"Mi odisea en Europa. Juan E. O'Leary, diplomático. Diario personal (1936 - 1938)"
"Recién ahora tengo la tranquilidad necesaria para iniciar estos apuntes, que espero poder seguir y en los que iré anotando mis impresiones y hechos salientes o nimios de este mi segundo viaje a Europa", escribe Juan E. O'Leary (1879 - 1969) en alta mar, el 14 de julio de 1936. Es el comienzo de una etapa de su vida que él mismo describirá como una "odisea". Enviado al Viejo Continente por el gobierno revolucionario de Rafael Franco para cumplir funciones como ministro plenipotenciario en España y, poco después, en la Italia de Benito Mussolini, el controvertido historiador, publicista y diplomático paraguayo cumple, en efecto, su propósito de seguir escribiendo. Hasta su regreso al Paraguay en noviembre de 1937, sus anotaciones llenan tres cuadernos manuscritos que integran su diario personal.
La odisea en Europa inició cuando, poco antes de arribar a España, estalló la guerra civil y, con ello, la imposibilidad de desembarcar y asumir formalmente el cargo diplomático en ese país. Mientras seguía la evolución de esos acontecimientos, O'Leary fijó residencia en París hasta que el gobierno del Paraguay lo nombró ministro plenipotenciario y encargado de Negocios en Italia. Precisamente, ante la inminencia de su presentación oficial ante el rey de Italia, el diplomático paraguayo realizó una anotación reveladora en su diario íntimo: "Nada más extraño a mi carácter que la diplomacia. Soy fundamentalmente antidiplomático ¡Y el destino quiere que lo sea! No sé hasta cuando soportaré esta pesada carga. Es un sacrificio inmenso que me impongo por los míos y por sustraerme de la vida nacional. Así que, si se calman las cosas allá, volveré volando a reanudar mi vida habitual, en mi casa, entre mis libros y papeles, en medio de mis amigos. Siento la nostalgia de escribir, de trabajar, de producir. Aquí no puedo hacer nada porque no tengo a mano los materiales acumulados y me falta el ambiente. La diplomacia es esterilizante. No la tolero. ¡La odio!!!". [1]
La textualización de emociones como el agobio, el sacrificio, la nostalgia, ante unas funciones diplomáticas que debe asumir en contra de sus deseos constituye un eje principal, si bien aparecen en el entramado textual otras cuestiones también significativas como la política doméstica en Paraguay centrada en el gobierno revolucionario de Rafael Franco, a quien O'Leary cubre de elogios y define como "el hombre del momento", las cavilaciones que le merecen el estado fascista, su liturgia política y sus orientaciones en la política exterior, así como las caracterizaciones personales que deja escritas sobre Benito Mussolini, el conde Galeazzo Ciano y el rey Víctor Manuel III. Sus impresiones sobre las principales figuras públicas en Italia se enhebran con las gestiones que rodearon a la firma de un convenio de adquisición de aviones Caproni destinados a la aeronáutica paraguaya, principal objetivo de sus gestiones diplomáticas.
Como no podía ser de otro modo, si se tiene en cuenta que O'Leary se consideraba ante todo historiador, abundan en el diario personal los registros íntimos, extensos y "machacantes" sobre la historia del Paraguay en ocasión de visitar distintos lugares asociados a la historia americana.
Resulta sorprendente, por ejemplo, la anotación que realiza 1° de marzo de 1937, aniversario de Cerro Corá, en la que O'Leary historiador se identifica con la historia del Paraguay que él mismo construyó: "Es este un gran día para el Paraguay y para mí. Para el Paraguay representa la consumación de su épico sacrificio, para mí la consigna de mi largo apostolado. Yo hice de esta fecha de muerte una consigna de vida. En nombre de los que hoy cayeron por la patria llamé a mis compatriotas a levantarnos sobre la derrota, para volver a ser lo que fuimos por la resurrección de nuestras virtudes pretéritas, por una resolución tenaz de rebeldía contra las injusticias del destino adverso. Pocos me comprendieron. Nuestro aplastamiento moral fue tal, nuestro pesimismo tan grande, que parecía locura pretender rectificar los hechos consumados, y hacer de la derrota una victoria de nuestro paraguayismo inmortal. El virus legionario envenenaba las entradas de nuestra juventud. López era un monstruo apocalíptico. Nuestra caída irremediable. Nuestros gobernantes no osaban perjurar ante los vencedores y nuestra vida nacional era de ignominioso vasallaje. Mas de treinta años luché sin descanso. Publiqué libros, folletos, artículos, escribí en prosa y en verso; di conferencias, agité constantemente la opinión pública, repitiendo sin cesar mis principios de redención poniendo toda la elocuencia de que soy capaz en una propaganda encendida en terrible, en implacable fervor patriótico. Fui negado, fui calumniado, se me atribuyeron fines miserables, se me atacó en mi vida pública y privada, se me aisló como a un pestoso. Y seguí adelante, seguro de que mi doctrina iría sedimentándose en la conciencia nacional. Y así fue".
