.
[14] En una de sus últimas cartas a Carlos Calvo, (20 de marzo de 1862) López le dice: “Mucho agradezco a usted y a su Señora, los cuidados que en su estimable carta del 24 de enero manifiestan por el mal estado de mi salud. El reumatismo y la orina son mis enfermedades crónicas: la última estos días me ha mortificado extraordinariamente”.
[15] Sabemos que ponemos a consideración una hipótesis. Una propuesta. No hay una prueba absoluta por ahora (salvo que aparecieran las fotos enviadas a Francia).
Nota de edición
López Vol. I (1793-1843), edición corregida y anotada de la Colección Doroteo Bareiro, publicada por Tiempo de Historia, será presentada el viernes 3 de junio en la FIL Asunción 2022. La imagen de portada es el objeto del presente artículo.
* Martín Romano García es investigador. Está dedicado desde el año 2000 a la investigación genealógica e histórica, especializado en familia e inmigración. Es miembro correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia, presidente del Instituto Paraguayo de Genealogía Ruy Díaz de Guzmán, del Colegio Brasilero de Genealogía, y miembro honorario del Instituto de Estudios Genealógicos del Uruguay.