La disidencia colorada terminó de ordenar su estrategia en Asunción con una decisión de alto impacto político: competir con un solo candidato en las internas partidarias. El elegido fue Arnaldo Samaniego, quien concentrará el respaldo del bloque no cartista para enfrentar al postulante del oficialismo, Camilo Pérez.
La movida no solo responde a una lógica interna, sino también al calendario electoral que apremia. La dirigencia entendió que no había margen para dilatar definiciones si se pretende llegar competitivo a las internas previstas para junio, donde se definirá quién representará al Partido Colorado en la carrera por la intendencia de la capital.
El trasfondo de la decisión es claro: evitar la fragmentación. Con más de un candidato, la disidencia corría el riesgo de debilitarse frente a una estructura oficialista consolidada. La candidatura única aparece así como una herramienta para concentrar fuerzas y disputar en mejores condiciones.
Unidad para competir en un calendario exigente
El proceso electoral en Asunción entra ahora en una etapa decisiva. Las internas partidarias, previstas para mediados de 2026, serán el primer filtro donde se medirán las fuerzas reales dentro del Partido Colorado.
En esa instancia, la candidatura de Samaniego deberá enfrentarse directamente a la estructura que respalda a Camilo Pérez, en una contienda que se anticipa intensa y determinante. El resultado de esa interna no solo definirá al candidato oficial del partido, sino también el equilibrio de poder dentro del coloradismo capitalino.
Pero la disputa no termina ahí. Tras las internas, el calendario continúa con las elecciones municipales de octubre de 2026, donde el ganador de la interna deberá enfrentarse a candidatos de otros partidos y movimientos.
Es en ese tramo donde se jugará el control de la intendencia de Asunción, un espacio clave tanto en términos políticos como administrativos.
La lógica detrás de la candidatura única
La decisión de unificar la candidatura responde a una evaluación estratégica compartida. La disidencia entendió que el verdadero adversario no está dentro de su propio espacio, sino en el oficialismo.
En ese sentido, la elección de Samaniego surge como un punto de equilibrio entre distintos sectores, que priorizaron la competitividad por encima de las disputas internas. Su perfil, nivel de conocimiento y trayectoria fueron factores que pesaron en la definición.
El objetivo es claro: llegar a la interna con una estructura ordenada y una candidatura consolidada que pueda disputar voto a voto frente al cartismo.
El rol de Centurión en el cierre de filas
Dentro de este proceso, una de las pocas declaraciones públicas posteriores al acuerdo fue la de Daniel Centurión, quien acompañó la decisión con un mensaje que buscó transmitir cohesión.
"Ratifico mi compromiso con este proceso", expresó, en entrevista con El Nacional.
Su relevancia radica en el contexto: formaba parte del espacio que aspiraba a competir y, sin embargo, optó por respaldar el acuerdo.
El mensaje funciona como una señal de alineamiento y evita especulaciones sobre posibles divisiones, en un momento donde la unidad es el principal activo de la disidencia.
Una interna que redefine el escenario rumbo a octubre
Con la candidatura única ya en marcha, la disidencia deja atrás la etapa de negociación y entra de lleno en la competencia electoral. El desafío inmediato será sostener la cohesión y traducirla en votos en las internas de junio.
El resultado de esa instancia marcará el rumbo hacia las municipales de octubre, donde se definirá finalmente el control de la capital.
En ese camino, la apuesta es clara: convertir la unidad en competitividad real. Porque si algo dejó en evidencia este proceso es que, frente a una maquinaria oficialista consolidada, la única alternativa posible para la disidencia era dejar de lado sus diferencias y presentarse como un bloque unificado en busca de recuperar terreno en Asunción.

