¿Paraguay, un ejemplo a seguir? Esto dice el Banco Mundial
En los últimos 20 años, la pobreza en Paraguay cayó de más del 50% al 16% en 2025. En apenas dos décadas, un tercio de la población salió de la pobreza. A este avance se suman otras 300.000 personas que dejaron esa condición solo en los últimos dos años, destaca el organismo financiero multilateral.
Un progreso de esta velocidad, escala y sostenibilidad no ocurre por accidente. El éxito de Paraguay es el resultado de políticas públicas que priorizaron la productividad y la generación de empleo.
El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Paraguay ha sido de casi el 5% anual, ubicándose entre los más altos de América Latina. Sin embargo, para lograr avances en la reducción de la pobreza y en la prosperidad compartida, tan importante como el crecimiento es aquello que lo impulsa.
Según el Banco Mundial, el crecimiento de los ingresos laborales fue el principal motor de la reducción de la pobreza en 2025, con las mayores mejoras concentradas en los sectores de menores ingresos.
El empleo aumentó y se desplazó hacia ocupaciones más estables y mejor remuneradas. Ese crecimiento sostenido del empleo y de los ingresos laborales solo es posible con un incremento de la productividad del trabajo.
El crecimiento económico mejora la calidad de vida cuando incorpora a más personas a una economía cada vez más productiva mediante la creación de empleo.
El progreso de Paraguay se apoyó en tres pilares fundamentales para la generación de empleo: infraestructura que reduce costos, aumenta la productividad y facilita la conexión de las personas con la actividad económica; un marco regulatorio que favorece la inversión privada y la creación de puestos de trabajo; y programas orientados a fortalecer las capacidades de los trabajadores.
Recursos
La infraestructura que amplía el suministro eléctrico y mejora la conectividad económica resulta esencial. Contar con energía confiable constituye un elemento clave para un entorno favorable al empleo. La abundante energía hidroeléctrica limpia proveniente de Itaipú y Yacyretá otorga a la industria paraguaya una ventaja competitiva en costos, lo que atrae inversiones en manufactura e industrias verdes.
La integración de empresas y personas a cadenas de valor cada vez más sofisticadas y productivas requiere conexiones eficientes y de bajo costo dentro del país, con los mercados vecinos y con el resto del mundo. En ese sentido, el transporte de mercancías y el flujo de información mediante carreteras, puertos fluviales y conectividad digital resultan fundamentales.
Paraguay también fortaleció su marco regulatorio para facilitar la creación de empresas y la contratación de trabajadores. Una nueva ley automatizó el registro de pequeñas y medianas empresas e introdujo modalidades de contratación más flexibles, reduciendo los costos de la formalización.
Asimismo, un régimen de maquila modernizado extendió los incentivos a la manufactura por 20 años e incorporó al sector de servicios, ampliando la base para la generación de empleo. Estas reformas reducen la incertidumbre, generan mayor previsibilidad y facilitan que el sector privado invierta, se expanda y contrate trabajadores.
Inversión
La expansión del capital físico mediante la inversión privada crea las condiciones para aumentar la productividad laboral. En ese sentido, la nueva Ley de Inversiones, el marco actualizado para las asociaciones público-privadas y la modernización del mercado de capitales —reformas que permitieron al país obtener dos calificaciones de grado de inversión en apenas 18 meses, siendo el único de América Latina en lograrlo durante esta década— fueron factores determinantes.
A ello se suma una gestión fiscal sólida, sustentada en la Ley de Responsabilidad Fiscal, que generó condiciones para el crecimiento de la inversión privada. La estabilidad macroeconómica es un factor central, ya que los inversionistas toman decisiones con una visión de largo plazo.
Los programas sociales también contribuyeron al fortalecimiento del capital humano. Hambre Cero beneficia actualmente a más de un millón de niños de las escuelas públicas del país.
En las zonas rurales, donde la pobreza es más profunda, el programa ha generado mejoras medibles en las oportunidades de desarrollo de los niños. Además, su diseño vincula la política nutricional con el desarrollo económico local, ya que los alimentos son adquiridos a agricultores familiares y pequeños emprendimientos de las propias comunidades.
"Paraguay no se basa en anécdotas: un sistema administrativo en tiempo real realiza un seguimiento de cada componente del programa, desde las comidas planificadas hasta las efectivamente servidas. Ese enfoque centrado en los resultados —y no únicamente en el gasto— es lo que hace que los programas funcionen", destaca el organismo.
Desafíos
Pese a los avances, aún persisten brechas territoriales. Departamentos como Caaguazú, Caazapá y San Pedro continúan registrando niveles de pobreza muy superiores al promedio nacional.
Reducir esas desigualdades requiere profundizar la incorporación de las regiones rezagadas al proceso de crecimiento y aumento de la productividad. En ese marco, Paraguay y el Banco Mundial elaboraron recientemente el primer mapa de pobreza del país en más de dos décadas, que abarca los 263 distritos.
Esta herramienta permite orientar con mayor precisión las inversiones públicas y focalizar programas como Hambre Cero. Mejores datos permiten diseñar mejores políticas, y mejores políticas generan mejores resultados.
La experiencia paraguaya merece ser analizada. La reducción sostenida de la pobreza mediante el aumento de los ingresos laborales y la creación de empleo no responde a una única política pública. Es el resultado de una estrategia basada en infraestructura, un entorno regulatorio favorable para los negocios, el fortalecimiento del sector privado y políticas macroeconómicas responsables, complementadas con inversiones sociales que amplían las oportunidades desde la infancia.
Esa combinación de factores fue la que marcó la diferencia en Paraguay y constituye una experiencia con potencial para ser replicada.