Estamos en primavera, tiempo de innovación, tiempo de las flores, tiempo de alegría, y tiempo simbólico del vigor de la juventud. Paraguay tiene una brillante juventud, que se capacita, que tiene sueños, que busca su propio desarrollo, y que necesita de oportunidades. Esta juventud del siglo XXI, la fracción llamada Generación Z, expone un anticipo para su marcha de protesta de la semana, aclarando en su manifiesto, la razón de su protesta, el carácter pacífico de la misma, y su independencia de cualquier injerencia de la oposición política, ONGs, o del oficialismo. Inspirados los jovenes en las protestas de Nepal, queda por verse si logran conmover a las autoridades y las grandes empresas que actúan en complicidad, sobre la urgencia de cambiar de rumbo en sus políticas sociales y económicas, hacia un modelo de país verdaderamente democrático, a fin de superar las desigualdades que se acentúan cada vez más, conforme al último informe del INE sobre el índice de pobreza por distritos.
Este tiempo me trae a la memoria la famosa frase metafórica la "primavera de Praga", cuando en el año 1968 se inició en Checoeslovaquia, un periodo de liberación con masivas protestas políticas, abriendo un breve tiempo de reformas transformadoras, y un nuevo rumbo de libertades y acciones de descentralización de la economía, orientadas hacia un sistema de verdadera democracia. Pronto este movimiento sufrió una fuerte represión, debilitando el fuego, que permaneció sin apagarse, y cuyas reivindicaciones se concretarían sólo tres décadas más tarde, una generación después.
Aquí, se contiene el fuego del descontento social con falsas euforias pasajeras, distractivas, tal como vimos en el último partido pre-mundial de football, cuando la multitud invadió las calles durante horas, bajo una llovizna persistente, sólo para mirar los buses que llevaban a los jugadores quienes tenían la presión de ganar o ganar la clasificación. ¿Tiene sentido acaso, apiñarse en las calles para ver los buses pasar? Una rara euforia de sicosis colectiva que no he visto por muchos años, pero que fue muy bien motivada por los medios de comunicación. Todos queremos que nuestro equipo juegue en el mundial, y el football es nuestro deporte favorito, pero el entusiasmo fue casi demencial, como la evasión de la carencia, transformada en alegría pasajera. Reconozcamos.
Asimismo, los desfiles de primavera mostraron el abundante despliegue de globos y flores, que alegraron por un instante el espíritu, pero lamentablemente, al regreso al hogar se constata que las flores no se comen, y las pelotas y los globos, tampoco. Es ahí la cuestión. Estos entretenimientos masivos actúan como el "soma" (droga de la felicidad) que leemos en Aldous Huxley en su famosa obra del año 1932, "Un mundo feliz". El deseo de la felicidad es propio de todos los seres humanos, por eso, con una oferta gratuita de distracción masiva, se obtiene éxito, y así se logra por un momento escapar del mundo real, con cinco centavos de ilusión. ¿Cuál es el éxito? La proyección de la imagen contagiosa de una población feliz. Una inducción engañosa, que algunos lo comparan con el histórico "circo romano"
Me pregunto, ¿qué ha de pasar por la mente de los gobernantes o el gobernante, cuando han de saber perfectamente, que nuestra gente está llena de angustias con carencias de una adecuada alimentación, sin viviendas, y en consecuencia, con situaciones precarias de salud? No pueden ignorar esta realidad, ya que las últimas cifras del índice de pobreza, desagregada por distrito, muestra que la pobreza oscila según distrito, entre 53, 45 y 20 %e, y esta verdad es categórica, como diría una parlamentaria muy "ilustrada", "no se puede tapar la mano con el sol". Es difícil disfrazar y compensar intencionalmente las necesidades diarias y las frustraciones de la gente, con jolgorios baratos, y con feriados improvisados con el bolsillo vacío. Y esta semana de primavera, un grupo de la juventud dice basta.
Leemos todos los días los comentarios que se expresan con cifras, sobre la política económica, llamando la atención sobre las tendencias injustas, como la desigualdad salarial, la desigualdad en el trato de género, la desigualdad en la distribución de los bienes públicos, y el apetito tremendo de afán del dinero, una codicia ilimitada que conduce directamente a la corrupción, y que hoy solo produce la pobreza monetaria, drogadictos y crímenes. La juventud tiene la palabra.
La primavera es siempre un presagio de belleza, frescura y alegría. Cierro estas páginas deseando feliz primavera al Paraguay, que el dinero fluya, se extienda de las pocas manos y alcance para todos. Una primavera con flores de innovación, que pueda generar la transformación social, duradera para todos y todas. No perdamos la fe. Siempre habrá un mundo mejor posible.