Contra la civilización unívoca: visión cultural y crítica del mestizaje en Roa Bastos
Roa Bastos entretejía con la fibra más íntima de su formación humanista su sensibilidad por los pueblos originarios y su permanente contestación contra las formas dominantes de representación histórica en el Paraguay y América Latina: "el desarrollo cultural juega un rol preponderante en la estabilización y profundización del sistema democrático pluralista" [1]. Como escritor nacido del silencio y del oprobio colectivo, su palabra no florece desde la comodidad, sino desde la herida. Para Roa Bastos, la cultura no es ornamento de la civilización ni acumulación de refinamientos estéticos; es una fuerza vital que moldea identidades, configura relaciones sociales y revela las tensiones profundas entre la dominación y la resistencia. Es el pulso más vivo de la historia encarnada, el lenguaje en que una comunidad se nombra, se recuerda, se proyecta. Por eso "esta conjunción de actividades creativas es la que hace del desarrollo cultural un factor prioritario en la correlación de cultura, democracia, política y economía, y se constituye en la condición básica de las realizaciones concretas" [2].
Desde la juventud, su pensamiento se vio surcado por un humanismo crítico, forjado en lecturas autodidactas y en la biblioteca encendida de su tío Hermenegildo Roa, obispo y heraldo de los clásicos. Allí convivían San Agustín y Montaigne, Pascal y Gracián, Voltaire y Rousseau: un linaje que no le otorgó dogmas, sino preguntas. Esta formación temprana le insufló una ética de la interrogación, una sed de verdad que no pudo saciar ni el exilio ni la censura. En el ensayo —ese género mestizo entre literatura, filosofía y política— encontró el espacio donde confluyen la reflexión y la insubordinación, donde el pensamiento deviene acción, donde el estilo se vuelve estrategia [3].

Para Roa Bastos, el desarrollo cultural es condición de posibilidad para una democracia viva, plural y sustantiva. Pero la cultura no debe entenderse como privilegio de élites, ni restringirse al arte o al pensamiento académico; es, en su visión, la suma de todas las potencias creativas de un pueblo: sus lenguas, sus mitos, sus tecnologías vernáculas, sus formas de subsistencia y sus modos de amar. Es así que expresa Roa Bastos que "la cultura democrática está así íntimamente vinculada con la libertad de acceso al ámbito educativo y formativo, en igualdad de posibilidades y oportunidades para todos. Lo que supone, en este terreno, un programa de realizaciones racional, sistemático y moderno" [4]. Por ello, propone que los recursos destinados a la guerra, al control y al miedo sean redirigidos hacia la cultura como afirmación de la vida. En un mundo desgarrado por la lógica del exterminio, Roa Bastos se afirma en la palabra como refugio ético y de esperanza.
No hay en su obra desvío de la historia. La experiencia del exilio —geográfico, simbólico, lingüístico— atraviesa su mirada como una brasa. Desde esa lejanía, escribe no para el consuelo, sino para la recomposición de una comunidad fragmentada. El exilio, para Roa Bastos, no es solo pérdida: es también clarividencia, una distancia que permite ver lo invisible y nombrar lo silenciado. Su condición de exiliado le otorga una doble mirada: la del desterrado que añora y la del pensador que revela. Así, el dolor de la fractura nacional se transforma en conciencia crítica, y la escritura se convierte en un acto de restitución simbólica.

Uno de los núcleos más incandescentes de su pensamiento cultural es su crítica feroz al etnocidio silencioso de los pueblos originarios. Dice Roa Bastos: "las culturas indígenas sobrevivientes, pese al etnocidio sistemático y generalizado que ha lanzado a sus pueblos a la extinción, deben ser preservadas y protegidas en sus módulos naturales de vida, lengua y costumbres" [5]. En Culturas condenadas denuncia las políticas de "civilización" impuestas desde el poder como dispositivos de muerte simbólica:
"Esta vieja tragedia de esclavitud, degradación y exterminio, que culmina en la actualidad con la inmolación de las últimas comunidades, no puede ser comprendida en toda su significación sino en el marco global de nuestras sociedades basadas en el régimen de opresión y expoliación de los estratos humanos que ellas consideran 'inferiores'; su resultado es un proceso de extinción de estas comunidades -en algunos casos muy rápido-, que descarta toda posibilidad de preservación de sus valores materiales y culturales, puesto que el hecho mismo de su destrucción biológica está sellado inexorablemente: Así, los intentos de 'civilizar' al indio han terminado por exterminarlo". [6]

La modernidad, en su afán de homogenizar, ha convertido al indígena en espectro, en resto incómodo del pasado. El mestizaje, lejos de ser crisol armónico, aparece como un campo en disputa donde se glorifica la "raza ausente" y se desprecia al indígena viviente. Esta doble moral mestiza, que honra la sangre pero niega el rostro, no es sino una forma perversa de etnocentrismo.
Roa Bastos desnuda el rostro paternalista del "humanitarismo" blanco que, bajo la máscara de la protección, impone formas de vida ajenas, expropia territorios sagrados y convierte lo ancestral en espectáculo turístico, que "constituiría actos de usurpación lisa y llana que entrarían de hecho en el proceso de etnocidio físico y cultural" [7]. Así, el genocidio se disfraza de conservación y la usurpación adopta el lenguaje de los derechos. En su visión, los pueblos originarios no son custodios del pasado, sino portadores de un futuro alternativo. Ellos ofrecen una forma de racionalidad no occidental basada en la interdependencia, el respeto a los ciclos naturales, la horizontalidad comunitaria. Frente a la hybris del progreso industrial, que ha fracturado la relación con la tierra, Roa Bastos propone una recuperación de ese "saber arcaico" como brújula ética "gracias a la cohesión de sus culturas, a la obstinada búsqueda de armonía entre la naturaleza humana y la humanidad de la naturaleza" [8].
Desde esta perspectiva, la cultura deviene campo de batalla, puente entre desarraigo y pertenencia, entre memoria y porvenir. En "La larga noche trágica del Paraguay" sostiene que toda creación cultural —literaria, científica, artística o política— es un acto de dignificación humana, como bien lo expresa: "en un mundo amenazado por la exasperación de la brutalidad en la lucha de predominios, la cultura y la política como teoría y práctica de la libertad, como negación ética de la fatalidad de la muerte, pueden construir aún el comienzo de una nueva época en vísperas de un nuevo milenio" [9].

