[Evangelio según san Mateo (Mt 13,24-43) —16º domingo del tiempo ordinario]
La liturgia de la palabra nos propone, para este domingo, el ministerio de la enseñanza de Jesús mediante el método de las parábolas que consiste en el empleo de la técnica de las comparaciones. En su discurso, Jesús —después de la parábola del "sembrador" (Mt 13,4-8.18-23)—, instruye mediante otras parábolas más. En el presente texto, se presentan tres parábolas: La parábola de la cizaña, la del grano de mostaza y la de la levadura y se limita a explicar solo la primera de ellas. La parábola de la cizaña y del grano son exclusivas del primer Evangelio y reflejan su teología: La separación entre el "bien" y el "mal"; entre "buenos" y "malos", típicos del ambiente judeo-apocalíptico por el cual se espera con paciencia y perseverancia el final de los tiempos.
La primera parábola, la de "la cizaña" (Mt 13,24-30), ilustra el dinamismo del Reino de los cielos, amenazado por la "cizaña". Este peligro permanecerá a lo largo de todo el curso de la historia, hasta el momento de la separación final (cf. Mt 13,47-50; 25,31-46). El "sembrador" o "patrón", si bien dispone de siervos, siembra solo. Aprovechando el sueño de los sirvientes y del patrón, "su enemigo" sembró cizaña en el trigal. La perversidad absurda de esta acción radica en el hecho que la cizaña, aún por ojos expertos, no es distinguible del grano hasta que crezca. Los que se percatan de su presencia son los siervos, quienes, dirigiéndose al patrón, están interesados en conocer la proveniencia. Sin rodeos, el patrón les responde atribuyendo la iniciativa malvada a un "enemigo". El trigo y la cizaña crecieron juntos porque así lo estableció el patrón a pesar de la petición de los trabajadores que querían deshacerse de la cizaña cuanto antes. La prohibición categórica de la separación parece sabia y razonablemente fundada: La extracción de la cizaña, cuyas raíces son muy profundas, comprometería también el crecimiento del grano. Se trata de una invitación a la paciencia, a la espera del momento oportuno.
La separación tendrá lugar solo cuando la mies esté madura y pronta para la "cosecha". Esta imagen en la tradición bíblica indica el juicio de Dios. Serán los cosechadores —no los siervos— los que tendrán la tarea de separar la cizaña del grano. Con toda probabilidad, esta parábola se dirige contra los movimientos separatistas judíos, fariseos, esenios y apocalípticos que no toleran la convivencia con quien no es puro e incontaminado. Al contrario, Jesús frecuenta a todos sin preocuparse de su extracción social o estatuto moral (cf. Mt 9,9-10: 11,19; 21,31).
La siguiente parábola trata del "grano de mostaza" (Mt 13,31-32). Este grano es extremadamente pequeño (Mt 17,20), pero, en breve tiempo, crece y se transforma en una planta que adquiere una altura notable. La figura del sembrador es casi irrelevante en la economía del relato que, en cambio, se centra en el resultado de la semilla sembrada en el campo (Mt 13,24.27.36.38), imagen recurrente en el discurso parabólico de Mateo para describir el ámbito de la acogida o del rechazo de la palabra. Para la comprensión de la parábola es determinante no solamente el crecimiento del árbol, sino la presencia de los pájaros que ponen sus nidos sobre sus ramas. Esta imagen es conocida en la tradición bíblica e indica a los pueblos paganos, llamados a ser destinatarios del Reino de Dios. El contraste entre la pequeña semilla y el árbol resalta la importancia del inicio del Reino, un hecho irrelevante para los judíos; pero en el futuro tendrá una relevancia universal (cf. Mt 28,16-20). Al pueblo de Israel, que espera un Mesías triunfador y glorioso, mientras se encuentra de frente al "hijo del carpintero" de Nazaret (Mt 13,55), Jesús responde con este relato justificando así el inicio aparentemente irrelevante de su actividad.
A continuación, Jesús relata la "parábola de la levadura" (Mt 13,33). Así, el Reino se asemeja a la levadura puesta en la harina por una mujer. La levadura, si bien tiene a menudo una valencia negativa para indicar la corrupción (1Cor 5,6-8) o las doctrinas perversas (Mt 16,6.11.12), aquí tiene un significado positivo y describe la presencia del Reino (cf. Gál 5,9). Emerge inmediatamente la acción de la mujer que "esconde" la levadura en la masa abundante de harina (tres medidas son aproximadamente 60 a 70 kg). Este verbo es usado para indicar el modo en el que el Reino está presente en la historia (cf. Mt 13,44).
En los versículos siguientes Jesús recurre a una citación bíblica para afirmar cómo mediante la parábola revela "cosas escondidas desde la fundación del mundo" (Mt 13,34-35). El plan de Dios que se identifica con el Reino tiene una lógica escondida. Pero con Jesús primero y la comunidad creyente después, se pone en movimiento un proceso que lo abrirá a la manifestación universal.
Finalmente, Jesús abandona al gentío y entra en casa donde se acercan los discípulos para pedirle la explicación de la "parábola de la cizaña" (Mt 13,36-43). Esta petición crea el clima de la instrucción que no se dirige a todos, sino solamente a aquellos que forman la comunidad eclesial. El Hijo del hombre es presentado como el que siembra la buena semilla en cuanto predicador itinerante, obrador de milagros y Mesías justo y misericordioso. El campo en el cual la buena semilla es sembrada es identificado con el "mundo", el ámbito de la historia en el que conviven los "hijos del Reino" y "los hijos del Maligno". La "cizaña" son los "hijos del Maligno"; son los que se adhieren al "enemigo" que se identifica con el Diablo porque rechazan el anuncio de la palabra.
La "cosecha" corresponde al "fin del mundo", momento apocalíptico de pasaje de la historia a la escatología. En esa etapa no serán los "siervos" sino los "segadores", es decir los "ángeles", los que recogerán las mieses. El desenlace consistirá en las siguientes acciones: El Hijo del hombre, mediante sus ángeles, echará la cizaña al fuego; la cizaña es sintetizada aquí con quienes realizan escándalos y los obradores de injusticia. El destino que les depara es el "fuego ardiente" y el "llanto y crujir de dientes", metáforas que indican la separación definitiva del ámbito de la salvación. En contraste con este infeliz desenlace está el destino de "los justos" —que han cumplido la voluntad del Padre—. Ellos "brillarán como el sol en el Reino de su Padre". El verbo "brillar" indica el estatuto de aquellos que pertenecen al mundo celestial, propio de Dios y de Cristo. Jesús culmina con una invitación a la sabiduría (cf. Mt 11,15; 13,9) solicitando al oyente y al lector la escucha de la palabra, la cual solamente si se la acoge puede posibilitar la separación del juicio final para trasladarnos al Reino del Padre.
En fin: Jesús nos enseña en parábolas el Reino de los cielos; y mediante el texto de hoy nos da algunas características de ese Reino: En él conviven buenos y malos, justos e injustos; solo al final el Hijo del hombre hará la separación de ambos grupos; ese Reino es humilde, en sus orígenes; sin embargo, se expande y acoge a todos aquellos que se adhieren a la Palabra de Dios; por eso, el Reino es como la levadura que fermenta el mundo y la sociedad con el fin de transformarlos. Jesús nos pide que asimilemos su palabra y la propaguemos para ser agentes del Reino y, al mismo tiempo, que testimoniemos a Cristo con nuestro estilo de vida y con nuestras obras de justicia para "brillar como el Sol" en el Reino del Padre en la vida venidera.