El abrazo republicano acelera la unidad colorada tras la derrota de la disidencia
Apenas cerradas las urnas del domingo, el Partido Colorado activó su reflejo más tradicional: convertir la competencia interna en campaña unificada. La contundente victoria de Camilo Pérez sobre Arnaldo Samaniego en Asunción no solo definió al candidato de la ANR para las municipales de octubre, sino que también abrió una etapa política marcada por el intento de recomponer el vínculo entre el oficialismo cartista y los sectores de la disidencia.
El llamado "abrazo republicano" no quedó para más adelante. Fue construido en tiempo récord. Primero llegaron las llamadas de reconocimiento, luego las reuniones con Colorado Añetete y Fuerza Republicana, y finalmente las declaraciones públicas en las que los principales referentes derrotados admitieron que acompañarán a la Lista 1.
El mensaje del cartismo fue claro: la interna ya terminó y ahora el adversario está fuera del partido. El mensaje de la disidencia también tuvo matices: acompañamiento sí, pero con pedido de trato igualitario para sus candidatos y con el reclamo de que la unidad no sea solo una foto.
Samaniego reconoció la derrota y puso sus votos sobre la mesa
Arnaldo Samaniego fue el primero en marcar el tono posterior a la elección. Tras quedar por debajo de Camilo Pérez, reconoció los resultados, felicitó al ganador y sostuvo que, como colorado y como demócrata, aceptaba la voluntad expresada en las urnas.
Pero su respaldo no fue presentado como un gesto personal aislado. Samaniego remarcó que detrás de su candidatura quedaron más de 43.000 votos colorados que eligieron una opción diferente al oficialismo. Por eso, planteó que el abrazo no debía reducirse a una imagen entre dirigentes, sino que debía incluir a ese electorado interno que acompañó a la disidencia.
Su frase política fue elocuente: él, como persona, representa un voto, pero su candidatura expresó a miles de colorados que pensaron distinto durante la interna. Con ese argumento, dejó abierta la puerta al acompañamiento a Camilo Pérez, pero también recordó que la unidad necesita contener a los sectores que compitieron contra Honor Colorado.
Añetete dio el primer paso con aval de Abdo y Wiens
El lunes, Camilo Pérez y su jefe de campaña, Raúl Latorre, llegaron al puesto comando de Colorado Añetete. Allí fueron recibidos por el diputado Daniel Centurión, quien había integrado el armado disidente y luego acompañó la candidatura de Samaniego.
Centurión aseguró que la reunión contaba con el aval del expresidente Mario Abdo Benítez y de Arnoldo Wiens. El dato no fue menor, porque el propio Abdo había mostrado distancia del abrazo republicano durante la jornada electoral y había dicho que no veía necesario aparecer en una foto de unidad con quienes cuestionó durante la campaña.
Aun así, el sector abdista en Capital terminó habilitando el acercamiento. Centurión sostuvo que el desafío ya no era la interna, sino recuperar la confianza de la ciudadanía asuncena. También pidió que, si Camilo Pérez llega a la Municipalidad, transparente la gestión administrativa y financiera, en una ciudad golpeada por años de cuestionamientos a la administración comunal.
El gesto de Añetete dejó una señal política fuerte: aun con resistencias del liderazgo nacional, la estructura capitalina decidió no quedar fuera del armado colorado para octubre.
Fuerza Republicana oficializó el respaldo, pero pidió reciprocidad
El martes, el turno fue de Fuerza Republicana. Camilo Pérez fue recibido por Hugo Velázquez y dirigentes del movimiento, en una reunión que terminó de consolidar el apoyo de la disidencia al candidato colorado en Asunción.
Velázquez fue directo: Fuerza Republicana acepta los resultados y acompañará a los candidatos electos por la Lista 1 en todo el país. Afirmó que la obligación de los colorados es respaldar a quienes fueron elegidos por el pueblo colorado y trabajar para que la ANR vuelva a obtener la mayor cantidad posible de intendencias.
Pero también dejó una condición política: pidió igualdad de trato para los candidatos de Fuerza Republicana que ganaron en otros distritos. Es decir, si la disidencia acompaña a los candidatos de Honor Colorado donde el cartismo triunfó, espera que el oficialismo haga lo mismo donde ganaron dirigentes no cartistas.