El diario íntimo de O'Leary nos abre también ventanas sobre su vida personal y cotidiana, como el viaje a Nápoles para reencontrarse con la familia Lofruscio (David, Silvio, Luis) que habían regresado a vivir en esa ciudad luego de muchos años de residencia en el Paraguay en el que se habían labrado un gran prestigio profesional: David había estado entre el claustro docente que organizó la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Asunción, y su hijo Silvio había actuado en la sanidad militar durante la Guerra del Chaco entre 1932 y 1935.
Se proyecta también en la escritura íntima la obsesiva contabilidad del diarista, que registra cada una de las compras cotidianas de la familia, acompañada de comentarios que dejan traslucir algunos de los rasgos más complejos -y cuestionables- de su personalidad, como su complejo de inferioridad por la falta de prosapia, o sus orígenes humildes y la falta de título universitario.
El manuscrito nos devuelve la ausencia de tachaduras o de sobreescrituras, lo que permite afirmar la carencia de autocensura; es decir, O'Leary se siente a salvo en la intimidad de su diario, amparado de la mirada fisgona de los otros. Escritos casi siempre al anochecer, los apuntes constituyen el umbral entre su vida personal y su trayectoria pública. Se pueden caracterizar como un refugio, una válvula de escape, un inventario, una forma de reflexión, un grito de protesta, pero, sobre todo, una lectura de los acontecimientos políticos y sociales del Paraguay contemporáneo.
Fragmentos escogidos [París, 1936]
Viernes 2. Todo este día lo hemos consagrado a comprar un abrigo a Dorila. Por la mañana Lafayette, Printemps, Trois Quartiers. Un verdadero peregrinaje. ¡Y nada le gustó! Por la tarde Bon Marché. ¡Nada! Ya no pude resistir y la dejé ir con la nena a visitar las casas de moda de Champs Elysées. La pobre no quiere comprar nada sin mi intervención. Y es un tormento para mí esta tarea...
Está resuelta la devaluación del franco ¡Ya es ley! Hoy se cotizó la libra a 105,75 francos. Pronto vendrá el contragolpe del aumento de los precios. Y a la postre no ganaremos nada los extranjeros.
Franco me ha contado que el aventurero Leiba (consejero confirmado de nuestra Legación) le ha leído una carta de madame Ayala —su patrona— que le dice que Eusebio ha podido salir del país gracias a la renuncia de Bernardino Caballero. Creo que haya renunciado, pero no creo que se le haya aceptado la renuncia. Es el hombre del gobierno. ¡Sin él... sería un desastre!
Ayala no accionará en Buenos Aires. Tiene mucho que perder y mucho que recoger en el Paraguay. Al menos obrará, si obra, en un profundo secreto. Necesita regresar para liquidar sus negocios usurarios.
Regresó Dorila con un abrigo de 375 francos ¡Y con esto coroné este día!
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Lunes 12. [...] Olvidé anotar que he recibido carta de Horacio, ¡con un cheque por 4.000 y pico de francos, que es todo lo que me toca por agosto! Recién en septiembre me pagarán, dice, el sueldo íntegro...
Me mandó los manifiestos del Partido Colorado y de los Excombatientes colorados. Muy bien escritos. Un "golpe recio" al gobierno. Obra de la Liga. Ahora quedan dueños del poder... pero solos y en el aire. ¿Qué va a pasar? ¡Eso lo veremos pronto! Según los diarios de Asunción debe haberse realizado hoy la inauguración del Panteón Nacional y depositado allí los restos del mariscal López. ¡Coronamiento de mi obra! Pero es muy posible que no me hayan recordado siquiera. ¡No importa! No soy yo el triunfante, es mi ideal. Yo puedo ser olvidado, por ahora, pero eso queda. Y es lección para esa misma juventud envenenada de comunismo, podrida de pies a cabeza, que pretende desconocerme. Ella, estéril como tierra salitrera, está en presencia de la obra de un hombre, que en treinta y seis años de lucha y sacrificio reforzó el alma nacional, devolvió la dignidad y el orgullo a su pueblo vencido, le dio esperanza, le inyectó optimismo y lo hizo andar de nuevo por el camino del heroísmo, para ser el heredero y continuador de una gloriosa tradición. Los que hablan de "imperialismos" no saben que yo rompí esa coyunda, la del imperialismo argentino-brasileño, imperialismo político que hacía del Paraguay una factoría. ¡No conocieron el Paraguay de Egusquiza y Emilio Aceval! Y hablan de no sé qué imperialismo capitalista actual. ¡No hay tal! El otro era el imperialismo real, el de los gobiernos vecinos pesando sobre la satrapía legionarista, que se prolongó, más atenuada con mi campaña, durante el régimen cívico y agonizó y murió con el radicalismo traidor. Contra esa ignominia luché solo. López fue mi bandera, porque López representa nuestra soberanía atropellada y la resolución de ser paraguayos solamente. Podrán olvidarme, pero ahí están mis obras y ahí está mi propaganda que llena, desde 1900, la prensa nacional. Y ahí está el mariscal López vindicado oficialmente, traído de Cerro Corá y colocado como perenne llama de patriotismo en el corazón de la capital de su patria. ¡Pigmeos, infusorios, enanos con alma de serpientes, no pueden comprenderme! Pero yo no necesito del reconocimiento de ellos. Me basta el de los extraños, que me aclaman, y el de una generación anterior, más comprensiva y justa, que me ha hecho ya cumplida justicia en verdaderas apoteosis.
