"La revolución en tacos altos. Tres mujeres contra la tiranía"
Con entrevistas orales a tres militantes de un grupo insurgente de mediados de los años '70, la autora de origen indio Mridu Shailaj Thanki logra posicionar la historia de la resistencia política de las paraguayas, al interior de un doble relato que las ignora. En primer lugar, porque existen muy escasas investigaciones sobre este proyecto -frustrado en sus orígenes- de derrocar por las armas al régimen del Gral. Alfredo Stroessner.
Exceptuando la obra de Alfredo Boccia Paz, ese intento insurgente despertó poco interés de historiadores locales, a diferencia de guerrillas anteriores -la liberal "14 de Mayo", y la comunista "Mcal. López"- desarrolladas en territorio selvático en 1960 y aniquiladas por el ejército y milicias civiles, que fueron objeto de mayores estudios.
En segundo término, la narrativa histórica asume los eventos de armas como asunto de hombres en los que las mujeres ingresan como víctimas involuntarias, nunca como insurgentes autónomas. Incluso cuando hubo antecedentes cercanos en el Paraguay: en la guerrilla comunista de 1960 habían participado Julia Solalinde, Juana Bautista Peralta y Antonia Perruchino, quienes -como sus camaradas hombres- fueron asesinadas bajo terribles torturas por los represores.
Cabría recordar como fuente casi inédita de esta insurgencia al "Balance autocrítico" de la organización, impreso en mimeógrafo en 1978, de circulación clandestina. Una de sus redactoras, Nidia González, fue una alta dirigente de la OPM que logró escapar de la represión, y vivió en el Brasil hasta su fallecimiento en el año 2020.
La obra de Mridu Shailaj se ubica en una corriente académica que busca ampliar las fuentes de la historia -Elizabeth Jelin es una de las precursoras- rescatando memorias de militancia y represión en el Cono Sur. Se trata de descubrir fuentes alternativas para una historia diferente, no sólo porque es contada por mujeres, sino sobre todo porque ellas reivindican su rebeldía en el contexto de graves violaciones de derechos humanos del régimen de Stroessner.
Son relatos fragmentados de una resistencia de hace casi medio siglo, filtrados por la memoria personal -y en ocasiones, colectiva- de sus militancias. Marcados, con distintos matices, por la experiencia de la clandestinidad y el coraje, del compromiso y del miedo. En los tres casos, estas mujeres recuperan y asumen sus complejas experiencias juveniles, con dignidad. Recuerdan haber hecho lo que su conciencia les mandaba y haber pagado un doloroso precio por ello.
Salvando barreras lingüísticas, la autora consigue establecer con ellas un diálogo amical, de confianza, casi terapéutico. No recoge sólo relatos intimistas, aunque también tengan ese carácter. Nenena, Estela y Martha hablan dignificando su militancia política, aportando sus relatos a la memoria colectiva. Aunque les resulta imposible callar su condición de víctimas de violaciones de derechos humanos, reivindican su lucha como mujeres, su opción política. Reconocen el valor de esa experiencia en su trayectoria personal y en la historia que protagonizaron.
Como el silencio que recubrió históricamente ese proyecto insurgente se prolongó -a menudo- en rechazos familiares y del entorno, al recordarla, esta tardía introspección resulta catártica. Para algunas que nunca hablaron de ese pasado con sus hijos o nietos, ni con sus compañeros de trabajo, hace de proceso de duelo por sus muertos, o por la derrota de un ideal que les dio coraje y esperanza en su juventud.
Duelos múltiples, por la muerte de sus parejas y camaradas, por el alejamiento de sus familias, por la disolución del colectivo en el que militaron. Como señala una de ellas, esa lucha les costó "la separación de sus seres queridos y amigos, ... el encarcelamiento y ... la pérdida del derecho a vivir libremente en su propia tierra". Expresar los cambios radicales que esa opción generó en sus vidas, verbalizar el dolor de las pérdidas, tiene efectos terapéuticos.
Interrogadas por la autora, estas mujeres reflexionan paralelamente sobre su condición femenina. Porque, como bien señala Mridu Shailaj, militar en una organización revolucionaria en el Paraguay, bajo el stronismo, implicaba una doble transgresión: la de los roles tradicionales de género, y la del orden y las leyes dictatoriales vigentes.
