Pero ahora
El bosque es oscuro y frío
Obstruido con ortigas y raíces
Allí hay un monstruo
Y yo soy un monstruo
Malloy, D. (2019). [1]
Naturaleza. Bella, caótica, pero transitoria
La naturaleza plantea vida, evolución y deceso a un ritmo casi melódico y perfecto. También, es impredecible, ingobernable frente a cualquier intento de control y dominio, destacándose su fuerte capacidad de resiliencia. Por medio de esto, se observa uno de los mecanismos más complejos surgidos desde la arbitrariedad propia de la existencia como tal, en el sentido de combinaciones específicas/sucesivas de eventos o elementos, tanto a nivel molecular como cósmico, que culminaron en un ínfimo punto de vida contenido en una esfera equivalente a un grano de arena, el cual se encuentra disperso en un inconmensurable desierto sideral.
La vida efímera del ser humano transcurre en el fondo de todo esto, en paralelo a un ciclo que trasciende cualquier signo de temporalidad o ser(es) concreto(s), estando asediada por la volatilidad de un entorno que ha dado pruebas de que somos meros huéspedes transitorios y nos recuerda que terminará reclamando su dominio, sin siquiera pensarlo, con tan solo un breve aleteo. Véase por ejemplo su rápida apropiación de aquellas edificaciones abandonadas por la presencia humana, cuyas carcasas remanentes, en un paralelismo aterrador, son poseídas por un ente casi espectral y son consumidas hasta que sus ruinas vuelvan al suelo del que se erigieron alguna vez.

No obstante, el ser humano parece obviar esto, ya que, al menos en la época contemporánea, se encuentra frente a una concepción de naturaleza carente de cuerpo, identidad o rasgos concretos. El humano consume sin cuidado, sin control ni consciencia, aprovechándose parasíticamente de los recursos que se le ofrecen prestados y dejando como consecuencia un entorno herido, corroído en manos de su propia avaricia, ambición y necesidad de poseer.
Para el ser humano, la naturaleza deviene en algo incorpóreo, abstracto y sin importancia, por lo que imaginar un posible futuro se vuelve difícil. Aquí aparece una pregunta determinante, vinculada a la existencia de un porvenir (o, en este caso, pudiendo también plantearse un no-porvenir) de la naturaleza, del entorno que nos acoge, mucho más si se observa cómo ha accionado la mano humana a través del tiempo y de la historia.
Desasosiego y alienación de la naturaleza
Desasosiego (2026) es una muestra de Carlos Rolandi desarrollada en la Galería Artística en el marco de la Noche de Galerías del presente año. El eje central de la misma es plantear un vistazo rápido a lo que parecerían ser instantes vinculados a realidades fracturadas, descompuestas a raíz del descuidado movimiento/consumo del ser humano. Rolandi adopta el concepto de sosiego y se atreve a desestructurarlo, dejando de lado aquella noción de calma prolongada y redirigiéndola hacia un sentido opuesto, el de una preocupación predominante frente a situaciones que remiten a algo peor que estaría a punto de suceder [2].
La exposición tiene como protagonistas a una serie de producciones artísticas que se caracterizan por proponer una abstracción marcada y una cualidad casi matérica debido a las texturas, relieves propios del material y del soporte empleados. Sin embargo, el artista logra sugerir una leve figuración con la que hace referencia a elementos presentes en el entorno natural, tales como vegetación, objetos minerales, animales, los cuales están perdidos en un plano descompuesto, destruido. Es como si los mismos fueran absorbidos por un ente que supera cualquier concepción concreta, yendo incluso hacia lo etéreo e irreal.

Rolandi, mediante esta actividad, pretende quizá generar sensaciones de incomodidad, incertidumbre, terror o miedo ligados a esta capacidad que tiene el ser humano de percibir lo irreconocible como un signo de peligro, de que algo no está bien. El artista, deforma una realidad que de por sí ya ha sido quebrada por sus propios habitantes. Aquí no se habla de fantasías desquiciadas carentes de sentido, sino que es un hecho considerado como cotidiano, ya que se lo observa siempre, sea a partir de la contaminación compulsiva de cualquier hábitat posible, los múltiples desechos que recubren hasta el fondo marino, microplásticos, deforestaciones, extinciones masivas y otra cantidad innumerable de situaciones causadas por el movimiento humano.
