OpiniónAnálisis

La Constitución de 1992 también fue tejida por las mujeres

Gabriela Schvartzman Muñoz
por Gabriela Schvartzman Muñoz 20 Junio de 2026
20 Junio de 2026
Constitución Nacional de la República del Paraguay.
Constitución Nacional de la República del Paraguay. Referencial.

A partir de este año, en Paraguay, se incorpora el feriado del 20 de junio en conmemoración de la jura de la Constitución Nacional de 1992, con lo cual se abren posibilidades para construir memorias alrededor de uno de los momentos políticos más importantes de nuestra historia contemporánea. Este breve artículo se propone agitar dos preguntas importantes: ¿Qué tuvo que ver el movimiento de mujeres con el proceso constituyente?, y ¿cuáles son los desafíos actuales de los feminismos frente al avance de proyectos conservadores que amenazan los derechos conquistados? 

La constituyente ha sido escasamente abordada desde el papel que desempeñaron las mujeres y las formas de acción política que desplegaron. En este sentido, rescatar su contribución y reconstruir sus prácticas colectivas resulta clave para pensar nuevos caminos hacia la igualdad sustantiva, en un contexto nacional donde persisten profundas desigualdades de género y escenarios de fragilidad democrática. Recuperar las memorias organizativas de las mujeres como un hilo conductor que atraviesa la historia política paraguaya hasta la actualidad resulta una tarea urgente. 

Últimos años de la dictadura y proceso de apertura democrática 

El régimen autoritario encabezado por Alfredo Stroessner (1954 - 1989) se erigió sobre la base de una exitosa alianza entre las Fuerzas Armadas, la Asociación Nacional Republicana (ANR) y el aparato estatal, que ejerció un fuerte control y represión política. A lo largo de este periodo pueden identificarse diferentes momentos o etapas a las cuales Nickson (2010) denomina: consolidación (1954-1967), expansión (1968-1981) y descomposición (1982-1989). 

La fase de descomposición representó la erosión progresiva del modelo stronista agrietando su aparente unidad. La finalización de las obras de Itaipú, el agotamiento del ciclo económico, la caída de los precios agrícolas y la presión internacional por la democratización aceleraron el deterioro del régimen. El equilibrio entre los pilares que sostenían la dictadura se fracturó, dando paso a divisiones internas entre "militantes" y "tradicionalistas" colorados. En ese contexto de crisis política y económica comenzaron a manifestarse nuevas expresiones de resistencia civil y organización social (Nickson, 2010). 

La rearticulación del movimiento de mujeres se inscribió precisamente en esta fase de descomposición. A medida que el control estatal se debilitaba, se abrieron espacios para la emergencia de organizaciones religiosas, comunitarias y gremiales, junto con los primeros colectivos feministas y de mujeres con carácter autónomo. Desde una perspectiva histórica, podría decirse que la crisis del stronismo permitió la germinación del movimiento de mujeres y feministas contemporáneo. (Schvartzman et al., 2024) 

Primeras Experiencias Organizativas y Espacios Mixtos (antes de la década de 1980) 

A partir del testimonio de mujeres que fueron protagonistas en el periodo de estudio, se puede afirmar que la presencia de las mujeres en el campo organizativo paraguayo, entre los años 50 y los 80, se dio principalmente a través de estructuras mixtas como partidos políticos, sindicatos y asociaciones profesionales. En general, la dinámica de género se caracterizó por una fuerte subordinación de las mujeres dentro de estructuras dominadas por liderazgos masculinos, donde su participación era en general marginal o limitada a roles auxiliares. Sin embargo, en ese marco comenzaron a gestarse instancias femeninas internas, que abrieron camino a nuevas formas de organización y conciencia política. Una de las únicas organizaciones exclusivamente de mujeres en este periodo es La Liga pro Derechos de la Mujer. 

Los temas de este período se centraron en la defensa de intereses sectoriales o partidarios. Aún no tenían un discurso abiertamente feminista pero estas experiencias constituyeron el espacio embrionario que fortaleció las capacidades políticas de las mujeres y sentaron las bases para una mayor autonomía.

Emergencia del movimiento de mujeres y feminista (1980-1988)

A comienzos de la década de 1980 se abre en Paraguay un nuevo ciclo de organización femenina, signado por la búsqueda de autonomía y la creación de espacios propios de mujeres, que comenzaron a actuar con mayor independencia y a construir un repertorio discursivo y político centrado en la igualdad de derechos.

