Artes visuales

"El círculo en sí" en la obra de Marcos Benítez

Sobre la obra del artista, actualmente expuesta en la galería Casa Mayor, Asunción.
Instalación de Marcos Benítez, Bienal del Mercosur, Porto Alegre, 1997. Cortesía

La consciencia de los ciclos, su naturaleza rítmica y sus variaciones pudieron haber sido una constatación remota, cuya elaboración simbólica debió pasar por la imaginación colectiva y la creación de algunos individuos. En términos visuales, esta reflexión debió decantar en algunos elementos fundamentales, a su vez reelaborados por sensibilidades de un tiempo, o deseos específicos de unas fechas: uno de estos elementos es el círculo, cuya geometría —pensada profundamente ya en la antigüedad desde la teoría— también debe su origen a soluciones de orden práctico en el cotidiano de las personas.

Considerado desde el signo de su uso ritual en algunas culturas orientales, ciertos círculos han pasado por una comprensión y reelaboración occidentales: con lo cual, una equidistancia frente al fuego en el cerco ceremonial podría adquirir connotaciones de igualdad y perfección asociadas al colectivo; mientras que formas concéntricas hacia un núcleo, podrían instituirse en metáforas de la introspección y el ensimismamiento, en cuyo caso el núcleo de la circunferencia será el yo.

Desde su obra temprana, Marcos Benítez ha indagado artísticamente en el motivo circular, en formas sucintas y rítmicas que articulan —en el centro de lo formal— horizontes vislumbrados por distintas disciplinas, prácticas y memorias visuales. 

Casa mayor, vista de sala. Cortesía

Benítez imprime sobre superficies —el papel es su soporte privilegiado— discos agrupados o aros superpuestos. Estas obras muestran en clave horizontal anillos que se encontraban protegidos por la corteza vertical de los árboles. La aspereza propia de la técnica xilográfica revela escasa o nula intervención de la gubia en estas piezas, con lo que se destacan los contornos de las matrices y las vetas de la madera en tinta tipográfica negra. En ocasiones, láminas doradas y plateadas establecen contrastes e iluminan la composición predominantemente monocromática: son alusiones al joss paper, cuya quema y evaporación dramatiza la comunicación de fortuna a los antepasados fallecidos en conmemoraciones como el Año Nuevo chino: papeles de inframundo que expanden las responsabilidades de cuidado más allá de la muerte, e invocan, en la obra de Benítez, una dualidad en la que la vida se define en función de su negativo.

Vista de sala. Cortesía

Como un eco de preocupaciones físicas por el movimiento y las vibraciones provocadas por el sonido, Benítez realiza gofrados que se expresan en ondas y radiancias —como los anillos concéntricos que una fuerza crea sobre la superficie del agua—; mientras, por momentos, espirales evocan la impresión de huellas fósiles dejadas en las rocas, o la tierra compactada.

Vista de sala. Cortesía

Quizás como una forma de extrapolación de esta huella, Marcos Benítez organiza aureolas sobre la tierra de distintas geografías: Mientras en el desierto de Quillagua (región de Antofagasta, Chile), en 2015 realizó una intervención con hojas de algarrobo, en las playas de Florianópolis imprime, efímera, la huella de su propio cuerpo, de cuyo paso sobrevivirá apenas el registro, mientras el vestigio sobre la tierra debe ser repetido para reaparecer.

Obra de Marcos Benítez desarrollada en el desierto de Quillagua, Chile. Cortesía

En su instalación Metamorfosis (2000), cubiertas de ruedas de automóviles encontradas y colectadas, son dispuestas en el suelo en ronda, marcando un ritmo interrumpido por sus mutaciones recicladas: objetos utilitarios reelaborados a partir de estos materiales de desecho, y que participan de un ciclo de transformación, de reciclaje y reutilización.

Marcos Benítez, Metamorfosis (2000). Cortesía

El volumen también aparece en algunos objetos más abstractos de Benítez, en los que se privilegia la textura de formas despojadas y austeras, y reaparece en los anillos colgantes de su instalación móvil Aire (1996). El aire será también recuperado en obras sonoras en las que el artista trabaja con su respiración: primeramente, a partir de la feria interdisciplinaria LAFA; luego, bajo el título de Circuito Interrumpido (2002), en una intervención sonora en el CAV/Museo del Barro; y, finalmente, bajo el título de Proyecto Prana (2006), en el que la intervención se expandió a otras instituciones culturales de Asunción. Se trataría de un aire con el que Marcos Benítez anima la institución cultural, insuflándola con su propia vitalidad. Este gesto permite leer el complejo artista/institución como un Uroborus, en el que las potencias imaginadas por el artista hacen su eterno retorno al espacio expositivo en el que las imágenes aseguran su sentido, y habilitan una historia interminable de reflexión e intercambios.

 

Nota de edición: El presente texto acompaña la muestra de Marcos Benítez, habilitada de la galería Casa Mayor (Malutin 263), en el marco de Noche de Galerías.

 

* Damián Cabrera es escritor, investigador, docente, gestor cultural y curador. Su trabajo se desarrolla en las áreas de lengua, literatura, fronteras, arte, política y cultura. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Capítulo Paraguay, y de los colectivos Ediciones de la Ura y Red de Conceptualismos del Sur.