Jose? Donoso: Sin li?mites

EDICIÓN ESPECIAL. Breve e intensa, "El lugar sin li?mites", la novela de 1966 del escritor chileno Jose? Donoso -quien ayer hubiera cumplido 100 an?os-, es una evocacio?n del infierno faustiano y, a su vez, un profundo retrato de la deshumanizacio?n de la sociedad.
Jose? Donoso: Sin li?mites

“¿Do?nde queda el lugar que los hombres llaman infierno, en que? lugar?”, son algunas de las preguntas que hace Fausto a Mefisto?feles. Y e?l, entre otras cosas, responde: “Donde somos torturados y permanecemos siempre. El infierno no tiene li?mites, ni queda circunscrito a un solo lugar, porque el infierno es aqui? donde estamos y aqui? donde es el infierno tenemos que permanecer...”. Marlowe, Doctor Fausto.

 

Breve e intensa, El lugar sin li?mites, la novela de 1966 del escritor chileno Jose? Donoso, quien ayer hubiera cumplido 100 an?os, es una evocacio?n del infierno faustiano y a su vez, un profundo retrato de la deshumanizacio?n de la sociedad. Oscura, expli?cita y con el humor y ternura caracteri?sticos de la pluma donosiana, esta obra propone un viaje al interior de la Estacio?n El Olivo, “un pueblo donde no se podi?a ser exigente”, y cuya estacio?n de trenes “ahora no era ma?s que un potrero cruzado por la li?nea, un sema?foro inva?lido, un ande?n de concreto resquebrajado, y tumbada entre los hinojos debajo del par de eucaliptos estrafalarios, una ma?quina trilladora antediluviana entre cuyos fierros anaranjados por el ori?n jugaban los nin?os como con un saurio domesticado”.

En esa die?gesis conviven La Manuela, eje central del relato; don Alejandro Cruz, un latifundista duen?o de “todas las vin?as, de todas, hasta donde se alcanza a ver”; la Japonesita, “con su cuerpo de pollo desplumado”; don Pancho Vega, un camionero “grandote, bigotudo, tonto, ignorante” que siente amor y odio hacia La Manuela; La Japonesa Grande, madre de la Japonesita y duen?a de un paupe?rrimo burdel, y otros personajes igual de coloridos y desesperanzados que aportan riqueza a la trama.

El relato quebrado permite alternar entre dos tiempos igualmente malos para los pobladores de El Olivo. Uno ten?ido por el deseo del progreso, y fundado en las promesas de don Alejandro, quien se ha de convertir en una autoridad temida y respetada a expensas de falsas promesas de tendidos ele?ctricos y trenes de pasajeros y comercio y visitantes ilustres que nunca se convertira?n en realidad. El otro tiempo es el de la desesperanza, ya habitado por una Manuela duen?a de la casa-burdel que recibio? en herencia gracias a una cruel apuesta que hizo la Japonesa Grande (ya fallecida) con don Alejo, como tambie?n lo llaman. Entre estas dos realidades discurrira? el relato para mostrarnos la vida cruel que ha soportado La Manuela desde que tuvo que abandonar la casa familiar por miedo a que su padre, un hombre que siempre iba armado, la mate por rencor al enterarse de que su hijo Manuelito fue encontrado besa?ndose con otro nin?o cerca de la escuela a la que iba.

Una de las tantas ediciones de El lugar sin límites. Cortesía

El tiempo, circular, hace que se repitan la venida de Pancho Vega al pueblo, el baile espan?ol y frene?tico de la Manuela, el deseo y una pasio?n y muerte de ella a mano de los hombres, como signo del odio y la represio?n sexual, el abuso de poder y la oscuridad de la naturaleza humana en ese infierno ya anunciado en el fragmento de Marlowe al inicio, que carece de li?mites.

La historia comienza con una Manuela ya entrada en an?os, con achaques en todo el cuerpo y cansada de ver el amanecer y levantarse a preparar el desayuno de su hija. Cuando apenas llego? al pueblo, la Japonesa Grande le puso a ordenar y decorar el lugar donde habri?a una fiesta, y ma?s tarde, se puso el vestido de espan?ola al que tanto queri?a y la hari?a legendaria: “yo lo cuido como hueso de santo porque es fino, y como yo soy tan negra, el colorado me queda regio”. Y bailo? y bailo? para toda la gente que alli? se amontonaba, generando admiracio?n y pasiones encontradas que la arrastrari?an a un sinfi?n de situaciones arriesgadas y violentas hasta su u?ltimo suspiro.