Además de las estructuras mixtas, se hubo un incremento de las organizaciones exclusivamente femeninas, entre las cuales pueden distinguirse: las agrupaciones de mujeres que se aglutinan en torno a reivindicaciones pragmáticas o sectoriales, desde la experiencia femenina, pero sin abordar una crítica más estructural hacia el sistema de opresión; las organizaciones feministas, con conciencia crítica del patriarcado y de las jerarquías de género; y otras de tipo híbrido, que agrupaban a mujeres con distintos niveles de conciencia sobre las desigualdades estructurales de género.

La novedad en esta etapa, en relación a la forma jurídica y de financiación, es la aparición de las primeras ONGs y grupos de estudios de mujeres, tales como el Centro de Documentación y Estudios (CDE), el Centro Paraguayo de Estudios de la Mujer (CEPEM), el Grupo de Estudios de la Mujer Paraguaya (GEMPA) y el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM), que diversificaron sus recursos incorporando fondos de cooperación internacional. También aparecen las primeras redes de organizaciones de mujeres que fueron estructuras importantes para la articulación del movimiento, entre ellas la Unión de Mujeres del Paraguay (UMPA), la Coordinación de Mujeres del Paraguay (CMP), Mujeres por la Democracia, Grupo Taller Mujer y la Multisectorial de Mujeres. En el movimiento obrero, hubo una consolidación de los comités de mujeres en sindicatos tales como Achón Industrial y Obreros y Empleados del Comercio. Otras experiencias más autónomas y autogestionadas como la "Casa de la Mujeres" no prosperaron por causa de una mayor represión política por parte del régimen. En cuanto a la territorialidad estas organizaciones se concentraron principalmente en Asunción y algunas ciudades del interior. 

Las temáticas se ampliaron significativamente, con foco en las ideas de igualdad de género. A las demandas ligadas a las condiciones materiales de vida se incorporaron nuevas discusiones sobre igualdad de derechos, participación política, violencia contra las mujeres, sexualidad y familia. En estos espacios se debatían por primera vez, de manera colectiva, las desigualdades estructurales de género y las formas de exclusión que atravesaban la vida de las mujeres paraguayas. La reflexión teórica se entrelazó con las experiencias personales, generando un proceso de politización de lo cotidiano que transformó la percepción de sí mismas y de su lugar en la sociedad. 

Se destacaron espacios de investigación y formación política, los grupos de autoconciencia, las campañas de sensibilización e incidencia y la producción de materiales educativos. Se fortaleció el pensamiento crítico y se cultivaron nuevas formas de gobernanza basadas en la horizontalidad y la búsqueda de consensos como método de decisión. 

Expansión y articulación hacia la Constituyente (1989-1992)

En un escenario de apertura democrática y nuevo pacto social, el campo organizativo de las mujeres atravesó un proceso de expansión, diversificación y articulación nacional. En esta etapa, las demandas por derechos y participación encontraron un terreno fértil para su expresión pública. Las organizaciones femeninas y feministas surgidas en los años anteriores se multiplicaron, formalizaron o articularon en redes más amplias, transformándose en actores visibles dentro del debate político y social.

En este período se consolidó la presencia de organizaciones exclusivas de mujeres y feministas, con identidades diversas que integraban a sindicalistas, estudiantes, profesionales y militantes partidarias. En el escenario de las primeras elecciones libres post dictadura (municipales en mayo y Convencional Constituyente en diciembre de 1991), aparecen coaliciones políticas y propuestas electorales que integraron candidatas y a la agenda de igualdad como parte de plataformas más amplias. 

Se puede observar una coexistencia de modelos, mientras algunas organizaciones mantuvieron su autonomía de los partidos, sindicatos y organismos internacionales, otras optaron por formas de negociación al interior de sus estructuras organizativas, incidiendo desde adentro y abriendo caminos de participación. 

El proceso de institucionalización alcanzó mayor alcance durante estos años. Varias agrupaciones se constituyeron como ONGs y asociaciones legalmente reconocidas, lo que les permitió acceder a financiamiento, ampliar su capacidad de gestión e incidir en políticas públicas. Organizaciones como GEMPA, CLADEM, CEPEM - UCA, el Centro Interdisciplinario de Derecho Social y Economía Política de la Universidad Católica (CIDSEP - UCA), el Servicio de Formación y Estudios de la Mujer (SEFEM), Decidamos, el Centro de Promoción de la Mujer (PROMUR), se consolidaron como referentes técnicos y políticos, mientras que redes como la Multisectorial de Mujeres o la CMP promovieron la formación cívica y la participación ciudadana de las mujeres. En paralelo, surgieron instancias de articulación dentro de los sindicatos y partidos, como el Departamento de la Mujer de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) o las Organizaciones de Mujeres de la ANR. En el contexto específico de la Asamblea Nacional Constituyente se establecieron mecanismos de diálogo interpartidario e intersectorial, como la Interbancada de Mujeres, la Bancada campesina y la Bancada sindicalista, en las cuales se incorporaron las demandas de las mujeres organizadas.

