Bien en la macro, ¿y por casa?

23 Junio de 2024
23 Junio de 2024
Bien en la macro, ¿y por casa?
Bien en la macro, ¿y por casa?

Aunque las cifras oficiales traten de maquillar la realidad social, es palpable la falta de circulante en el país, sobre todo, esto se percibe en Asunción y Gran Asunción; comercios semivacíos y una macroeconomía que, si bien se mantiene sólida, no logra permear en los estratos sociales por debajo de las élites políticas y de sus respectivos círculos cercanos gracias al clientelismo de siempre.

El nuevo salario mínimo, que empezará a regir desde el 1 de julio, no hace más que profundizar la pérdida de poder adquisitivo del 80% de la población económicamente activa que gana menos o por encima de lo estipulado por ley, ya que no son alcanzados por la legislación.

De acuerdo al propio Gobierno, solo unos 270 mil obreros verán incrementarse sus salarios fijados en G. 2.798.309, es decir, G. 118.000 más que el mínimo legal anterior, pero todavía por debajo de lo que se necesita para cubrir gastos básicos (G. 3 millones al mes), según cálculos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Se registra un pequeño repunte del consumo familiar en los supermercados formales por la merma de contrabando de productos argentinos, pero el dinero cada vez alcanza menos a raíz de las subas de los productos en cuyos costos operativos, industriales, intermediarios y comercios incluye justamente el reajuste salarial.

El descenso en el movimiento del sector de las construcciones durante el primer tramo del año y la caída actual de ventas en los centros comerciales son parámetros reales que dicen que la economía de la clase media no anda del todo bien.

Según el Gobierno, la economía viene creciendo a un ritmo interanual de 5% por lo que las proyecciones vienen al alza; sin embargo, desde el sector privado van saltando voces que ponen en dudas la calidad de gestión del Equipo Económico.

A todo esto, hay que sumar el encarecimiento del costo del dinero, es decir, las tasas del crédito vienen al alza desde que el Banco Central paró con los recortes de tasas referenciales, de modo a espantar al fantasma de la inflación que volvió a tocar a loa de puerta de los hogares paraguayos.

La población de pie tiene que hacer malabarismos y sacar las tarjetas de crédito de la galera para llegar a fin de mes. Actualmente, los niveles de deuda por tarjetas superan los USD 550 millones, un promedio de más de G. 3.2 millones por plástico.

Los bancos están facilitando el acceso a las tarjetas, pero de lo que no se está hablando es de la suba de morosidad y el sobreendeudamiento de la gente que va creciendo como bola de nieve. Además, la suba sostenida del dólar, poco y nada ayudan al poder adquisitivo del paraguayo promedio que se mantiene estancado hace más de 10 años.

A todo esto, recordemos la mala calidad en los servicios públicos, entre ellos el transporte de pasajeros que es incómodo, pero, sobre todo, inseguro que degrada aún más la calidad de vida de las personas. También educación pública, la salud y la inseguridad impactan en la economía familiar. Paraguay tiene una economía pequeña y muy abierta, una estructura con alta dependencia de pocos productos y mercados relacionados con la agricultura y ganadería, estas situaciones ponen límites a las verdaderas oportunidades de reactivación económica.

Nos muestran una macroeconomía estable, pero... ¿y por casa? Todo hace pensar que se vienen tiempos más bien inciertos que tranquilos. Es urgente que el equipo económico utilice una combinación de múltiples instrumentos de políticas eficientes para crear las condiciones que necesita el crecimiento económico y el aumento de los ingresos laborales para los paraguayos, de lo contrario, no vamos a estar mejor.

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