Durante la segunda mitad del siglo XX, en una época en que la arquitectura del paisaje —o paisajismo— desarrollada en el país no se encontraba al nivel de lo que sucedía en el exterior, Beatriz Chase impulsó propuestas alejadas de los diseños academicistas. Su trabajo contribuyó a posicionar el diseño del paisaje en los jardines paraguayos dentro del contexto de la posmodernidad y sirvió de base para propuestas posteriores. A esto se suman sus obras arquitectónicas y su constante interés por un urbanismo vinculado a la ecología.
Beatriz Chase nació en Asunción el 25 de mayo de 1940. Egresó en 1965 de la tercera promoción de arquitectos del Paraguay y se dedicó a la docencia universitaria en las cátedras de Historia de la Arquitectura III y Proyecto de Arquitectura IV-V, integrando el Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Asunción.
Asimismo, con la creación de la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, participó en su dirección durante el proceso de conformación y trabajó como proyectista de su campus.
Arquitectura: la "Etapa blanca"
Al iniciar su carrera profesional contrajo matrimonio con el célebre y multifacético arquitecto y artista Carlos Colombino, uno de los más destacados e innovadores del arte paraguayo, con quien tuvo a sus hijos Lía y Santiago. Juntos crearon el Estudio de Arquitectura Chase-Colombino.
Entre las décadas de 1960 y 1970 desarrollaron un período conocido como la "Etapa blanca", durante el cual realizaron principalmente proyectos de viviendas residenciales de innovador diseño. En aquellos años, las residencias que se edificaban en Paraguay seguían mayoritariamente estilos tradicionales. Frente a ello, Chase y Colombino introdujeron una arquitectura moderna de tendencia minimalista, en sintonía con corrientes que ya se encontraban en auge en otros países.

Sus obras se distinguían por volúmenes puros y blancos, líneas limpias y formas geométricas simples. En ellas se reconocen rasgos racionalistas próximos a los planteamientos del arquitecto estonio-estadounidense Louis Kahn, basados en formas elementales como el círculo, el triángulo y el rectángulo, además del uso expresivo de la luz natural y la ausencia de ornamentos. A estos rasgos se sumaban soluciones posmodernas en los cerramientos superiores con techos de tejas, elementos propios del lenguaje arquitectónico sudamericano. Estas características se repitieron en diversas obras, entre ellas la Vivienda Chase-Gill (1967), la Vivienda Mulder (1968) y proyectos en altura como el edificio de la Asociación Rural del Paraguay (1969).

A mediados de los años setenta, Chase y Colombino disolvieron la sociedad profesional, aunque mantuvieron una estrecha relación de amistad y colaboración que permitió la realización de algunos proyectos conjuntos. Beatriz abrió entonces su propio estudio de arquitectura y continuó trabajando de manera independiente. En esta etapa incorporó con mayor fuerza el diseño modular, el uso de materiales cerámicos y el ladrillo visto, además de integrar un elemento central en sus proyectos: la vegetación. Tanto en galerías como en los terrenos donde se implantaban sus obras, el paisaje pasó a formar parte esencial del diseño, como puede verse en proyectos como las Casas del Cerro (1995) o el Pueblo Hotel (1998).


Paisajismo y urbanismo: una mirada ecológica
Durante las décadas de 1980 y 1990, una tendencia internacional comenzó a reivindicar la relación entre medio ambiente, ecología y paisajismo, lo que se reflejaba en numerosos proyectos arquitectónicos alrededor del mundo. En Paraguay, sin embargo, la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Asunción —fundada en 1957— recién hacia fines del siglo XX incorporó la cátedra de paisajismo en su malla curricular, por lo que el tema había sido hasta entonces escasamente abordado en la formación profesional.
A pesar de esa carencia formativa, Beatriz Chase desarrolló tempranamente una mirada crítica vinculada a la ecología. Al igual que el artista y paisajista Hermann Guggiari —fundador del primer movimiento ecologista en Paraguay— fue miembro fundadora de la organización Alter Vida, reafirmando su compromiso con el medio ambiente.
Esta visión ecologista se refleja en sus proyectos arquitectónicos y, especialmente, en su trabajo urbanístico, que según recordó en una entrevista su hija Lía era el ámbito que más le interesaba.
"Siempre decía que prefería proyectos en los que lo urbanístico interviniera. También decía que los espacios que más le gustaba diseñar eran los inútiles. Y en cuanto al diseño, solía afirmar que el diseño modular era todo lo que se necesitaba".
Su trayectoria confirma ese interés. Chase trabajó desde el área de Ecología Urbana y Proyectación Ambiental en Alter Vida, Centro de Estudios y Formación para el Eco Desarrollo. En 1988 participó en el "Taller de Proyección Ambiental", con miembros del Centro de Estudios y Proyección Ambiental (CEPA) y el equipo del arquitecto argentino Rubén Pesci, orientado a desarrollar un proyecto urbano en la Chacarita con el objetivo de consolidar la metodología de la proyectación ambiental y "recuperar el río y la bahía para los asuncenos".
De esta experiencia surgió la publicación Aproximación a un Proyecto del Ambiente "La Chacarita" (1989), realizada en coautoría con Mabel Causarano y José Bosio.
Chase participó además en numerosos proyectos de planificación urbana, entre ellos la Puesta en Valor del Paisaje Metropolitano de Asunción, el Plan Maestro de Revitalización de la ciudad y el Plan de Ordenamiento Territorial del departamento Central.
En 1999 fue presidenta del comité MAB ("El Hombre y la Biósfera") de la UNESCO Paraguay, desde donde desarrolló diversas iniciativas relacionadas con el ambiente urbano. Entre ellas se encuentran el audiovisual Evolución histórico-urbanística de la ciudad de Asunción, realizado con Mabel Causarano y Marta Laterza, y el libro Asunción, análisis histórico ambiental de su imagen urbana, en coautoría con Causarano.
También participó en la presentación de la reserva de biósfera de los bosques de Mbaracayú y de la reserva de biósfera del Chaco paraguayo como integrante de la Red Mundial de Reservas de Biósfera.

