¿Cómo se entra a un libro? ¿Cómo hallar la hendija para adentrarme en la novela? Rey Mau trae palabras extrañas. No es mi lengua madre, tendré que desmaternizarme para hallar mi lugar entre las páginas ¿Se elige una novela para que sea cómoda la lectura? No entro pero sigo leyendo, a la espera de que algo suceda, sin cálculo, solo discurro de palabra a palabra hasta dar con algo que simplemente acontezca.
Mientras leo me veo inmersa en una serie de personajes que hablan, ¿dialogan?, ¿monologan? Me muevo entre ellos, como si fuéramos en una cabalgata de palabras que ni bien son dichas, se esfuman. Me esfuerzo por entrar en la conversación. Lo miro a Rey pero está más perdido que yo. Hago como si fuera parte de los diálogos, asiento con mi cabeza, niego, hago mueca de que me perdí otra vez. ¿Me vuelvo humo en la lectura?
Atravieso una espesa humareda para hallar a Rey, ese punto entre las líneas. ¿Qué no se hace humo en la vastedad de esta novela? Una vieja que acumula y acumula objetos para dar cuenta de que no hay nada sino eso, humo, una gran chimenea expidiendo por las bocas palabras y promesas. ¿De qué se beneficia uno cuando hay un testamento? Hay un valor por la escritura esa que nunca llega. Se hereda por lo que no se ha escrito en la promesa de haber dicho que sí, que se escribiría. Hay un ñam ñam que atraviesa la lista de las acumulaciones. Mejor echar humo, hacerse de humo, esfumarse. La trama estalla por el motivo mismo que a ella la engorda. Se fuma por lo que no se entiende, se enciende y se van mascullando uno a uno los párrafos, se va quemando la mismísima hoja que hace de distancia entre esfumarse y caer al vacío.
Doy vuelta la página.
Besos y mordiscos introducen un aire.
Pero otra vez el exceso insiste. Insiste otra vez el exceso por el asunto del indecible. ¿Es el exceso algo que se hereda?
Una espesa humareda entre libros, páginas intangibles. De humo la bufanda, de humo el título, la boca, la ficción, el horizonte. ¿Dónde está la página que ahínque el nudo? Quizás en una pregunta, quizás, en una frase contenida entre dos signos, de apertura uno, de cierre el otro: "¿y si la potencia de la mente puede transformar el universo con el poder del deseo?"
Se tocan los extremos del soñar y el estar despierto. De humo los rostros, las sombras, Rey multiplicado en sus distintas maneras de habitar el mundo de la materia oscura.
Pero, ¿qué tienen en común un paraguayo y un alemán?, humo.
¿Qué tienen en común una chinita con plata y un Rey Mau?, humo.
¿Qué tienen en común una vagina y el diablo?, humo.
¿Qué tienen en común un autor y un personaje?, humo.
Luego, piso en falso, caigo por una especie de conducto y ya no se trata de cabalgar entre palabras. Es mayor la vertiginosidad de las frases, que acaban ellas por interrumpirse de lo tan rápido. Lo miro a Rey, ya ni siquiera extraviado. Lo veo caer renglón a renglón golpeado por un destino que no sabe refrenar. Hay risas, cantos, guiños y no entiendo el chiste. ¿Se ríen de nosotros? "Algo ocurre sobre la tierra, porque el mundo se ha convertido en una noche oscura sacudida por un terremoto". Caída de renglón a renglón, se esfuman las fronteras entre la realidad y el sueño.
¿Qué es lo real entre tanta letra?
* Marina Posata (Río Grande, Tierra del Fuego, Argentina,1982). Vivió sus años de infancia y adolescencia en la ciudad de Catriel, Río Negro. Dedica su mayor tiempo a la práctica en psicoanálisis. Escribe para darle relieve a la existencia y no quedar maniatada por ciertas formas del lenguaje.