CulturaLiteratura y ecología

Augusto Roa Bastos, un humanista crítico: la tríada política, cultura y ecología en su constelación ensayística (Final)

Raúl Acevedo
por Raúl Acevedo 13 Julio de 2025
13 Julio de 2025
Augusto Roa Bastos.
Augusto Roa Bastos. (La escalera)

Augusto Roa Bastos y la crítica ecológica 

La crítica ecológica en la obra de Roa Bastos no es un gesto tardío ni un añadido temático, sino una dimensión fundacional de su sensibilidad literaria y filosófica —como bien lo desarrolla Juliana Terra Morosino— [1]. Desde sus primeros textos hasta sus ensayos más reflexivos, se configura una mirada aguda y crítica hacia la devastación de la naturaleza, ligada de forma intrínseca a una crítica del poder, del saber y de la civilización occidental moderna. Esta conciencia no surge desde el discurso técnico o la moda ambientalista, sino desde una experiencia vital, íntima y dolorosa: la vivencia directa de la tierra y su herida por la maquinaria del progreso [2].

Desde su infancia en Iturbe, Roa Bastos fue testigo de las transformaciones radicales que la expansión agroindustrial provocaba sobre el entorno natural. La selva paraguaya, su vegetación espesa, los murmullos invisibles de los animales y la densidad ancestral del paisaje imprimieron en él una sensibilidad profunda, una forma de estar en el mundo. Esta vivencia temprana lo marcó para siempre: "la realidad era la naturaleza tal como el niño la conocía, con sus árboles, sus animales, sus ríos, sus lluvias, sus misterios" [3]. Pero aquella realidad fue abruptamente violentada por la irrupción de la tecnología industrial: "una nueva realidad surgida gracias a esta agresión que se produce contra la naturaleza".

Doña Lucía Bastos y Don Lucio Roa, padres de Agusto Roa Bastos.(Fundación Augusto Roa Bastos)
Doña Lucía Bastos y Don Lucio Roa, padres de Agusto Roa Bastos (FB Fundación Augusto Roa Bastos)

La maquinaria azucarera, símbolo del avance técnico y de la colonización económica, irrumpe como una fuerza destructiva, impuesta desde afuera y celebrada por las élites como signo de modernización. Para Roa Bastos, este tipo de progreso no representa una emancipación, sino una forma brutal de sometimiento y aniquilación. Es el rostro oscuro de una civilización que, en su afán de dominio, ha depredado todo lo viviente. En sus propias palabras, "el hombre de la decadencia es el hombre del porvenir. Ha delegado su poder en autómatas, ha vendido su sabiduría a la insaciable lujuria de lucro, se jacta del desprecio de lo humano" [4].

Este desencanto frente al mito del desarrollo lleva a Roa Bastos a elaborar una crítica cultural profunda, que no se agota en la denuncia del extractivismo, sino que cuestiona los fundamentos epistémicos y éticos del pensamiento moderno. La naturaleza no es para él un simple entorno a conservar, ni una reserva de recursos a explotar: es una forma de vida con sentido propio, una alteridad que interpela al ser humano y que exige ser reconocida en su dignidad. Así, la dicotomía entre Naturaleza y Cultura —presente en sus primeras formulaciones— se torna insuficiente, y es desplazada por una visión más compleja: "la tierra del presente es una tierra enferma, cubierta de males producidos por el hacer del homo faber moderno" [5].

Augusto Roa Bastos de adolescente. (Centro virtual cervantes)
Augusto Roa Bastos de adolescente (Centro Virtual Cervantes)

En esta crítica ecológica, Roa Bastos entrelaza lo ambiental, lo social y lo existencial, reconociendo que las formas de destrucción de la naturaleza están ligadas a estructuras de poder y a imaginarios civilizatorios coloniales. No hay ecología sin descolonización, sin una revisión profunda del modelo de desarrollo que ha sido impuesto sobre América Latina. Frente a ello, el autor reivindica la sabiduría de los pueblos originarios, sus modos de habitar el mundo y su relación respetuosa con lo viviente: "el indígena es el verdadero ecólogo de nuestros desestructurados sistemas de relación entre el hombre depredador y la naturaleza" [6].