Ese fue el punto más importante del mensaje de Velázquez. El abrazo republicano, según su planteamiento, no puede ser unilateral. No pasa solo por la foto entre Camilo Pérez y los derrotados en Asunción, sino por un acuerdo nacional de respeto a todos los candidatos surgidos de las internas.
Camilo Pérez intenta mostrarse como candidato de toda la Lista 1
Camilo Pérez, por su parte, buscó instalar una imagen de amplitud. Agradeció el recibimiento de los sectores que compitieron contra él y aseguró que trabajarán todos juntos por la Lista 1 en las municipales.
El candidato colorado sostuvo que los candidatos a concejales de la disidencia tendrán el mismo trato que los postulantes de Honor Colorado. Ese compromiso apunta a evitar una fractura silenciosa en la campaña, especialmente en la Junta Municipal, donde los equipos internos deberán convivir bajo una misma lista después de haber competido con fuerza durante la interna.
Pérez también afirmó que mantiene una comunicación fluida con Mario Abdo y que la reunión con Añetete se realizó con autorización del líder del movimiento. Con esto, intentó mostrar que la unidad no se limita a operadores intermedios, sino que cuenta con respaldo político de los principales referentes.
Latorre capitaliza la victoria y acelera los acuerdos
Raúl Latorre aparece como uno de los principales ganadores políticos de la interna. Como jefe de campaña de Camilo Pérez, celebró no solo el resultado electoral, sino la rapidez con que se inició el proceso de unidad.
Desde el domingo, según relató, comenzaron las conversaciones con Arnaldo Samaniego, Daniel Centurión, Mauricio Espínola y Arnoldo Wiens. Luego vinieron las visitas formales a los puestos de comando de Añetete y Fuerza Republicana.
Latorre presentó ese proceso como una muestra de madurez partidaria. Para el cartismo, la interna es apenas el mecanismo para elegir candidaturas, y una vez definido el resultado, todos deben volver a la estructura de la Lista 1. Esa lectura busca cerrar cualquier posibilidad de sangría colorada antes de octubre.
Sin embargo, también muestra otra realidad: el oficialismo sabe que necesita los votos de la disidencia para enfrentar a una oposición que ya tiene candidatura unificada en Asunción.
La unidad colorada mira a octubre, pero también a 2028
Aunque el discurso público se concentra en las municipales del 4 de octubre, el trasfondo político va más allá de Asunción. La victoria de Camilo Pérez fortaleció a Honor Colorado, consolidó a Latorre como articulador en Capital y volvió a dejar a la disidencia en una posición defensiva.
Fuerza Republicana, Añetete y Causa Republicana quedaron obligados a acompañar la Lista 1 para no aparecer como responsables de una eventual derrota colorada en Asunción. Pero al mismo tiempo intentan conservar su caudal interno, sus candidaturas a concejal y sus espacios de negociación de cara al futuro.
Por eso, el abrazo republicano tiene una doble función. Hacia afuera, muestra unidad para competir contra la oposición. Hacia adentro, ordena la correlación de fuerzas después de una interna en la que el cartismo volvió a exhibir capacidad de movilización y control territorial.
Un abrazo rápido, pero todavía bajo observación
La unidad colorada avanzó rápido, pero no necesariamente sin tensiones. Mario Abdo marcó distancia del abrazo, Daniel Centurión pidió transparencia en una eventual gestión de Pérez, Samaniego recordó que sus 43.000 votos no pueden ser ignorados y Hugo Velázquez exigió trato igualitario para los candidatos disidentes.
El cartismo consiguió la foto que necesitaba. La disidencia consiguió dejar constancia de que su acompañamiento no será gratis ni decorativo. Ahora el desafío será trasladar esa unidad de cúpulas a las bases, donde la competencia interna dejó heridas, compromisos cruzados y liderazgos locales que todavía deben reacomodarse.
En Asunción, la ANR ya tiene candidato y ya empezó a ordenar su maquinaria. Camilo Pérez sale de la interna con el respaldo de Honor Colorado y con el compromiso público de sus adversarios internos. Pero octubre será otra elección. Allí ya no alcanzará con el abrazo partidario: deberá convencer a una ciudad cansada de promesas, de gestiones cuestionadas y de disputas políticas que muchas veces dejaron en segundo plano los problemas concretos de la capital.