La Japonesita, que al inicio del capi?tulo I tiene 18 an?os y au?n no decide si se dedicara? a ser prostituta como todas las mujeres que la rodean en su casa, o tener hijos y largarse del pueblo, encarna al personaje gris y desprovisto de aspiraciones. Existencialista, carente de femineidad y sensualidad, “flaca, negra, dientuda, con las mechas tiesas igualitas a las de la Manuela”. Trabajadora y ahorrativa, nunca se compra un vestido ni mejora las condiciones de vida de su padre (la Manuela), ni de las mujeres del burdel. Asume el rol de lo viril en ese lugar desprovisto de un li?der masculino. Es casi una caricatura, ya que La Manuela es incluso ma?s femenina y delicada que ella.

“Una de mis obsesiones es, en mi obra, la concepcio?n de la familia y el concepto de casa (...). La casa representa siempre un mundo que he conocido en mi historia personal de pertenecer a la alta burguesi?a” sen?alaba Donoso en una entrevista, y lo plasma en El lugar sin li?mites por medio de la proyeccio?n de la casa prometida por don Alejandro a la Japonesa Grande, quien a trave?s de un acuerdo con La Manuela, gana una apuesta que no solamente les deja el burdel propio, sino tambie?n una herencia de sangre, su hija. Ese lugar, que para ellas dos al principio sera? un hogar, para las dema?s mujeres que alli? conviven apin?adas y muertas de fri?o, sera? un refugio y una ca?rcel miserables en la cual trabajara?n a merced de los hombres siempre al paso que por alli? discurrira?n a lo largo de los an?os.

Sera? la figura de la casa-burdel tambie?n una bu?squeda del autor por quebrantar ese si?mbolo maternal y ca?lido que rodea al concepto de “hogar” y convertirlo en la obra en un espacio oscuro, deformado, con “el agua que invadi?a la cocina formando un barro que se pegaba a todo”, con “la humedad desde mayo a agosto, cuando ya le pareci?a que el verdi?n la cubriri?a entera, su cuerpo, su cara, su ropa, su comida, todo”, y el fri?o, como en el Infierno de Dante, dejaba a las prostitutas “los huesos azules”. Esas ima?genes inclementes de la casa sera?n en la obra uno de los toques demoledores propios de los audaces escritores del Boom latinoamericano.

Esta novela, que por momentos pareciera un relato criollista, se desprende de esa etiqueta porque el autor, ha?bil conocedor de las intrincadas tramas humanas, dota a su texto de una maravillosa y atrapante sensibilidad, que va ma?s alla? de los meros detalles y descripciones propios de ese estilo. El halo de misterio y la magia que se esconde en los detalles del texto brindara?n un sello de identidad que se transmitira? a sus dema?s obras y llegara? a la cumbre ma?xima en El obsceno pa?jaro de la noche, de 1970. Es importante mencionar que Donoso viajo? hasta Me?xico para hospedarse en casa de Carlos Fuentes, su amigo y cri?tico, para escribir El obsceno pa?jaro de la noche, y durante el proceso de creacio?n de su obra maestra, nacio? El lugar sin li?mites, que fue finalmente publicado en Me?xico por sugerencia de Fuentes, y a quien se la dedico?.

Traducida a varios idiomas, incluso al japone?s, y llevada al cine bajo la direccio?n del mexicano Arturo Ripstein, El lugar sin li?mites es una obra atrapante, con cara?cter, aguda y honesta como su autor, quien, a lo largo de su proli?fica carrera, y en sus propias palabras, nunca temio? a exponerse a lo extran?o, a la locura. Con esta obra, desde el propio ti?tulo, transgredio? el concepto de lugar al adjetivarlo como “sin li?mites”, invitando a todo curioso lector a un recorrido simbo?lico y lleno de signos, a explorar el fundo El Olivo y ser testigos de este infierno que tiene como u?nica esperanza a su personaje ma?s desdichado: “un nin?o, un pa?jaro, cualquier cosa menos un hombre”.

Fotograma de El lugar sin límites (México, 1978), filme dirigido por Arturo Ripstein, basado en la novela homónima de José Donoso. Cortesía

 

* Liz Nazaria Vázquez Gill es docente universitaria e investigadora.