El derecho a estar cansados: ¿y si no es desmotivación, sino neurastenia moderna?

Telma Noelia Sanabria
por Telma Noelia Sanabria 14 Junio de 2026
14 Junio de 2026
El derecho a estar cansados: ¿y si no es desmotivación, sino neurastenia moderna?

Vivimos en la era del "yo puedo con todo". Nos despertamos con una lista interminable de pendientes: el trabajo, sostener los proyectos personales, cuidar a los padres que envejecen, mantenernos saludables, ir al gimnasio y, de ser posible, sonreír en las redes sociales. Nos convertimos en equilibristas de una vida que no da tregua. Pero ¿qué pasa cuando la cuerda se tensa tanto que el cuerpo, simplemente, se apaga?

Es ahí cuando aparece una palabra que parece antigua, pero que está más vigente que nunca: neurastenia.

A finales del siglo XIX, los médicos utilizaban este término para describir el "agotamiento del sistema nervioso" provocado por el estrés de la vida moderna y la pérdida de energía vital. Hoy lo fragmentamos en etiquetas como burnout, estrés crónico o depresión, pero la esencia es la misma: un cuerpo y una mente que han entrado en modo supervivencia.

El gran peligro de la neurastenia moderna no es solo el cansancio físico; es la culpa que la acompaña. Cuando el sistema nervioso colapsa, lo primero que se pierde es la motivación. Actividades que antes eran nuestro cable a tierra o nuestro refugio —como entrenar, emprender o crear— se sienten como montañas imposibles de escalar. Y, en lugar de entender que estamos agotados, nos castigamos. Nos miramos al espejo y nos llamamos "flojos"; nos comparamos con las expectativas del entorno y nos encerramos a llorar en silencio, sintiendo que les estamos fallando a los demás.

Estar en "modo alerta" constante consume una cantidad enorme de energía. Cuando cuidamos a otros, cuando cargamos con frustraciones de relaciones que no funcionaron o cuando arrastramos el peso de cumplir con lo que "la gente espera de nosotros", el motor interno termina por fundirse. El desgano no es un defecto de fábrica ni una debilidad de carácter: es la respuesta lógica de un organismo que necesita, urgentemente, detenerse.

Validar el agotamiento es el primer paso para sanarlo. Necesitamos empezar a mirar nuestra falta de energía no como un enemigo al que debemos vencer a fuerza de voluntad, sino como una señal de alarma que nos dice: "Por un momento, está bien no hacer nada".

Recuperar el bienestar no es un proceso lineal ni rápido. No se resuelve con una frase motivacional tomada de internet. Requiere aprender a poner límites, desactivar la culpa por descansar y comprender que nuestro valor como personas no depende de cuánto producimos ni de a cuánta gente salvamos. A veces, el acto más valiente y revolucionario que podemos hacer por nuestra salud mental es, simplemente, bajarnos de la exigencia y permitirnos empezar de nuevo. A nuestro propio ritmo. Sin pedir permiso.

La próxima vez que sientas que no podés con nada, probá cambiar el "tengo que poder" por un "hoy elijo pausar". La neurastenia se cura recuperando el territorio propio: ese pequeño espacio donde no sos la hija, ni la profesional, ni la cuidadora, sino simplemente vos.

Últimas noticias