Sectores productivos impulsan una mejora en la expectativa de crecimiento para Paraguay
La economía paraguaya consolida un desempeño superior al previsto inicialmente. El fortalecimiento de la producción agrícola, acompañado por la expansión de la manufactura y el sostenido crecimiento del sector servicios, impulsó una revisión al alza de las proyecciones de crecimiento para este año, reflejando una actividad más dinámica de la esperada durante el primer semestre.
De acuerdo con un análisis de Mentu, el mejor comportamiento de estos sectores explica la corrección positiva de las expectativas sobre el Producto Interno Bruto (PIB), en línea con la actualización realizada por el Banco Central del Paraguay (BCP), que elevó su estimación de crecimiento hasta el 4,5% para 2026. El ajuste responde principalmente a mejores perspectivas para la producción de soja, el avance de las industrias manufactureras —especialmente las vinculadas a químicos y aceites— y el continuo dinamismo de los servicios.
El desempeño confirma, además, una mayor diversificación de las fuentes de crecimiento de la economía paraguaya. Si bien el agro continúa siendo un motor fundamental, la industria y los servicios han ganado protagonismo en la generación de valor agregado, permitiendo que el país reduzca parcialmente su dependencia de los ciclos agrícolas y exhiba una mayor resiliencia frente a escenarios externos más complejos.
No obstante, el segundo semestre presentará desafíos que pondrán a prueba la capacidad de sostener este ritmo de expansión. La evolución de los precios internacionales de los commodities, el comportamiento de las principales economías comerciales y las tensiones geopolíticas seguirán condicionando las exportaciones paraguayas. A ello se suman factores internos como la necesidad de acelerar la inversión en infraestructura, mejorar la logística y mantener un entorno favorable para la inversión privada.
Desde una perspectiva macroeconómica, Paraguay llega a la segunda mitad del año con fundamentos relativamente sólidos. La inflación permanece bajo control, la política monetaria mantiene un sesgo de estabilidad y las cuentas fiscales muestran una trayectoria de consolidación gradual. Ese contexto ofrece condiciones para que continúe creciendo el consumo y la inversión, dos variables que podrían compensar eventuales desaceleraciones del sector externo.
Sin embargo, el mayor desafío ya no consiste únicamente en crecer, sino en transformar ese crecimiento en desarrollo sostenible. El aumento del PIB deberá traducirse en mayor generación de empleo formal, incremento de la productividad y atracción de inversiones de mayor valor agregado. De lo contrario, el país corre el riesgo de mantener un modelo de expansión con buenos indicadores macroeconómicos, pero con un impacto limitado sobre el ingreso y la calidad de vida de una parte importante de la población.