La crítica se vuelve entonces también epistemológica: el saber occidental, tecnocrático y cientificista ha sido cómplice de la devastación, al reducir la vida a objeto de cálculo y a la tierra a un mecanismo explotable. En contraposición, Roa Bastos propone recuperar los lenguajes ancestrales, los mitos, las cosmovisiones y los afectos que han sido silenciados por el colonialismo epistémico. En La invasión destructora, señala con lucidez que la crisis ecológica actual es también una crisis simbólica, un colapso de los sentidos: "la realidad del horror aceptado, sublimado y que nos envuelve sin producir el menor rechazo" [7].

Casa de la administracion de la azucarera en Iturbe (elotropais)
Casa de la administracion de la azucarera en Iturbe (elotropais)

Frente a esta normalización de la catástrofe, el autor llama a una "toma de conciencia activa", capaz de detener el camino hacia el ecocidio. Pero advierte un rasgo inquietante de nuestra época: la incapacidad para imaginar alternativas. Puesto, que, como bien subraya "las grandes crisis históricas del pasado [...] originaron utopías de redención o de salvación. La actual crisis planetaria del medio ambiente ni siquiera ha alcanzado este nivel de reacción imaginativa" [8]. Este juicio abre un segundo viraje en su pensamiento: la constatación de que la devastación no es solo material, sino también poética, en el sentido profundo de una pérdida de la poiesis, de la capacidad de crear mundos posibles.

Esta ampliación del horizonte lleva a Roa Bastos a romper con el antropocentrismo. Ya no se trata solo de pensar la relación y/o contraposición entre cultura y naturaleza, sino de concebir una "ecología de la condición humana", como decíamos más arriba, lo ambiental, lo social, y lo existencial se entrelazan. La vida no tiene fronteras, dice: su destrucción tampoco. Así, la crisis ecológica aparece como una herida ontológica, una fractura en el tejido mismo de lo viviente, "degradación correlativa de ambos universos: moral y material, simbólico y físico" [9].

Roque Molinari Laurín, Hérib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Liber Fridman y Sila Godoy. (Libro Roa Bastos: vida, obra y pensamiento de Antonio Pe
Roque Molinari Laurín, Hérib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Liber Fridman y Sila Godoy (Antonio Pecci, Roa Bastos: vida, obra y pensamiento)

En este marco, la crítica ecológica se convierte en una forma de resistencia cultural. Roa Bastos articula una visión en la que la defensa de la naturaleza no es un gesto técnico ni caritativo, sino un acto de justicia. Justicia hacia la tierra, hacia los pueblos que la habitan, hacia las formas de vida excluidas por el proyecto moderno. En Hemos llegado al límite, lo expresa con claridad: "devolver a la naturaleza todo lo que de ella se ha sacado en uso abusivo y depredatorio; devolverle, sobre todo, el respeto, la veneración de lo sagrado, de su irrecusable derecho a la vida" [10].

En esa dirección, el compromiso ecológico debe partir de la cultura. Roa Bastos insiste en el papel de los escritores, los artistas y los pensadores como agentes de transformación: "la defensa y protección de sus fuentes deben partir de la cultura, de los hombres del pensamiento, de los científicos, de los artistas, de todos aquellos que tienen voz en este mundo" [11]. La ecología es aquí una responsabilidad colectiva, que interpela a todos los niveles de la sociedad, pero en particular a sus voces críticas, capaces de imaginar y de decir lo que ha sido silenciado.

Roa Bastos el dia en que reencontró el porton de su casa de infancia tras 52 años de ausencia (1994).
Roa Bastos frente al portón de su casa de infancia, 1994  (FB Fundación Augusto Roa Bastos)

Esta convicción lo lleva a apoyar e impulsar iniciativas como el Grupo de los Cien, conformado por escritores e intelectuales latinoamericanos comprometidos con la causa ambiental. Para Roa Bastos, el pensamiento no puede desentenderse de la vida, y la literatura tiene una función ética: la de abrir espacios para una imaginación transformadora, por eso enfatiza que "el planeta Tierra ha llegado a ser, en esta hora, un símbolo de lucha y de combate por la conservación de las fuentes de vida" [12]. Desde ahí, la escritura se convierte en un acto de resistencia frente a la lógica de la muerte.

