Crónicas del olvido. "Desalma de los adioses", de Susy Delgado

por susy delgado 16 Noviembre de 2021
16 Noviembre de 2021
Crónicas del olvido. "Desalma de los adioses", de Susy Delgado
Crónicas del olvido. "Desalma de los adioses", de Susy Delgado

1

El alma se queda sin ella misma. Se “desalma”. Se dice adiós. Se hace adiós, se despide. El reflexivo cunde en la profundidad donde habita el espíritu. El alma deja de ser en el cuerpo. Siempre ha sido el propósito final de la existencia: decir adiós desde el alma ya purificada o limitada por lo vivido, despojada de la costra carnal, de la osamenta que el tiempo habrá de convertir en polvo.

Entonces es la muerte, uno de los temas ancestrales. O el tema que se funde con el silencio, que es el mismo desde el sopor viajero del ánima.

¿Qué alma no deja de ser visible en el instante de la despedida, de los ojos cerrados o abiertos con la muerta en la pupila? ¿Qué muerte no se lleva el alma en un definitivo adiós? La espesa muerte, para los inmersos en la fe. La liviana muerte para quienes no la sienten presencia o ausencia. La muerte como texto, como persistencia, como tesitura, como voz en el papel, tensión para quien la lee y la descubre.

Pero el título de Susy Delgado va más allá de lo previsible, de lo que se cree estar o ser. Se trata de un enigma, de una búsqueda permanente en la voz antigua de otra lengua. Y desde ella, desde lo más sagrado, la revelación. El adiós como parte de lo que no es. Lo que habrá de ser más allá del alma. Lo que será metafísica desde el silencio.

2

Decir a toda boca con la autora:

“...Pero este es un recuento fragmentario/ anárquico disperso/ hijo legítimo/ de un tiempo que llegó/ sin señal ubicable en calendario alguno...”, y no dejar de mirar las agujas del reloj para confirmar que las horas también tienen alma, que son el alma de lo que transcurre.

Susy Delgado (Paraguay, 1949) entrega Desalma de los adioses (Editorial Digital Eos Villa/ Rosario/ Argentina, octubre 2021) donde despliega en castellano su voz, ecoica en guaraní, y deja en el lector los sonidos ancestrales de aquella bella tierra suramericana donde dos idiomas conversan y se hacen tejido cultural.

Ella, desde su alma, desde la densidad de su adentro, dice: “Si el tiempo es solo/ una ilusión del ser humano...”, y desde ese mismo ámbito sonoro destaca el viaje permanente del alma, flujo que emerge de los cuerpos y asciende en una suerte de adiós sin permiso.

Una estación emigra hacia los verbos, como soplo que la naturaleza destaca dudosa, peregrina:“El verano se ha ido/ llevándose/ lo que no fue/ lo que nunca jamás/ habrá de ser”.

Pero siempre queda de ese adiós un paisaje que no se extravía, un trozo de recuerdo: “... la añoranza será/ sólo un precario/ vano ejercicio de escritura...”.

3

La noche, tema inevitable mientras el alma huye. La noche tan viva que muere en el fragor de la imaginación escrita: “En esta noche/ tan desnuda/ sorda y muda/ ¿a dónde se habrán ido/ los poemas?”.

La muerte, ese sido radical. La muerte, tenebra y luz. Ese túnel sin fin, de eternidad visible en la mirada de quien ya no está, de los que "volvieron" del pasado y "presentizaron" sus augurios, “tal como lo temía/ resucitados por el alboroto”.

Y volvieron vivos, muertos, en medio de una pandemia, en medio del “alboroto” de la muerte. El poema no se esconde de “las pequeñas muertes”.

La voz del hablante destaca: “Ya te llevaste lo más bello/ Señor de la insaciable barca”, y por eso “los que se van, los que se siguen yendo”, pero también, los que se quedan, los que se van quedando.

Adioses sin alma.

Tres poemas

La noche muerta

La noche invadió el patio

desnuda

sorda muda

y pintó sin permiso

de noche desolada

hasta los jazmineros.

Ni siquiera una brisa despistada

roza la puerta

los números del día

se mueren sin ruido

en la pantalla

sin un ¡ay! de limosna.

Ha muerto un día

y llegó una noche

en que hasta los muertos murieron

y no hay nada capaz

de levantar y mover este muerto.

En esta noche

tan desnuda

sorda y muda

¿a dónde se habrán ido

los poemas?

Señor de la insaciable barca

Ya te llevaste todo lo más bello

Señor de la insaciable barca...

En este tiempo extraño

te pasaste la raya

con el reclutamiento ciego.

Aquí no queda nada.

Ya es inútil que husmees los rincones

donde ya se murieron

los rostros

y los pasos

y los nombres

los ecos

los aromas

y las sombras

de las que un día fueron vidas...

Aquí ya no tenemos

pasajeros o carga apetecible

para tu barca vieja y desvencijada

ni recordamos cómo eran las monedas

que debíamos darte para el temido viaje.

Ya te llevaste todo lo más bello

tu barca está desvencijada y vieja

sus maderas están carcomidas

nauseabundas de muerte

como las aguas negras

de ese Aqueronte que de a poco¨

vive su propia muerte

lamiendo con su lengua fatigada

el fango despiadado que lo invade.

Señor que conducías

una barca insaciable

tu barca se ha saciado

empachado enfermado de muerte.

Ya es tiempo

de que lleves tu barca

cargada con la ausencia

inmensa que dejaste

a esa isla remota

que debe estar seguro

allí donde se mueren

el Aqueronte y las aguas antiguas

de las vidas que hemos soñado

y las muertes que hemos llorado...

Señor

remero de una barca vieja

que ya quiere morir

que tal como tu barca

estás viejo y cansado

con ojos legañosos

que ya no encienden llamas

y ya no entienden las señales

de olas y de vientos

con brazos que se enredan impotentes

en las hilachas de lo que fue tu capa

y las greñas oscuras de tu barba

que invaden barca río sueño

de un viaje que ya no puede realizarse...

Señor remero de la muerte

aquí se ha muerto hasta la muerte

aquí no queda nada.

Ya es tiempo de que lleves

tu triste barca vieja

y te vayas con ella

al retiro piadoso del olvido.

Tatatina

El invierno parece arrebujarse

bajo los matorrales

ovillarse cansino

arropando su última tarde

con la hojarasca abigarrada

de un tiempo que ha pasado

largo innombrable imprevisible...

El viejo y dulce tatatina

que solía tener el paje

de rejuvenecerse risa pura

esparciendo el rocío de la vida

se ha venido asomando en los días

de un agosto que se fue agostando

poniéndose él también

triste irreconocible

de un gris oscuro

Tatatina jepigua'?

agostado

como si hubiera envejecido

ahora sí del todo

más triste y gris

que ese invierno largo

que pareciera

no querer marcharse...

Mba'éiko ojehu ndéve

Tatatina tuja

nemarangatuetévami?

Nota de edición:

Tatatina: neblina primigenia que regresa todos los años y crea las condiciones para la primavera.

Jepigua'?: inusual, extraño

Mba'éiko ojehu ndéve/ Tatatina tuja/ nemarangatuetévami?: ¿Qué te ha pasado/ viejo Tatatina/ que eras tan bondadoso?

* Alberto Hernández es poeta, narrador y periodista venezolano. Premio Juan Beroes 2000 por su obra literaria. Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo.

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