Destacan la importancia del apoyo familiar para prevenir depresión y deterioro cognitivo en adultos mayores
El rol de la familia resulta determinante en la salud integral de los adultos mayores, especialmente en quienes atraviesan situaciones de dependencia, enfermedades crónicas o soledad prolongada. La especialista en Geriatría y Diabetología, Paola Palacios, señaló que la contención emocional y la presencia activa del entorno cercano pueden incidir directamente en la evolución de patologías como la depresión, la demencia y el Alzheimer.
Según explicó, el deterioro cognitivo no responde únicamente a factores biológicos o al proceso natural de envejecimiento, sino también al contexto social del paciente. El aislamiento, la falta de interacción cotidiana y la escasez de estímulos pueden acelerar la pérdida de memoria, la desorientación y la disminución de la autonomía.
Uno de los escenarios más frecuentes se presenta tras la independencia de los hijos, en el denominado "nido vacío". Este cambio en la dinámica familiar puede generar sentimientos de abandono, tristeza o pérdida de propósito, con impacto directo en el estado emocional.
La especialista indicó que, en casos de pacientes con movilidad reducida o en situación de encamamiento, el acompañamiento cobra aún mayor relevancia. Las tareas diarias —como la alimentación, la higiene, la movilización y el seguimiento de tratamientos— requieren tiempo, dedicación y constancia.
En muchos hogares, la responsabilidad recae en un solo familiar, lo que puede derivar en sobrecarga física y emocional, conocida como estrés del cuidador. Esta condición puede provocar agotamiento, ansiedad y dificultades para sostener una atención adecuada a largo plazo.
Ante este escenario, Palacios recomendó distribuir las responsabilidades entre varios integrantes de la familia o, cuando sea posible, recurrir a apoyo profesional. Contar con asistencia en determinados horarios, especialmente durante la noche, puede ayudar a reducir el desgaste del cuidador principal.
También resaltó la importancia de generar un entorno que favorezca la orientación temporal y espacial del paciente. Elementos como relojes visibles, calendarios actualizados y la entrada de luz natural contribuyen a mantener la noción del tiempo y disminuir la confusión.
Asimismo, subrayó la necesidad de mantener el contacto social. Las visitas, reuniones familiares y la participación en actividades cotidianas fortalecen los vínculos afectivos y estimulan las capacidades cognitivas. Incluso en casos con limitaciones físicas, pueden implementarse alternativas como conversaciones, música o ejercicios de memoria adaptados.
La especialista mencionó el caso de una paciente que, tras llevar una vida activa e independiente, comenzó a presentar signos de deterioro cognitivo luego de quedar sola, evidenciando el impacto del entorno emocional en la salud mental.
Finalmente, remarcó que la atención del adulto mayor debe ser integral, combinando tratamiento médico y acompañamiento afectivo. En un contexto de envejecimiento poblacional, fortalecer las redes de apoyo y promover una cultura de cuidado y respeto resulta clave para garantizar una mejor calidad de vida.