Aquí se plantean varios dilemas. En primer lugar, al estar unidas sentimentalmente a un militante de la OPM, no se cuestionan la autonomía de su opción revolucionaria: compartían naturalmente los ideales de sus parejas. En segundo lugar -y es una contradicción evidente para ellas- el origen de su conciencia política fue la formación religiosa, la Teología de Liberación. No les resultó fácil compatibilizar sus posturas pacifistas, de compromiso con los pobres, con la violencia implícita en una opción revolucionaria armada.
Otra difícil cuestión, ligada a la condición femenina, fue la reproductiva. El hijo de Nenena K. -cuyo marido ya había sido asesinado en tortura- nació en prisión. Estela B. enfrentó dilemas existenciales durante su embarazo: ¿era posible tener y cuidar una familia, militando en la revolución? Recordemos que casos paradigmáticos en la represión del mismo movimiento, la OPM, fueron los del líder campesino Silvano Flores, asesinado por la policía frente a toda su familia en la Pascua Dolorosa de 1976.
O el de Nidia González, quien perdió a su compañero en un enfrentamiento policial, tuvo su parto en la clandestinidad y fue al exilio dejando sus hijas en Paraguay. También hubo muchas familias que, incluso opuestas a la militancia de sus hijos -hombres y mujeres-, los ocultaron de la policía, trataron de mejorar sus condiciones carcelarias o facilitaron su salida al exterior, pese al castigo social que recibirían por ello.
Debido a su carácter traumático, las memorias se despliegan respecto a la represión de abril de 1976 y/o al exilio forzado posterior. Son los recuerdos más vívidos, que revienen a la mente en toda su secuencia, en los mínimos detalles. El dolor deja de ser individual, cobra forma de duelo colectivo. Allí fueron asesinados, o torturados brutalmente sus compañeros de vida. Como lo expresa Martha A. medio siglo más tarde, "Vivir con miedo es algo que marca a las personas de por vida".
La experiencia de las distintas etapas del exilio es recordada lúcidamente por dos de las entrevistadas, Martha y Estela. La primera fase es asumir -con doloroso extrañamiento- que no volverían al Paraguay en mucho tiempo. El anterior miedo a la represión se prolonga en la inseguridad de haberlo perdido todo, de tener que "empezar de cero".
Sin amistades, sin trabajo ni ingresos, en una sociedad cuyas normas de convivencia desconocen, cuya cultura y lengua ignoran. Ellas recuerdan vívidamente la pesadumbre, esa inmensa tristeza propia de los inicios del exilio. Pero más temprano que tarde -finalmente, eran luchadoras- descubren estar a salvo en un entorno libre, bajo un orden democrático.
Al encontrar un refugio seguro, recomponen sus vidas, aprenden otro idioma, obtienen un trabajo, hacen nuevas amistades, recobran lentamente cierta paz interior. Todas reconocen que esa experiencia juvenil las marcó de por vida. Retornadas al país muchos años más tarde, continúan comprometidas con su historia.
Nenena K. tiene una trayectoria paradigmática. Una vez derrocado A. Stroessner en 1989, entabló demandas judiciales, y logró el castigo a funcionarios policiales que habían asesinado a su marido. De una notable perseverancia, ella sigue protagonizando los combates democráticos del post-stronismo.
Sus historias personales concedieron largamente a estas mujeres lo que la cantautora Mercedes Sosa pedía a los dioses: "Que el dolor no me sea indiferente, Que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola, sin haber hecho lo suficiente... Que lo injusto no me sea indiferente".
Nota de edición: Mridu Shailaj Thanki, nacida en la India y radicada en el Reino Unido, cuenta con una vasta experiencia en el sector público, donde se ha especializado en desarrollo social, investigación, educación y capacitación. Posee una amplia trayectoria en el sector de las organizaciones no gubernamentales (ONG), habiendo fundado instituciones, dirigido escuelas y gestionado centros comunitarios. Agradecemos a editorial Arandura poder compartir este prólogo.
* Milda Rivarola es historiadora, socióloga, politóloga.