Desde los orígenes del teatro se puede apreciar la presencia de la figura femenina en roles que progresivamente han ido adquiriendo mayor importancia. Si bien, en sus inicios, los papeles femeninos en las piezas teatrales (tragedias y comedias) fueron interpretados por hombres debido a problemas morales y de conservadurismo. Con el correr de los tiempos, la figura de la mujer va teniendo cada vez más fuerza en la escena, encarnando una voz viva, fuerte, luchadora, interpelando a la sociedad en la cual le toca vivir.
Como ejemplos de esta evolución (solo por citar algunos) tenemos grandes obras que ofrecen una profunda crítica a la condición de la mujer dentro de una cultura machista, cuestionando su condición con relación a los mandatos sociales de su época. Henrik Ibsen (Casa de muñecas), Bertolt Brecht (La madre, Madre Coraje) y, a nivel de la lengua española, Federico García Lorca, aborda en su temática la condición femenina y social, denunciando la represión machista y manipuladora que sufren las mujeres, asumiendo una postura crítica de su contexto social. Anna Cappelli se inscribe en esa tradición, destacando la crítica a la condición femenina en la contemporaneidad.
Marcando presencia en las tablas
Afortunadamente los tiempos y las posturas van cambiando y las mujeres hoy en día han asumido un lugar de empoderamiento y disenso, a través del cual pueden hacer sentir sus voces, hacer sentir su mundo, ese mundo tan sensible, tan particular, tan intuitivo y tan rico que poseen. Tanto a nivel de personajes, como de intérpretes, las mujeres han sido una fuente inagotable de inspiración y de talento.
A nuestra gran maestra de educación por el arte, Olga Blinder, le preguntaron en una conferencia a quién consideraba la mejor artista del país. Ella dijo: "Para referirme a la mejor artista del paí, debo hablar del ama de casa paraguaya, quien debe crear con la nada, quien debe levantar una familia con un esfuerzo, manejando un delicado equilibrio de sus miembros con un mínimo de apoyo económico, que nunca falte la comida en sus mesas y que siempre estén mínimamente limpios y bien vestidos; esa es la artista que yo admiro".
En Paraguay tenemos un destaque de primerísimas figuras de la escena, de hombres y sobre todo mujeres que han marcado toda una época, desde el teatro popular al teatro de sala (o llamémosle, más convencional).

El teatro popular se representa en sectores donde a veces ese otro teatro no llega y permite conectar con la problemática de nuestro país, esa problemática tan variada, identitaria de las diversas regiones, con sus matices culturales, que varían de un lugar a otro. Esto se logra, en gran medida, con nuestras obras en guaraní y jopará. Siempre el teatro, y sobre todo las mujeres (actrices o personajes), han marcado un pulso fuerte para poder captar lo qué está pasando en nuestra sociedad.
Un autor italiano
Hoy, particularmente, quiero hablar de una obra que pertenece a Annibale Ruccello, un autor italiano oriundo de Nápoles, que marcó presencia a nivel de la segunda parte del siglo XX. El teatro de Ruccello tiene una característica distintiva: Fue un dramaturgo con un gran conocimiento de antropología cultural y con un gran involucramiento con la cultura italiana, sobre todo de la zona sur.
¿Por qué hablo de todo esto? Porque fue un autor que solo vivió 30 años; infelizmente su vida terminó en un accidente automovilístico. Pero queda su obra como testimonio de un aporte importante para analizar y reflexionar sobre la condición humana.
Esta obra unipersonal, Anna Cappelli, ha sido de gran difusión, e inclusive premiada; se ha llevado al teatro con grandes actrices y hoy podemos verla en Paraguay con un equipo artístico de primerísimo nivel, que nos traslada al mundo de este personaje, aparentemente sin ninguna característica particular resaltante, pero que vamos conociendo a través del desarrollo de la obra. Es sumamente interesante esa retroalimentación que hay entre su personalidad, su forma de ver la vida y la convivencia dentro de un mundo bastante duro, sobre todo por su condición de mujer, en el cual tiene que tratar de insertarse buscando una manera de poder realizar sus propios sueños en un tiempo determinado de su juventud.
La calidad de la obra realmente nos lleva a un viaje profundo a través de lo que va aconteciendo en la vida de esta joven, pero lo más interesante son las diversas lecturas que nos presenta. Al llegar al final de la pieza, nos quedamos con una reflexión instalada en nosotros y nos preguntamos: ¿Qué pasó? ¿Sucedió? ¿Solo se imaginó? ¿Esto que vimos fue parte de sus sueños y de sus pesadillas? Y ahí viene el aporte interesante de un texto donde el espectador tiene que ser responsable de la interpretación de lo que vio, y cuando la obra es rica, yo diría que cada espectador hace su propia interpretación y se vuelve motivo de debate, de discusión, de reflexión y de ver de qué manera esta obra, que se escribió en 1980 pero que transcurre en la Italia de 1960, hasta hoy sigue teniendo mucha vigencia.