En ese aspecto, Rolandi opta por materializar una preocupación latente sobre un entorno cuyo futuro se desdobla frente a nosotros a simple vista, en el que su nacimiento, desarrollo, agonía y muerte transcurren de forma simultánea cual melodía disonante y la traslada al espectador en una suerte de pedido de ayuda desesperado.
Se intuye el acecho tácito de un concepto: se trata del desarrollado por Marx en torno a la alienación. Este pensador establece una mirada crítica en relación al sistema capitalista y la manera en la que éste despoja al ser humano de su propia individualidad y cuerpo, volviéndolo una simple pieza incrustada en una maquinaria cuyo único propósito es producir sin descanso [3]. Pero, si bien este concepto es aplicado por Marx a un ser humano inmerso (y consumido) por el sistema capitalista dominante, el mismo también puede ser volteado, vinculándolo con una noción incorpórea de la naturaleza en cuanto a su percepción.
Un(os) cuerpo(s) dislocado(s)
Rafael Torrado, en su artículo "El concepto de alienación en Carlos Marx" (1972), establece que, para Marx, el proceso de un individuo devenido en objeto supone tanto una "pérdida de sí mismo" como una pérdida de su relacionamiento con el entorno, con el mundo que lo rodea [4]. Esto puede ser planteado como una dislocación entre percepción y exterioridad, las cuales se vinculan por una cuestión central que sería una noción de cuerpo (en todos los aspectos posibles) del ser humano.
Por medio de un sentido de corporalidad, de conciencia, es que el individuo establece una conexión con todo lo que le rodea. Entonces ¿qué ocurre cuando un contexto rígido prioriza la utilización de todo medio posible para mantener constantemente activo a un individuo como si fuera la pieza de una maquinaria monumental? ¿Cómo este sistema puede garantizar que este individuo siga a rajatabla lo impuesto, sin cuestionar? Pues se despoja de un cuerpo concreto tanto al ser humano como a todo aquello que lo rodea.

En su artículo "La alienación en Marx: El cuerpo como dimensión de utilidad" (2010), Alexis Sossa Rojas relaciona esta idea del cuerpo como punto clave dentro del concepto de alienación, cuestión que sirve para desvelar otra aproximación a lo desarrollado por Rolandi. En el texto, se plantea que:
El cuerpo logra una mediación entre la psique, el yo, y el mundo, y conceptos como la alienación nos hace referencia a cómo se hallan procesos en donde existe un desprendimiento en el que nuestro cuerpo resulta algo distinto de nuestro yo. (...). Es decir, el cuerpo actúa como articulación entre cómo captamos el mundo y cómo con esta afinidad nos construimos a nosotros mismos [5].
Si observamos las obras de Rolandi, notamos que, en este despojo de cuerpo o de desfiguración de la naturaleza, desaparece cualquier posibilidad de definición y, por ende, de conexión. Retomando lo mencionado más arriba, la pérdida de rasgos reconocibles presupone para el ser humano una sensación de incertidumbre, al no poder asimilar lo que presencia y lo que esto le genera. Sumado a ello, si se niebla la percepción del ser humano mediante la utilización de mecanismos de desensibilización propios de un sistema que lo ve como un objeto, nos quedamos con dos entes abstractos, incompletos, desestructurados y perdidos en un océano sensible completamente fracturado.
Henos aquí, frente a un posible (y desahuciado) porvenir
El título de este ensayo fue inspirado por una obra bastante conocida de Magritte llamada La traición de las imágenes (1929). Esta obra tiene como elemento central la imagen de una pipa marrón, la cual es contrastada con una simple pero contundente frase que dice Ceci n'est pas une pipe, o, en español, Esto no es una pipa. La idea de esta obra es establecer una dicotomía entre cuestiones ligadas a la semiótica, la representación y la realidad en sí, debido a lo que significan tanto frase/texto como imagen, y es esto lo que sirvió como un disparador importante para ejecutar otro entendimiento de lo planteado por Rolandi.