Se consolidó la focalización en temas de igualdad de género, sumando la incidencia política, la participación en procesos electorales, la reforma legal y constitucional, la democratización del Estado y la construcción de ciudadanía. Este desplazamiento desde lo sectorial a lo macro político marcó un salto cualitativo en la acción de las mujeres, dando como resultado la formulación de propuestas concretas de artículos constitucionales que darían respuesta a las demandas estructurales de igualdad y justicia social de las mujeres. Las prácticas resaltantes durante este período incluyeron la formación política, la elaboración de propuestas legislativas, la comunicación feminista, la movilización, las campañas de sensibilización y la participación directa en los debates constitucionales. La gobernanza en este periodo combinó dinámicas horizontales de asesoramiento y toma de decisiones con énfasis en el trabajo colectivo e intersectorial.

Hacia 1992, el proceso constituyente fue el dínamo que multiplicó la acción política de las mujeres, transformando las trayectorias históricas en un potente movimiento que rompió el umbral de aparición pública y se erigió como un actor político estructurado, capaz de incidir en el texto constitucional y de proyectar una agenda de transformación más allá de la Asamblea.

Roles y trayectorias de militancia.

En el escenario constituyente emergió una constelación de posiciones dinámicas en la cual las protagonistas se movieron simultáneamente entre distintos roles. Estos funcionaron como formas distintas de tejer la trama política de la coyuntura histórica. 

El primer grupo de roles, el de las representantes, encarna la conquista del espacio institucional en los partidos, sindicatos o movimientos sociales. Ellas lograron ocupar lugares de representación formal y disputar, desde adentro de sus estructuras organizativas, la incorporación o ampliación de derechos y prácticas hacia la igualdad de género. 

Las militantes o activistas feministas, fueron el pulso de la acción colectiva. Desde sus organizaciones sostuvieron actividades de formación, capacitación, debate, movilización, construyeron redes de solidaridad y produjeron comunidad política. 

El grupo de pensadoras y técnicas, desempeñó un papel central en la traducción de las experiencias del movimiento a un lenguaje jurídico, académico o institucional. Desde la docencia, el derecho y la investigación, elaboraron los marcos conceptuales y normativos que permitieron incorporar las demandas feministas en la nueva Constitución. 

Las articuladoras o tejedoras, fueron como nodos de conexión entre partidos, sindicatos, movimientos sociales, feministas y espacios académicos. Su rol fue decisivo para sostener la coordinación intersectorial y evitar que las diferencias ideológicas obstaculizaran los acuerdos estratégicos. 

Finalmente, las irruptoras o disruptivas simbolizaron la desobediencia al orden político masculino tradicional. A través de sus discursos y acciones colectivas desafiaron los códigos establecidos y se enfrentaron a la censura de una sociedad profundamente clasista y patriarcal. 

En su conjunto, estos roles convergieron en la producción de una historia común, en la cual se hacen visibles las múltiples formas en que las mujeres construyeron poder, en el sentido arendtiano, de pluralidad y potencia.

Principales estrategias políticas

Los testimonios recogidos coinciden en señalar que la performance de las mujeres Convencionales estuvo apoyada en al menos tres pilares estratégicos: un equipo de producción de pensamiento y asesoramiento jurídico; una plataforma multisectorial y plural de organizaciones de mujeres; y la articulación orgánica entre la plataforma de organizaciones de mujeres y la Interbancada de mujeres constituyentes.

Producir Pensamiento como Acción Política.

Los procesos sistemáticos de análisis, estudio comparado y jurisprudencia permitieron otorgar validez técnica a las reivindicaciones de igualdad de género que las mujeres venían sosteniendo, desde las calles y las organizaciones, en los años previos. Desde esta perspectiva, varias referentes subrayan que la militancia feminista de la etapa constituyente estuvo estrechamente vinculada a procesos de formación, intercambio intelectual y diálogo con corrientes feministas latinoamericanas, que nutrieron el contenido de las propuestas presentadas.