Me interesa particularmente el teatro que tiene personajes de rica psicología. ¿Por qué? Porque me apasiona ver cómo el individuo y su entorno están involucrados y cómo somos parte de un medio, de una lucha o de una aceptación, del contexto en el cual nacimos y que de alguna manera tiende a determinarnos y crear guiones preestablecidos para nuestras vidas. Desde su inicio hasta el final, la pieza no da tregua para el aburrimiento o para el tedio. Ya en relación con la puesta voy a hablar de qué es lo que va a recibir el espectador que presencie esta obra.
Sueños, libertad, independencia
Anna Cappelli es una obra que narra la historia desde la voz de su protagonista: una chica de clase media, de una población pequeña, que vive con su familia y decide independizarse para cumplir sus sueños. Todo parece muy prometedor, hasta que Anna se enfrenta a la vida real. Tenemos que ser claros: siempre la libertad y la independencia tienen un costo. A veces muy alto. Anna lo entiende y trata de acomodarse y manejar las circunstancias dentro de sus posibilidades, sin descartar su capacidad de soñar. Pero estos sueños, de alguna manera, se ven afectados por los factores sociales, como la búsqueda de su hombre. Dentro de una cultura machista una pareja otorga a las mujeres seguridad y respeto, por más que ellas luchen por ser independientes. En segundo lugar, está la presión social ejercida por los padres y las ciudades pequeñas, además de la posibilidad de subir de status, de poseer.
Anna Cappelli es un personaje cuyo origen sugiere una falta de cuidado parental. Tiene dos hermanas que son, de alguna manera, las únicas referencias familiares. Ellas, inclusive, invaden su espacio en el hogar de sus padres, ya que Anna los visita pocas veces al año. Al perder el sentido de propiedad de su casa familiar, Anna sueña con sustituirla por un pequeño reino creado por ella. Por supuesto que su pequeño reino conlleva también la presencia de su hombre, el poder manejar las situaciones que se presentan y la capacidad de materializar sus carencias. Todo esto desarrolla una marcada idea de poder y posesión.
Esta evolución aparece en la obra de una manera muy inteligente y sutil. La acción se desarrolla en varios espacios temporales y las situaciones avanzan de forma solapada, y disfrazada. Se establece una relación de acuerdos donde ambas partes "transan" para poder estar juntas. La trama se va complicando y prefiero que quienes asistan vayan descifrando, ya que se trata realmente de todo un trabajo de evolución psicológica del personaje que resulta maravilloso, hasta llegar a un final que, creo, nadie espera.
Durante toda la obra, el espectador es atrapado, encantado, seducido, hechizado por la actriz. Antonella Zaldívar nos revela el mundo interior de Anna Cappelli: sus luces, sus sombras y sus frustraciones, apoyándose en una serie de símbolos y recursos que le añaden un valor inmenso al texto, que se potencia muchísimo gracias al apoyo de un equipo de excelentes profesionales, empezando por la actriz y el director de quienes hablaré oportunamente.

El mundo sonoro a cargo de Rodrigo Quintás realmente es de un nivel de calidad cinematográfica. El diseño y manejo de atmósfera a través de la iluminación corresponde a Martín Pizzichini, reconocido por la excelencia en su oficio. El vestuario funcional, adecuado, exacto, correctísimo. Hay un solo mobiliario, pero su uso es muy particular ya que nos va dando sorpresas permanentes con la aparición de elementos que van completando los diferentes momentos de la escena.
Realmente es un espectáculo que se armó de una forma muy meticulosa. El escenario es lineal, el espectador está sentado a ambos lados de un espacio central en donde se van creando diferentes microclimas, a veces con dispositivos escénicos, a veces con el apoyo de las luces o el sonido. Todo está absolutamente medido.
Sobre la actriz y el director
Generalmente, actores, actrices y directores buscan las obras posibles para montarlas. Pero a veces hay obras que buscan a sus intérpretes para poder existir en la escena. Anna Cappelli llegó a Antonella Zaldívar.