Su trabajo incluyó asimismo el Plan de Reconversión Urbana del sector Puerto de Asunción, la propuesta de Oficinas de Gobierno y el proyecto de enlace vial entre los tres poderes del Estado.
El urbanismo fue, en definitiva, el espacio donde Chase expresó con mayor claridad su preocupación por la ciudad. Sus propuestas buscaban preservar y revitalizar zonas de gran valor patrimonial y ambiental de Asunción, como el Centro Histórico, la Chacarita y San Jerónimo, así como sus áreas verdes.
Participó igualmente en el Plan de Ordenamiento Territorial del Departamento Central y en proyectos para los distritos de Areguá y Luque, además del Plan de Desarrollo Urbano Ambiental de Carmen del Paraná (2002-2003), realizado junto a Mabel Causarano.
El jardín como arquitectura
Beatriz Chase realizó además un importante aporte al paisajismo en Paraguay. La Casa Chase-Colombino no solo constituye un proyecto arquitectónico significativo, sino también un proyecto paisajístico representativo de las tendencias posmodernas de su tiempo. El jardín frontal incluía senderos, taludes y vegetación principalmente de coníferas y especies criptógamas —plantas sin flores— dentro de una paleta dominada por el verde. El diseño, de geometría libre, evocaba el paisajismo naturalista de los parques ingleses, evitando ejes rígidos y favoreciendo una composición orgánica que acompañaba el movimiento plástico de la fachada. Esta residencia fue su propia vivienda y el jardín que diseñó y cuidó hasta sus últimos días.

Una lógica similar puede observarse en el jardín de la Vivienda Chase-López Moreira. Allí, el carácter racionalista de la arquitectura, visible en la rigidez de su fachada, encuentra su correspondencia en un jardín de naturaleza domesticada y cuidadosamente regulada.
En ambos casos se percibe la concepción paisajística de Chase: el jardín como extensión del lenguaje arquitectónico, concebido como parte integral del proyecto. Una relación que el crítico argentino Jorge Romero Brest describió al referirse al vínculo entre el volumen —el continente— y el jardín —el océano—, evidenciando la unidad entre todas las partes de la obra.
Según Romero Brest, esta vivienda "está entre las mejores viviendas austeras de Latinoamérica. El proyecto se genera con la idea de continente de vida, creando un volumen puro en medio de la gran arboleda. Esa idea puede percibirse todavía hoy, aunque quizás no con la misma intensidad, debido a la abundante vegetación que se ha conservado en el terreno donde se implantó la obra".

Una trayectoria marcada por la ecología
La amplitud del trabajo de Beatriz Chase revela una práctica arquitectónica profundamente vinculada al urbanismo y atravesada por una mirada ecológica constante. Esa sensibilidad acompañó su ejercicio profesional en todos sus ámbitos: arquitectura, urbanismo y paisajismo.
Beatriz Chase falleció la mañana del 10 de septiembre de 2013, a los 73 años. Sus restos fueron velados en el Centro de Artes Visuales / Museo del Barro. Su legado permanece no solo en su aporte a la arquitectura paraguaya, sino también en la memoria de quienes la conocieron como mujer, madre y profesional.
Testimonio
Para imaginarnos a Beatriz, pregunatmos a su hija Lia: ¿Cómo se desenvolvía entre sus diferentes facetas —académica, profesional y familiar— y cómo fue la relación entre madre arquitecta e hija? "Ella era una persona muy presente en su vida profesional y también familiar. Podría parecer desapegada, pero no lo era. Sus estudiantes la recuerdan generalmente como una persona exigente, seria. Un poco así también era en el ámbito familiar, pero puedo decir que ningún amigo o amiga de Bea tiene una queja de ella; todo lo contrario. Era la persona con la que se podía contar. Somos dos hermanos, mi hermano y yo. Ella sola nos sacó adelante. Trabajaba de sol a sol y nos inculcó una ética que a veces cuesta cumplir, porque la vara es alta. Como hija la confronté muchas veces. Me parezco más a mi padre, aunque nunca viví con él, y a veces chocábamos porque ella era más racional. En cuanto a su estudio, para mí siempre fue un parque de diversiones: me fascinaban las plantillas, los escalímetros, los rapidographs".
¿Qué te gustaría que se recuerde de ella como persona y como arquitecta? "Tenía una dulzura que no mostraba a muchas personas. Pero quienes lograban atravesar cierto límite descubrían a alguien de gran sensibilidad. Como arquitecta, no necesito decirlo yo: la recuerdan como una profesional intachable".
Referencias
AAVV. Colombino. Resumen de Arquitectura, CAV/Museo del Barro, Asunción, 2008.
"Un día una arquitecta. Beatriz Chase 1940-2013".
* Marli Delgado es arquitecta, investigadora, docente de las áreas de Síntesis, Teoría y Urbanismo, e Historia y Patrimonio, de la Facultad de Arquitectura (FADA-UNA).