Finalmente, su pensamiento converge en lo que podría llamarse una utopía crítica. No una ilusión irreal, sino una orientación posible, una brújula ética desde la cual repensar nuestra relación con el mundo. La ecología, en Roa Bastos, es un prisma desde el cual leer el poder, la cultura, la historia y el porvenir. En ella, la preservación de la vida no es un lujo ni una opción moral, sino una exigencia de justicia y de supervivencia. La tarea no consiste solo en detener la destrucción, sino en recomponer el lazo roto entre humanidad y mundo, entre memoria y porvenir, entre palabra y tierra.

Una conclusión que se bifurca

Augusto Roa Bastos se nos revela como un intelectual total cuya obra constituye un sistema de vasos comunicantes entre política, cultura y ecología. En Yo el Supremo, su obra cumbre, estos tres ejes alcanzan su síntesis más potente: la polifonía narrativa (cultura) desmonta los mecanismos del poder absoluto (política), mientras las imágenes recurrentes de la tierra violada (ecología) exponen el costo humano de la dominación. Esta tríada no es un esquema teórico, sino el testimonio de un pensamiento que hizo del exilio no solo un destino, sino un método para descolonizar la mirada.

Rincon Roa Bastos en Iturbe. (fb Zenoura)
Rincón Roa Bastos en Iturbe (FB Zenoura)

Su evolución —del nacional-popular al pluralismo democrático— muestra la coherencia profunda de quien asumió la duda como ética. Lejos de todo maniqueísmo, su fuerza reside en haber convertido las paradojas en potencia creadora: el burgués que abrazó a los oprimidos, el exiliado que escribió desde la memoria de su tierra, el escritor que cuestionó los límites de la literatura mientras la cargaba de urgencia social. En su obra, la defensa del pueblo originario y la denuncia del etnocidio son actos políticos; su ecología, una forma de justicia epistémica; su narrativa, un espacio donde lo silenciado vuelve a respirar.

Hoy, cuando el colapso ambiental y el resurgimiento global de autoritarismos nos interpelan, Roa Bastos nos deja un arsenal conceptual para resistir. Su legado no es un monumento, sino una caja de herramientas: la memoria como antídoto contra el olvido programático, el bilingüismo como desafío al pensamiento único, la tierra como sujeto de derechos. Nos recuerda que toda literatura verdadera es un acto de insubordinación simbólica, y que en el Paraguay profundo —ese laboratorio de todas las contradicciones latinoamericanas— laten alternativas para habitar un mundo más justo. Su voz, hecha de las grietas de la historia, sigue interrogándonos: ¿cómo escribir cuando el lenguaje ha sido secuestrado? ¿Cómo sembrar futuros en medio del desastre? En esa pregunta abierta —tan incómoda como necesaria— reside su desafío perdurable.

 

Notas

[1] La tesis doctoral de Terra Morosino (2021) sostiene que en la literatura roabastiana fluye una sensibilidad ecocrítica, perspectiva que dialoga directamente con los planteamientos desarrollados en este apartado. Cfr. Morosino, T. J. (2021). A prospecção de um oikos roabastiano: ecocrítica, metaliteratura e dualidade em pauta [Tesis doctoral, Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul]. PUCRS."

[2] Roa Bastos, A. (2017). "Los grandes cementerios bajo la luna". En, Ecología y cultura. Servilibro. 

[3] Roa Bastos, A. Íbid. 

[4] Roa Bastos, A. Íbid. 

[5] Roa Bastos, A. (2017).  "Federación Americana de Entidades Ecológicas". En, Ecología y cultura. Servilibro. 

[6] Roa Bastos, A. (2017). "Los grandes cementerios bajo la luna", op. cit. 

[7] Roa Bastos, A. (2017). "La invasión destructora". En, Ecología y cultura. Servilibro. 

[8] Roa Bastos, A. Íbid.

[9] Roa Bastos, A. Íbid. 

[10] Roa Bastos, A. (2017). "Hemos llegado al límite". En, Ecología y cultura. Servilibro. 

[11] Roa Bastos, A. Íbid.

[12] Roa Bastos, A. Íbid.

 

* Raúl Acevedo es docente e investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Es director del Centro de Investigaciones en Filosofía y Ciencias Humanas (CIF-Paraguay), miembro del comité editorial de la revista Apóstasis, de la Red Iberoamérica Foucault y del Consejo editorial del Celapec (México). Es gestor cultural en Filosofía en movimiento. Su interés gira alrededor de la filosofía contemporánea, los estudios culturales y el pensamiento crítico paraguayo.

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