Cuando la historia deviene pesadilla, la cultura ofrece su aliento, su fuego, su respiración. En las épocas más oscuras, cuando la palabra es perseguida, Roa Bastos la convierte en testimonio y en antídoto. Escribe contra el olvido, contra la amnesia interesada del poder. Y en esa escritura, la lengua también se vuelve campo de tensión. Reconoce la especificidad de la cultura paraguaya en su carácter bilingüe, donde el castellano escrito y el guaraní oral dialogan, se enfrentan, se entrelazan. La verdadera democracia lingüística no impone, sino que escucha; no homogeneiza, sino que traduce. Solo en el respeto profundo entre ambas vertientes puede emerger una identidad nacional que no niegue sus contradicciones, sino que las asuma como fuente de potencia.
Roa Bastos comprende que las lenguas no son instrumentos neutros: son mundos posibles. El castellano, portador de la letra, convive con el guaraní, portador de la voz. En ese entrelazamiento de lo culto y lo popular, de lo señorial y lo plebeyo, se juega el destino cultural del Paraguay. Por eso aboga por políticas culturales que no asimilen, sino que protejan los modos de vida propios, que resguarden las cosmovisiones indígenas sin reducirlas a objetos de museo ni a reservas folclóricas. Al respecto, afirma que "sólo así, la afirmación de la unidad e identidad cultural de la sociedad paraguaya expresadas en sus modos de ser, en su carácter, en su temperamento como pueblo, contribuirá a incrementar su crecimiento y desarrollo y a fortalecer su independencia, el amplio registro de su producción cultural" [10].

Lejos de la nostalgia, Roa Bastos proyecta una esperanza lúcida. No una esperanza ciega, sino una apuesta ética por el porvenir. Cree en la posibilidad —aunque lejana, aunque incierta— de que la humanidad pueda resistir su propia pulsión de destrucción. La cultura, para él, no es solo una forma de recordar, sino también de sembrar. En tiempos de devastación, sigue afirmando que es posible abrir un claro, una grieta, una respiración. En definitiva, la visión cultural de Roa Bastos es inseparable de su conciencia histórica, su imaginación insurgente y su ética de la palabra. La cultura, para él, no es ornato ni entretenimiento: es un acto creador que se levanta contra la muerte, una restitución simbólica para los desposeídos, una tentativa de reconciliación entre el hombre y su mundo.
Esta defensa de las culturas originarias no era solo un acto de resistencia lingüística: era, en el fondo, una ecología de la palabra. Roa Bastos intuía que la misma lógica que arrasaba el guaraní era la que devastaba los ríos y bosques del Paraguay. En su obra, la voz de los pueblos indígenas se alzaba no solo como denuncia, sino como un saber ancestral que cuestionaba la idea occidental de progreso y proponía otra forma de habitar la tierra. Roa Bastos dice: "esta esperanza es la única fuerza capaz de hacer posible que el hombre prevalezca sobre lo que lo degrada y destruye" [11].
Notas
[1] Cfr. Roa Bastos, A: (1985). "La larga noche trágica del Paraguay". Leviatán: Revista de hechos e ideas, nro. 21, pp. 33-44.
[2] Cfr. Roa Bastos, A. (1985). Op. Cit.
[3] Cfr. Bouvet, N. E. (2009). Estética del plagio y crítica política de la cultura en Yo el Supremo. Servilibro.
[4] Cfr. Roa Bastos, A. (1985). "La larga noche trágica del Paraguay". Leviatán: Revista de hechos e ideas, nro. 21, pp. 33-44.
[5] Cfr. Roa Bastos, A. (1985). Op.Cit.
[6] Cfr. Roa Bastos, A. (1978). Culturas condenadas, Siglo XXI.
[7] Cfr, Roa Bastos, A. (2017a). "Una raza de hombres más antiguos y sabios" en, Ecología y cultura, Servilibro.
[8] Cfr, Roa Bastos, A. (2017a). Op. Cit.
[9] Cfr. Roa Bastos, A. (1985). "La larga noche trágica del Paraguay". Leviatán: Revista de hechos e ideas, nro. 21, pp. 33-44.
[10] Cfr. Roa Bastos, A. (1985). Op.Cit.
[11] Cfr. Roa Bastos, A. (1985). Op.Cit.
* Raúl Acevedo es docente e investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Es director del Centro de Investigaciones en Filosofía y Ciencias Humanas (CIF-Paraguay), miembro del comité editorial de la revista Apóstasis, de la Red Iberoamérica Foucault y del Consejo editorial del Celapec (México). Es gestor cultural en Filosofía en movimiento. Su interés gira alrededor de la filosofía contemporánea, los estudios culturales y el pensamiento crítico paraguayo.