El abogado Felino Amarilla, en una entrevista en un medio de comunicación, arremetió con vehemencia contra los ministros de Educación que pasaron durante la era democrática del país. En su intervención, expresó un profundo desprecio hacia dichos ministros.
¿Por qué estaba tan enojado el abogado Amarilla? Porque el MEC ha abortado y coartado la posibilidad de que el MEC pueda asistir al encuentro internacional de jóvenes, programado del 11 al 15 de agosto en Foz de Iguazú. Los jóvenes adolescentes no podrán viajar a Brasil ni participar de un congreso internacional en el cual podrían expresar sus opiniones, sueños y pensamientos sobre la situación que les toca vivir en sus países.
El argumento que esgrimió el ministro Ramírez sobre este caso fue que hubo problemas de índole legal y administrativa, y, con mucha cautela, añadió que también existieron problemas presupuestarios.
No solo el abogado Amarilla abordó este tema, sino que también la diputada Ortega se hizo eco de la situación, criticando las decisiones del MEC. En su intervención, la legisladora enfatizó que el presidente ha viajado 49 veces, con un costo de 5 mil millones de guaraníes solo en pasajes, mientras que a los jóvenes se les negó el apoyo del MEC para asistir a tan anhelado congreso en Brasil.
A modo de consuelo, el Ministerio de Educación y Ciencias ha planteado la idea de organizar un congreso a nivel local, con el fin de que los jóvenes puedan vivir una experiencia similar a la que habrían tenido en Brasil.
Esto, sumado al enojo de los dos políticos mencionados, se enmarca en la crítica de que, durante los 35 años de democracia, el MEC ha hecho poco para reparar el daño moral a la nación, especialmente a la generación posterior a la dictadura: esa generación que abrió los ojos, que salió de la opresión, del autoritarismo, del miedo, de la persecución y de otras secuelas de la dictadura que, paradójicamente, muchos de los nuevos políticos parecen querer emular.
Actualmente, el MEC, con un ministro que cada tanto hace un show para congraciarse con el presidente de turno, en dos años ha acertado muy poco en su intento de cambiar el sistema educativo del país. Sus delirantes proyectos de "12 ciencias" no han logrado articularse con la comunidad educativa. Los pupitres chinos supuestamente sobrefacturados, los kits escolares aún no entregados en su totalidad —según los medios de prensa— y otras iniciativas evidencian que la institución se ha enredado en su propia ineficacia, al punto de que uno se pregunta: ¿para qué sirve este ministerio si no se dedica realmente a solucionar los problemas que lo aquejan?
No me digan que se trata de un país pobre (tres hidroeléctricas a su favor), porque incluso con recursos limitados se puede, al menos, proveer de una educación elemental básica como base para desarrollar esta nación, tantas veces sacrificada y vapuleada por sus vecinos y "amigos". Para colmo, Paraguay está en el último lugar en la evaluación PISA.
Desprecio causan estos ministros que han pasado por el MEC en estos últimos años, porque no supieron leer los buenos vientos que soplaban; sólo se valieron del cargo para escalar políticamente y salir rápidamente de la pobreza, dejando a miles de niños a la deriva en una pobreza intelectual.
Es para indignarse que un presidente haya viajado 49 veces y ni siquiera haya podido gestionar para que nuestros jóvenes participen en un evento internacional.
Solo puedo estar de acuerdo con Felino Amarilla: desprecio.
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