Menos conocida que su labor poética fue la actividad periodística y ensayística del autor de “Trilce”, cuya primera edición cumple 100 años este 2022. Desde Europa, las reflexiones vallejianas giraron, sobre todo, en torno a las tensiones entre el mundo americano y el europeo, el lúcido vaticinio del renacer artístico del primero y las críticas a la bohemia insustancial del segundo. Aquí el primer artículo de la serie dedicada al escritor peruano.
En la “Advertencia” introductoria a sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, Mariátegui, mediante su obra, hacía profesión de fe y compromiso con el Perú y, ante los arteros ataques de sus adversarios ideológicos que desdeñosamente lo motejaban de "europeizante”, el Amauta reivindicaba su experiencia europea gracias a la cual alegaba haber hecho su mejor aprendizaje. Y no solo eso; llegaba hasta el extremo, para algunos herético y francamente escandaloso, de afirmar sin empacho, en un tiempo en que los distintos nacionalismos emergían con fuerza, que para Latinoamérica (IndoAmérica, la llamaba él) no habría salvación posible sin la ciencia y el pensamiento europeos u occidentales [1].
Detalle de la mano de César Vallejo. Cortesía
Era la misma época en que por parques y bulevares de París transitaba un vitalísimo César Vallejo, quien pocos años antes había pasado casi ignorado y desconocido por las calles de la provinciana Lima, y que ahora, en su calidad de “precursor del nuevo espíritu, de la nueva conciencia”, como lo llamara el perspicaz Mariátegui [2] , y de corresponsal enviado, se situaba en el seno mismo de la escena contemporánea. Y esto no solo como resultado de haber hecho realidad el tan largo y acariciado sueño de llegar alguna vez a Europa, y en concreto a París, ciudad cosmopolita por antonomasia y, a la sazón, centro de la cultura, pero también del esnobismo mundial. Además, porque para él Europa era un viaje hacia los orígenes: tanto a los evidentes de América Latina con relación a España, y por extensión a toda la latinidad, como con los suyos propios a través de sus abuelos, materno y paterno, que se habían unido (acaso sacrílegamente, ya que ambos eran sacerdotes católicos) a sendas mujeres indias de la sierra profunda del Perú. Y también le era importante porque, al igual que su amigo Mariátegui, vislumbraba, aun antes de desembarcar en sus tierras, que el futuro de su continente, incluyendo la solución a muchos de sus problemas, dependía en gran parte del mayor o menor grado de acercamiento entre ambas realidades, realidades que si bien muy diferentes, compartían, por filiación y coetaneidad, más de un rasgo en común.
Paris en la década de 1920. Cortesía
Y es así que prácticamente desde su primer día en París (13 de julio de 1923), vemos a un Vallejo, apasionado y urgente, sumergirse en ese palpitante universo europeo que, aunque en un principio no lo entiende del todo, lo maravilla y seduce, llegando a la postre a establecerse entre ambos una relación tan sui generis que trasciende el mero entusiasmo y el interés político-cultural, y que está poblada de claroscuros y bemoles. Relación esta muchas veces polémica y conflictiva; agónica, diríamos entonces, en el sentido etimológico del término. De allí que en ocasiones podamos apreciar que su admiración sin reservas por Europa termine en añicos por el rechazo asqueado que ella le provoca, ya sea debido a su etnocentrismo y egotismo consuetudinarios, o bien a la creciente xenofobia de la que hace gala por doquier. Todo lo que no le impedirá, en su momento, abrazar la doctrina marxista, militar en el Partido Comunista Español, ser expulsado de Francia, su otra patria querida, por su militancia política, o en todo caso escribir ese soberbio canto a la esperanza y a la solidaridad universal que es España, aparta de mí este cáliz, en el marco de la Guerra Civil.
César Vallejo, dibujo de Pablo Picasso. Cortesía
A su vínculo con Europa se le puede tildar, pues, de verdadera pasión, la cual comienza desde los tiempos de Los heraldos negros, de Trilce y de su bohemia trujillana, prolongándose durante sus últimos y decisivos quince años de existencia que lo vieron trabajar, sufrir, amar y desplazarse una y otra vez entre España y Rusia, entre Polonia e Italia, escribiendo Poemas humanos, esculpiendo su España... y, en especial, pergeñando a diario crónicas y reportajes de óptima calidad. Estos últimos escritos, además de ser el testimonio privilegiado de un hombre situado en la primera fila del acontecer mundial, se constituyen, de un modo tal vez involuntario, en la autobiografía del propio Vallejo en la medida en que dan cuenta de su evolución estética e intelectual, así como de esa turbulenta y veleidosa relación sentimental a la que ya aludiéramos: gritos, reprimendas, alaridos y susurros aún haciendo eco y proyectándose resonantes hasta nuestros días.
Pero el amor, como toda pasión, tiene sus riesgos. Y si alguien sabe de ello es Vallejo, para quien, no obstante, sus primeros encuentros con el objeto de su deseo no serán precisamente los de mejor recordación. Y esto es así porque desde un inicio padece sin atenuantes el conflicto entre dos culturas. Por fin en Francia, sin dinero, sin idioma, sin amigos, pero eso sí, con el espíritu henchido de grandes, aunque vanas ilusiones, el poeta, extraño y extranjero, no tardará en sucumbir ante los embates de su nuevo entorno. Durante dos años vive tiempos en extremo difíciles, hasta el punto de escaparse de la muerte a causa de una desafortunada intervención quirúrgica.
Artículo de Cesár Vallejo desde París, El Comercio, 1928. Cortesía
En verdad tiempos apremiantes aquellos, si bien los venideros también lo serán. Su estación europea le depara desde el principio una serie de sinsabores y desilusiones, lo cual lo llevará a establecer una relación insospechadamente crítica con Europa, a la que entonces empieza poco a poco a desmitificar. A consecuencia de ello surge, en su vida y obra en curso, su idealizada experiencia del Perú (comunidad, familia, amigos), la cual habrá de proyectarse, galvanizada por su marxismo en cierne, en la utopía de la sociedad comunista, en la España herida y purificada por la guerra.
Notas
[1] J.C. Mariátegui. 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Amauta, 1928, p. 6.
[2] El presente trabajo se basa en estos últimos escritos. Cf., de César Vallejo, el volumen Desde Europa. Crónicas y artículos (1923-1938). Recopilación, prólogo y documentación de Jorge Puccinelli. Lima: Ediciones Fuente de Cultura Peruana, 1987. Todas las citas se hacen por esta edición, cuya sigla de aquí en adelante será: DE.
* Renato Sandoval Bacigalupo (Lima, 1957) es profesor de literaturas europeas, doctor en Filología Románica y traductor. Ha publicado poesía y ensayo. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura, Perú, en 2019, mención especial en Poesía.