Lejos de retroceder, reafirmó sus críticas y sostuvo que dentro de un proyecto político común también corresponde advertir cuando se cometen errores, sobre todo en un escenario marcado por problemas económicos, deudas del Estado y crecientes tensiones en el oficialismo.
El exmandatario defendió su postura alegando que en política no se puede sostener una convivencia basada en silencios, simulaciones o complacencias. Según señaló, cuando en los espacios de poder nadie se anima a decir lo que piensa, se termina construyendo una dinámica dominada por la hipocresía, donde cada actor protege sus propios intereses antes que el bienestar general. En ese marco, insistió en que sus pronunciamientos no buscan romper el bloque político, sino exponer preocupaciones que, según afirmó, también circulan dentro del entorno más cercano al presidente.
Duarte Frutos remarcó que no forma parte del núcleo que toma decisiones en el oficialismo y rechazó las versiones que intentan instalarlo como un infiltrado o como un actor que busca desestabilizar. Aseguró que no está ni en la mesa pequeña ni en la mesa grande del poder, y que no tiene interés en subordinarse a jefaturas circunstanciales. Explicó que su participación se limita al Partido Colorado, donde acompaña la conducción de Horacio Cartes por considerar que se consolidó como la principal referencia del coloradismo.
Pese a sus críticas al gobierno, dejó en claro que mantiene una relación muy cercana con Cartes. Incluso sostuvo que su vínculo con el presidente de la ANR atraviesa un buen momento y que ambos coinciden en la necesidad de mirar con mayor sensibilidad los problemas sociales, institucionales y económicos que arrastra el país. En esa línea, señaló que el coloradismo debe corregir actitudes y mejorar su desempeño si pretende sostenerse en el poder con legitimidad y respuesta ante la ciudadanía.
El exjefe de Estado también relativizó las reacciones que provocaron sus declaraciones en figuras relevantes del oficialismo. Consideró que los cuestionamientos lanzados en su contra por referentes como Pedro Alliana o Enrique Riera responden más a incomodidades internas que a una verdadera discusión de fondo. A su criterio, decir lo que muchos piensan pero no se atreven a expresar genera molestia, especialmente cuando se pone en cuestión a quienes manejan la primera línea del Gobierno.
En ese contexto, sostuvo que las diferencias y controversias son parte natural de la vida democrática y que un espacio político no puede enriquecerse si pretende uniformar el pensamiento. Recalcó que no actúa como opositor, pero tampoco está dispuesto a callar frente a discursos triunfalistas de sectores que, según él, intentan exhibir una imagen de solvencia y eficiencia que no se condice con la realidad que atraviesan amplios sectores de la sociedad.
Uno de los puntos más sensibles de sus declaraciones volvió a estar ligado a la situación económica. Duarte Frutos reveló que Horacio Cartes también observa con preocupación el pasivo acumulado por el Estado con constructoras, empresas viales y farmacéuticas, en un volumen que rondaría los 1.300 millones de dólares. Según planteó, resulta contradictorio hablar de crecimiento y fortaleza macroeconómica mientras se arrastran obligaciones millonarias, se frenan pagos y se resiente la actividad en sectores clave.
El expresidente fue particularmente crítico con el relato oficial sobre la coyuntura. Cuestionó las referencias optimistas que presentan al país como una excepción regional y también tomó distancia de la expresión "economía de guerra", al considerar que se trata de una fórmula desafortunada para describir el momento actual. A su entender, lo que corresponde es reconocer que se atraviesa una etapa de austeridad, restricciones y efectos concretos sobre el empleo, la inversión y el consumo.
En ese sentido, advirtió que cuando el Estado paraliza obras o reduce su capacidad de inversión, el impacto no tarda en sentirse en la economía cotidiana. Menos circulante, caída de ventas, deterioro del empleo y mayor incertidumbre forman parte, según su análisis, de una cadena que termina golpeando a la población. Por eso planteó que el equilibrio fiscal no puede convertirse en un dogma si su costo termina siendo la recesión y el empeoramiento de las condiciones de vida.
Más allá del frente económico, Duarte Frutos también se metió de lleno en el tablero de sucesión dentro del oficialismo. Ratificó que Pedro Alliana es, a su criterio, la figura mejor posicionada para encarnar una candidatura presidencial en 2028 dentro de Honor Colorado. Afirmó que hoy no visualiza otro dirigente con mayor volumen político dentro del movimiento y deslizó además nombres que podrían entrar en la conversación para la vicepresidencia, entre ellos Marco Riquelme y Juan Carlos Baruja.