Una plataforma de organizaciones para sostener el proceso

El proceso constituyente fue precedido y acompañado por la conformación de una plataforma amplia, multisectorial y plural de organizaciones de mujeres, que funcionó como espacio de formación, deliberación y elaboración colectiva de propuestas. Los primeros encuentros fueron en el marco de reformas al Código Civil (1987) que ponían en riesgo el avance de los derechos de las mujeres. Posteriormente, se dieron pasos hacia una coordinación más sólida, que permitió unificar los esfuerzos. Una serie de encuentros históricos fueron realizados a partir de esta plataforma, en los cuales se construyó la agenda de los derechos de las mujeres, que posteriormente fue propuesta a la convención. Las redes y los espacios en los que se congregaban mujeres pertenecientes a partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, ONGs y ámbitos académicos, se caracterizaron por una dinámica de cooperación en dirección a la construcción de una agenda política unificada para el avance de los derechos de las mujeres.

Blindar el Proceso

Uno de los hallazgos más significativos que emerge de los testimonios de las protagonistas es la evidencia de una articulación orgánica entre la plataforma de organizaciones y la Interbancada de mujeres constituyentes. Esta coordinación permitió salvaguardar el proceso que se estaba llevando a cabo de manera conjunta, generando un flujo constante entre el «adentro» y el «afuera» de la Convención. La Interbancada funcionó como un nodo estratégico donde convergían las trayectorias diversas, saberes técnicos y experiencias organizativas. La plataforma de organizaciones contribuía con estudios, propuestas y argumentos jurídicos que eran utilizados como herramientas de negociación política. Simultáneamente, las constituyentes retornaban a las organizaciones las claves del juego político interno de la Convención, posibilitando la orientación precisa y eficaz de las estrategias de incidencia.

La Huella de las Mujeres en la Constitución Nacional de 1992         

El recorrido realizado permite afirmar que la huella de las mujeres en la Constitución Nacional de 1992 inauguró una forma inédita de acción política que irrumpió en el campo jurídico para ampliar sus fronteras. Las reivindicaciones históricas del movimiento de mujeres quedaron plasmadas en alrededor de 40 artículos de la Constitución, dejando una huella indeleble que reflejó la disputa del pensamiento político feminista por un pacto social más igualitario.

Estos artículos fueron previamente discutidos en varios Foros de la Mujer, implementados por SEFEM y la Coordinadora de Mujeres del Paraguay y posteriormente elevados a las diferentes comisiones de la Convención. Dicho proceso está documentado detalladamente en los libros "Logros constitucionales. Proceso de formación de artículos que interesan a la mujer (Heikel & Peroni, 1996) y en Logros constitucionales desde la perspectiva de género (Heikel, Peroni, & Arrúa, 1995).

El principal legado del proceso es la demostración de la potencia política de las mujeres cuando actúan colectivamente, la capacidad de articular diferencias, de producir pensamiento político propio, de intervenir en esferas históricamente dominadas por los hombres y de traducir sus en derechos que, aun limitados, abren posibilidades futuras.

La Constitución de 1992 dejó abiertos caminos por donde continúan transitando las luchas feministas contemporáneas, confirmando que una politicidad femenina es imprescindible en los procesos democráticos, porque los redefine y los empuja más allá de sus límites establecidos.

 

Referencias

Heikel, M. V., & Peroni, B. (1996). Logros constitucionales. Proceso de formación de artículos que interesan a la mujer. Asunción: SEFEM.

Heikel, M. V., Peroni, B., & Sosa, A. M. (1995). Logros constitucionales desde la perspectiva de género. Asunción: SEFEM.

Nickson, Andrew (2010). El régimen de Stroessner: 1954-1989. En Ignacio Telesca, Historia del Paraguay (págs. (pp. 265-294).). Asunción: Taurus.

Schvartzman, Gabriela, Bareiro, María Clemencia, & Lezcano, Silvana (2024). Movimientos sociales y mujeres en Paraguay 1870 - 1989. En J. Duarte, A. Soto, & V. Toaboada, Más que gloriosas. Una historia de las mujeres en Paraguay (Vol. 2, págs. 230 - 251). Asunción: Tiempos de Historia.

Schvartzman,Gabriela (2026) "Reconstruyendo el Proceso Constituyente de 1992 desde las Voces de las Protagonistas: Una Genealogía de la Acción Política de las Mujeres en Paraguay". Tesis Licenciatura en Ciencias Políticas. Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción. Asunción.
 

[1] Este artículo fue elaborado a partir de la tesis para acceder al grado de Licenciatura en Ciencias Políticas por la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción (Paraguay), denominada "Reconstruyendo el Proceso Constituyente de 1992 desde las Voces de las Protagonistas: Una Genealogía de la Acción Política de las Mujeres en Paraguay", el cual recoge el testimonio de12 mujeres que participaron como Convencionales en la Asamblea Nacional Constituyente y referentes que integraron el movimiento feminista en los procesos organizativos previos. 

 

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