Queda allí mi obra y mi doctrina. Sí, mi doctrina. Porque no he sido polemista solamente. He formulado una doctrina, que es la que da sus frutos y la única que hará la grandeza nacional. Esta es hora de anarquía, de dislocación espiritual, de subversión de valores. Vendrá la normalidad, el reajuste moral, pasará la locura actual, la ofuscación y el predominio de los malos instintos... ¡Y nadie me sacará lo que es mío!
Entretanto, aquí en París, celebro este gran triunfo, esta victoria colosal, este premio merecido de mis sacrificios. Y lo celebro sin amargura, limpio de rencores, en absoluta serenidad. Perdono a los que me desconocen y hago votos porque la vida los haga más buenos y más justos. Nunca he sido el odio. Mi apostolado ha sido de amor, de reconciliación, de fraternidad ¡Y no he de envenenarme con malquerencias ahora que veo realizado todo aquello con que soñé desde los albores de mi juventud!
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Viernes 23. Aniversario de la masacre de estudiantes. Me figuro la manifestación en Asunción. Recién hoy debe haberse recordado ese luctuoso acontecimiento con toda libertad. Fue un crimen horrible, estúpido e innecesario. Tengo entre mis papeles la crónica que dejo a la posteridad. Sé como pocos la verdad. Benítez fue actor principal: doy las pruebas. Pero el crimen se resolvió en la noche del 22 en casa de José P. Guggiari. Dos días después estuvo a punto de repetirse la matanza. La propuso Gerónimo Zubizarreta en una reunión en casa de De Gásperi (Luis). Se opuso Tomás Ayala, que me lo contó. Y le apoyó Benjamín Banks. Resolvieron entonces pedirle a Guggiari que renunciara. Así lo hicieron. Benítez encontró el expediente del pedido de permiso y solicitud de un enjuiciamiento por el Congreso, que fue la tangente por que se escapó...
El día de hoy es igual al de ayer, gris, sin sol, pero poco fresco.
Por la mañana fuimos con el nene a La Samaritaine a hacer compras para celebrar el 25 nuestro 34 aniversario de casamiento. Una botella de champagne Moët y Chandon, una botella (dos litros) de vino quianti, 16 francos, buen arroz, pimientos, petit pois, para un arroz a la valenciana. Después compraremos calamares frescos, mejillones, etcétera, etcétera. A la vuelta encontramos en el hotel a Franco, con quien charlamos largamente. Por la tarde fuimos todos en metro hasta la Puerta de Saint Denis. De allí entramos en la Rue Saint Martin y seguimos hasta Châtelet. Luego por Rivoli, Samaritaine y a casa por Rue Duphin. Cansados, ya no salimos de noche.
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Domingo 25. Hoy es un gran día para mí. Aniversario de mi casamiento que fue el sábado 25 de octubre de 1902 ¡Treinta y cuatro años de casado! Era yo un muchacho que no conocía la vida social, ajeno a todo placer, entregado al estudio y al trabajo. Único sostén de mi madre, era catedrático del Colegio Nacional desde 1899. Un día, en el Teatro Nacional, vi a Dorila en un palco. Y quedé enamorado. ¡Mi primer amor! Ya no pensé sino en casarme, sin pensar en mis precarios medios ¡Y me casé! Esto dio otro rumbo a mi destino. Era ya el apóstol del nacionalismo. Y en noviembre de 1902 inicié mi polémica con Báez, que me dio notoriedad en todo el país. Báez cayó aplastado, para no levantarse más. Pero yo fui, desde entonces, blanco de la ira del legionarismo.
Nota
[1] 4 de abril de 1937.
Nota de edición: Mi odisea en Europa. Juan E. O'Leary, diplomático. Diario personal (1936 - 1938), Asunción: Tiempo de Historia, 400 páginas. La obra lleva un profundo estudio crítico de Liliana M. Brezzo, corolario de dos décadas de investigación sobre la figura de O'Leary. El volumen será presentado en la Feria Internacional del Libro (FIL Asunción 2026) el próximo sábado 6 de junio, a las 19 horas, en el auditorio Elvio Romero. Se referirán a la obra Estefania Laterza, directora de la Academia Diplomática, y el historiador y diplomático Ricardo Scavone Yegros.
* Liliana M. Brezzo es licenciada y doctora en Historia por la Universidad Católica Argentina, con estudios posdoctorales en Historia de la historiografía contemporánea en la Universidad de Navarra, España. Es investigadora principal del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina (Conicet). Es miembro correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia.