Asunción

Millones para el "Gran Hospital" mientras los de siempre se caen a pedazos

El Gobierno destinará cerca de 60 millones de dólares para la construcción del Gran Hospital General de Asunción, en la Costanera Sur. Sin embargo, los hospitales públicos de referencia continúan en ruinas, con carencias graves en insumos, infraestructura y personal. El contraste entre la obra emblemática y la desolación actual de los servicios de salud refleja la falta de prioridades en la gestión sanitaria.
Ministra de Salud, Teresa Barán, y el presidente Santiago Peña. Web.

El proyecto del Gran Hospital General de Asunción fue adjudicado al Consorcio GHA, conformado por las empresas Isacio Vallejos, Benito Roggio e Hijos y MM SA, con un presupuesto que ronda los G. 466.945 millones, es decir, unos USD 60 millones. La obra, que se erigirá en la Costanera Sur, promete ser el centro hospitalario más moderno del país, con tecnología de punta y equipamiento de última generación.

La Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP) ya rechazó la protesta presentada por otro oferente y levantó la suspensión del proceso, aunque el monto adjudicado se encuentra 26,6% por encima del precio de referencia establecido en el pliego. En otras palabras, se dio luz verde al proyecto más caro entre los presentados, un detalle que no pasa desapercibido en un contexto donde los hospitales existentes atraviesan un deterioro estructural y financiero alarmante.

Un sistema sanitario al borde del colapso

Mientras el Gobierno celebra su megaproyecto, los hospitales públicos del país operan en condiciones críticas. En el Hospital Nacional de Itauguá, los médicos denunciaron recientemente el desabastecimiento total de medicamentos, situación que fue revertida momentáneamente tras el escándalo público, lo que evidencia la improvisación con la que se gestiona el sistema sanitario. En Luque, los pacientes deben comprar sus propios insumos o pagar estudios en clínicas privadas, porque el hospital no puede cubrir las necesidades más básicas.

El panorama no mejora en Barrio Obrero, donde el hospital local fue intervenido tras denuncias de negligencia y abandono. Las obras prometidas para parto y neonatología llevan meses de retraso, y las constantes inundaciones en el área de urgencias pediátricas son un reflejo del abandono institucional. Lo mismo ocurre en San Pablo, Trauma y Clínicas, donde el hacinamiento y la falta de insumos son una realidad diaria.

Falta de recursos y deuda multimillonaria

El problema trasciende las paredes. El Servicio de Emergencias Médicas Extrahospitalarias (SEME) tiene más de la mitad de sus ambulancias fuera de servicio por falta de mantenimiento, lo que afecta directamente a los tiempos de respuesta en emergencias y traslados. En el INCAN, los pacientes recurren a rifas y colectas para financiar estudios o tratamientos que deberían ser cubiertos por el Estado. En tanto, en el Hospital de Clínicas, los equipos biomédicos permanecen parados por falta de mantenimiento y los médicos denuncian presiones cuando exponen las carencias.

A esto se suma una deuda superior a los USD 300 millones que el Ministerio de Salud mantiene con empresas farmacéuticas. Este pasivo, que compromete el suministro de medicamentos y reactivos, deja en evidencia que el sistema público apenas puede sostener lo que tiene. En ese contexto, el anuncio de un nuevo hospital millonario suena a lujo innecesario antes que a solución.

La discusión de fondo: prioridades invertidas

El argumento oficial es que Asunción necesita un hospital de alta complejidad que vuelva a ser referencia para todo el país, tras el traslado del Hospital de Sajonia a San Lorenzo. Pero el orden de prioridades es lo que hoy genera controversia. La adjudicación del nuevo hospital superó en más de un cuarto el precio de referencia y dejó dudas sobre el uso eficiente de los recursos públicos. Las críticas apuntan a que el mismo esfuerzo financiero podría destinarse a la reparación, ampliación y modernización de los hospitales que ya existen y que hoy atienden a miles de personas todos los días.

Sin un plan paralelo de rescate y mantenimiento, el Gran Hospital corre el riesgo de convertirse en un símbolo vacío: una estructura moderna en medio de un sistema colapsado. La infraestructura por sí sola no salva vidas si no se garantiza el suministro de medicamentos, el mantenimiento de equipos, la contratación de profesionales y la planificación sanitaria sostenida.

La urgencia del presente

Los hospitales públicos no necesitan un nuevo edificio dentro de cinco años, sino respuestas inmediatas. El Estado debe invertir en mantenimiento, en fortalecer las terapias intensivas, en recuperar ambulancias, en contratar médicos y enfermeros, en garantizar turnos y medicamentos. Todo eso cuesta menos que una megaobra y tiene un impacto directo en la vida de los pacientes.

El Gran Hospital General de Asunción puede ser parte del futuro de la salud pública, pero no puede construirse sobre los escombros del presente. Si el Gobierno no equilibra su política sanitaria y no actúa sobre la crisis actual, la obra terminará siendo una catedral de la propaganda, mientras el resto del sistema se sigue desmoronando.