Javier Milei, el novel presidente electo de Argentina, no solo es un “outsider” en el sentido coloquial del término; es decir, una persona desconocida que llega a un ámbito nuevo, el cual le es ajeno, también lo es en un sentido más amplio, en tanto y en cuanto es una persona ubicada al margen de las tendencias imperantes en su país. Es un cuerpo extraño en una política argentina signada por un férreo régimen regulatorio, estatismo, proteccionismo industrial-comercial y salvaje clientelismo, disfrazado de un asistencialismo sostenido por una miríada de planes sociales, que se reparten entre 22.000.000 de ciudadanos que son absorbidos, debido a sus necesidades, a la órbita de un partido político populista, el peronismo, que ha tomado como su leitmotiv los eslóganes; “El gobierno te cuida”, “Donde existe una necesidad, existe un derecho”.
Bajo dichas premisas colectivas, supuestamente elaboradas para proteger a los pobres, lo que se ha logrado en las últimas décadas fue pauperizar a la población de un país que en su momento fue uno de los más ricos del mundo, en 1895 su PIB fue superior al de los EE.UU. A inicios de la década de los 70, la pobreza se estimaba en solo un 5,7%. Hoy, el gran logro que pueden enarbolar estas posturas es el superar el 40% de pobreza y que su PIB sea 5,5 veces inferior al de los EE.UU.
Bajo la premisa de tener políticas monetarias y económicas libres de fenómenos internos, establecieron su Banco Central en 1935, sí, en 1935, para quienes creen que no se puede renunciar a este ente, que lo sepa, la Argentina vivió sin uno durante más de un siglo luego de su independencia, y para colmo, no era completamente estatal, esto recién lo hace Perón en 1946. Lo que lograron con él fue dotar a la clase política de una cómoda herramienta que dinamitara la economía, la comodidad de imprimir billetes ha hecho que las principales crisis inflacionarias del país hayan ocurrido principalmente luego de la creación de la banca central. De los 77 años de banca central estatal, durante 53 años, la Argentina los ha vivido con una inflación superior al 20%, si hablamos de inflación inferior al 5%, qué pena, solo quedan unos 6 años.
Milei, como “outsider” ideológico, se propone patear el tablero y cambiar completamente las reglas de juego antes citadas. Férreo “liberal-libertario”, hijo de la Escuela Austriaca, y como tal, heredero de su individualismo y anti-intervencionismo estatal, Milei, antes que político, es un verdadero revolucionario que busca imponer su visión del mundo, y esta pasa por aniquilar los privilegios de la clase político-económica a la que llama “casta” y encorsetar el Estado, limitar su libertad de acción dentro de la sociedad argentina, justamente para que esta pueda recuperar la suya, ya sea para producir, para educarse, para elegir el camino vital que se plantee cada uno, y haciendo uso de su propia libertad; encontrar el camino a la prosperidad, tal como no se cansa de repetir, citando a Alberto Benegas Lynch: “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo”.
Pero una cosa es derrotar electoralmente un modelo caduco al cual la sociedad, debido a su falta de resultados, ha dado la espalda, ya sea por hastío, desesperanza o incluso “bronca”, tirándose a los brazos de un mesías libertario que le señala un nuevo Sión. Y otra cosa muy distinta es, ya estando en el gobierno, desarmar esa estructura metastásica que está agazapada en cada estamento, no solo del poder gubernativo, sino de toda la sociedad.
Más aún, teniendo en cuenta que los cambios no serán ni rápidos, ni fáciles. Milei dice que el costo lo pagará la clase política, intentando sacar de la ecuación al resto de la sociedad, pero no será así. El problema de Argentina no pasa solo porque un diputado cobre un salario por encima de los ingresos de los argentinos. Se engañan quienes crean que dichos parches bastarán para cubrir el 40% del PIB que derrochan en gastos públicos, o para paliar su déficit fiscal, o los cuatrocientos mil millones de dólares de su deuda externa que llega al 85% de su PIB.
Con solo parar la obra pública (cosa que ya declaró que lo hará) quedan 200.000 familias afectadas. Cuando el cambio se dispare, el precio del dólar no discriminará entre políticos y votantes, cuando los precios se sinceren, cosa que va a pasar en el corto plazo, no habrá bolsillo que no lo sienta.
El argentino es víctima de décadas de populismo y malas políticas, y si quiere salir de esto, debe de ser consciente de que la nueva Argentina solo surgirá tras un parto doloroso. Es obligación y necesidad de su nuevo presidente comunicar esto de forma efectiva, de lo contrario, el inmenso capital político que ha conseguido en las elecciones se dilapidará rápidamente.
El éxito se enfrenta a grandes problemas, ya sean endógenos o exógenos, el primero corresponde a sus propias propuestas, el hasta qué punto son válidas y realmente efectivas para sacar o no a la Argentina del pozo en el cual la sumieron dos décadas de políticas económicas expoliadoras.
Otro factor endógeno es la aplicabilidad de sus propias propuestas en el marco legal que estructura al gobierno, por ejemplo, prometió una educación por medio de vouchers, pero la educación en el sistema federal corre a cuenta de las provincias. ¿Cuántos gobernadores tiene La Libertad Avanza?... ¡Ninguno!
Entre los factores exógenos, está la estructura peronista, ellos son los dueños de la calle, de la capacidad de movilización y aun del relato cultural. Ya antes que asuma el nuevo presidente están agazapados en la esquina, espalda con espalda, con el cuchillo entre los dientes esperando a dinamitar su gobierno y “arrancar el helicóptero”. Y a no olvidar, siguen teniendo un gran poder dentro del Parlamento.
Otro factor ajeno es que al ser un “outsider”, Milei no tiene una fuerza propia que lo aúpe en su construcción de un nuevo Estado, y lo blinde. De 257 diputados cuenta solo con 37 y de 72 senadores apenas tiene 8. Sus fuerzas son prestadas, y en cualquier momento pueden frenar su proyecto, y/o exigirles nuevas hojas de ruta.
Si el proyecto fracasa por el primer factor, esto sería achacable a Milei, si fracasa por los otros dos factores, será el triunfo de la vieja clase política argentina, que no puede prometer otra cosa que no sean sus viejos vicios, y el país seguirá dándose de chichonazos contra los límites de la realidad.
Milei promete un cambio radical, que incluso si llegara a ser exitoso, en el corto plazo, será difícil. Mucho esfuerzo, sudor y lágrimas costará al pueblo argentino volver a pararse y ojalá lo logren.
Volver a ponerse de pie, siendo un país tan rico pero lamentablemente gobernado por ideas pobres debería ser el objetivo.