Cuando Antonella, descendiente de italianos, se iniciaba en el teatro, revisando obras breves italianas encuentra el fragmento de un texto de un joven dramaturgo que estaba dando que hablar en Italia. Le llamó mucho la atención porque era la escena final (los que asistan a la obra podrán entender por qué despertó tanto interés en ella). A partir de ese momento se pone a la cacería del texto completo, lo manda a traducir y empieza a entrar en una relación simbiótica con el mismo; es un texto que no la dejaba, que no se despegaba de ella y que la viene acompañando en diferentes momentos de su vida artística. Para esta tercera versión (Antonella encarnó en otras dos oportunidades al personaje, con las direcciones de William Valverde y Rosa Morelli respectivamente) ofrece la dirección a Diego Mongelós y logran un ensamblaje de talentos que es una explosión. Realmente, son momentos privilegiados cuando se conjugan una obra, un actor o una actriz, un director y un equipo seleccionado por los mismos que le da toda la contención y la base al trabajo.
Antonella Saldívar, es una actriz profesional graduada en Paraguay, que tuvo la oportunidad de estudiar en grandes escuelas del extranjero, como la ACT Multimedia (Accademia Cinema e Televisione), de Cinecitta, en Roma, y Lee Strasberg Theatre & Film Institute, en Nueva York. Uno de los elementos de ese método de Strasberg es la seducción, la seducción no como algo frívolo o como algo exhibicionista sino la seducción en cuanto a la actitud del actor, a los recursos que tiene él mismo para lograr que el personaje descienda a su cuerpo y a su voz y se haga visible a través de cada gesto, de cada detalle.
María Horner, docente especializada en el método Strasberg que estuvo hace varios años por Paraguay trabajando con alumnos de El Estudio y con alumnos de la EMAD (varios actores actuales han tomado taller intensivo con ella), decía que la sensibilidad de lo que ocurre en la escena la tiene que ir sintiendo el espectador. Eso es lo que notamos en el espectáculo desde el comienzo hasta el final; un trabajo de orfebrería en el que desde la primera imagen sentimos que vamos entrando al mundo de Anna; una imagen que evoca un personaje místico pero con particularidades muy especiales que cobran un valor de símbolo dentro de toda la obra.

La puesta maneja muchos símbolos y muchos recursos de anticipación, elementos y situaciones de las cuales se habla o se manipula y que posteriormente vemos ubicados en otro espacio, en otro momento y con otro uso distinto.
Durante todo el espectáculo vemos cómo el personaje de Anna se va transformando y cómo el trabajo vocal de Antonella en ese personaje va sufriendo cambios, en los matices, en los tonos, en el manejo de las velocidades, en los susurros, como se va haciendo un camino en ese proceso que sufre Anna, en esa parte de su vida que es bastante particular y apasionante.
Antonella, quien tiene el don de una voz fuerte, potente y clara, tuvo la suerte además de contactar con la dirección de Diego Mongelós, director, actor y docente de interpretación. Mongelós tiene formación universitaria en arquitectura, lo que se traduce en el manejo de la dosificación del espacio, de las circulaciones y de los niveles de forma magistral, empleando estos elementos de una manera particularmente interesante.
La propuesta es un trabajo que exige un gran esfuerzo. Puedo imaginar el rigor en el proceso de ensayos para llegar a un purismo de la actuación que ojalá disfrutemos más a menudo en nuestras escenas. Lo vemos de tanto en tanto, pero cada vez estamos apuntando más hacia un teatro comercial, inmediato, frívolo. A veces hay espectáculos armados —lo que decía Stella Adler, la gran formadora norteamericana— con actores instantáneos, actores que surgen, están un tiempo y después desaparecen.
Creo que tanto Antonella como Diego Mongelós tienen clarísimo que su espacio de celebración de la vida es la escena, que lo que hacemos en ella no es solo un oficio, es una ceremonia, y hay que hacerlo con todo el rigor que merece.
Un escenario hay que pisarlo cuando el actor o la actriz merezcan hacerlo. La responsabilidad sociocultural que tenemos al estar en la escena es inmensa; la mochila que tenemos cargada detrás, muy grande. Nuestra misión es del tamaño del mundo, no tiene límites; nuestra misión es universal. Podemos ir a Asia, podemos ir a África, que en la escena vamos a encontrarnos todos. ¿Por qué? Porque existe el alma universal del trabajador de la escena. Porque simplemente es nuestro espacio en el mundo.
Nota de edición: Las funciones serán el domingo 7, el sábado 13 y el domingo 14 de diciembre, a las 20:00 horas, en el auditorio de Casa Mayor (Malutin 263, Asunción).
* Agustín Núñez es arquitecto, actor, director y docente. Con más de cincuenta años de trayectoria, es considerado una figura central del teatro nacional. Fundador de instituciones formativas y creador de numerosas puestas, su labor tuvo un rol decisivo en el desarrollo de la escena contemporánea del Paraguay.