Desasosiego (2026) no trata de asumir que todo está perdido, corrupto, sino que toma el papel de servir como un presagio, de demostrar un (posible) futuro en el que no se actuó respecto a las señales de alarma emitidas sin cesar por un entorno ya exhausto y resquebrajado, el cual si llegara a colapsar tan solo dejará vestigios descompuestos de lo que en algún momento nos acogió. La muestra expone, de forma similar a un estado de premonición divino, que lo que nos queda en cuanto a un porvenir no es algo absoluto, definitivo.

Entonces, ¿qué nos resta como individuos presenciando una suerte de lento desmoronamiento a escala monumental? Esta pregunta, sumada a una posible aproximación es abordada por Ana Luz Quintanilla y Evelyn Rodríguez en el artículo "Relación ser humano-naturaleza: Desarrollo, adaptabilidad y posicionamiento hacia la búsqueda de bienestar subjetivo" (2019). En el mismo se expone que:
(...) ¿Cómo podría el ser humano articularse nuevamente a la madre naturaleza, de la cual forma parte y de la cual fue desarticulándose y controlando, y destruyendo? El contacto y la percepción del ser humano con el resto de los seres vivos, mantiene al límite de la extinción a nuestra propia especie por haberse desarticulado, y considerarse como el ser que posee y toma control del resto del reino animal y vegetal. El ser humano necesita hacer un alto en el tipo y ritmo de vida que lleva para regresar al centro, a uno mismo, a su raíz que es propiamente la naturaleza, en la diversidad de sus manifestaciones. Se requiere retornar al origen que somos: un elemento más de un todo, en un sistema planetario llamado Tierra, el cual a su vez se encuentra dentro de un universo complejo y mucho más amplio [6].
En base al título general de este ensayo, se intenta conformar una reversión de una visión totalmente pesimista de un futuro de la naturaleza, del entorno y de nosotros a través de las obras de Desasosiego (2026), aunque, no estaría del todo completo. Si bien Rolandi nos da una señal de alerta, se percata de algo determinante, que el ser humano, contrario a cualquier expectativa, aún tiene tiempo para accionar.
Si hay algo específico que podemos tomar de lo que desenvuelve el artista, es el hecho de que la humanidad, sin importar lo que ocurra, se encuentra en constante cambio, cuestión que, en cierta medida, también la relaciona con su entorno. Lo que nos queda como individuos que habitan (y seguirán habitando) este plano de la realidad es asumir o no consciencia de esta problemática, de aceptar o no aquel llamado desesperado de ayuda, porque aquí no se intenta dar una solución directa y rápida de por sí inexistente, sino que se vislumbra un posible porvenir en el que su carácter de desahuciado aún puede ser evitado.
Notas
[1] Malloy, D. (2019). "I. Hymn: The Forest" [Canción]. En Octet. Dave Malloy, Or Matias, Nonesuch Records Inc.
[2] Carmona, A. (2026). "El envés inquietante del sosiego", ABC Color, Asunción, Paraguay.
[3] Torrado, R. (1972). "El concepto de alienación en Carlos Marx", Universitas Humanística, 3 (3), 117-148, p. 124.
[4] Ídem.
[5] Sossa Rojas, A. (2010). "La alienación en Marx: El cuerpo como dimensión de utilidad", Revista de Ciencias Sociales (CI), (25), 37-55, p. 49.
[6] Quintanilla, A., Rodríguez, E. (2019). "Relación ser humano-naturaleza: Desarrollo, adaptabilidad y posicionamiento hacia la búsqueda de bienestar subjetivo", Avances en Investigación Agropecuaria, 23(3), 7-18, p. 10.
Nota de edición: El Premio ASGAPA a la Escritura Crítica es otorgado por la Asociación de Galerías de Paraguay en alianza con el Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Asunción y la Asociación Internacional de Críticos de Arte Capítulo Paraguay.
* Pablo Ríos cursa el último año de la carrera de Artes Visuales del Instituto Superior de Arte "Dra. Olga Blinder" (FADA-UNA).