El cartismo arrancó el actual periodo legislativo con 20 senadores propios y luego fue sumando tránsfugas de otros partidos hasta alcanzar 24 votos en un Senado de 45 bancas, lo que le daba una mayoría automática cómoda para aprobar proyectos sin depender de la oposición. En ese esquema de fuerza se integraron figuras como Norma Aquino, conocida como "Yamy Nal", y Javier "Chaqueñito" Vera, que abandonaron Cruzada Nacional para alinearse con Honor Colorado y el oficialismo, además de otros aliados colorados que consolidaron el control del movimiento de Horacio Cartes sobre la Cámara Alta.
Ese equilibrio, sin embargo, empezó a resquebrajarse con los escándalos internos y las disputas por cargos y espacios de poder dentro del propio movimiento.
El caso Yamy Nal: primer golpe a la hegemonía
El primer quiebre fuerte se produjo con la crisis de Norma Aquino. Los audios que la vincularon con negociaciones de cargos, reparto de dinero y venta de votos detonaron una ofensiva interna: la propia bancada de Honor Colorado impulsó la pérdida de su investidura. El 17 de septiembre de 2025, el Senado resolvió por unanimidad la expulsión de Aquino, alias "Yamy Nal", mientras que Javier Vera fue suspendido por 60 días sin dieta. En su lugar juraron Walter Kobylanski y Gladys Mendoza, ambos de Cruzada Nacional, que anunciaron públicamente que no se alinearían con el cartismo y se sumarían al bloque opositor.
Con esa movida, el Partido Colorado (Honor Colorado más colorados aliados) mantuvo 23 escaños, pero perdió los votos extra que había ganado gracias a los pases de Aquino y Vera. En los hechos, el oficialismo quedó con 22 votos efectivos en votaciones ajustadas, lo que ya lo obligaba a negociar con sectores independientes o dialoguistas para asegurar mayorías. Ese episodio marcó el fin de la aplanadora perfecta: el cartismo dejó de tener el cheque en blanco que había disfrutado durante el primer tramo del gobierno de Santiago Peña.
La estampida de Núñez, Noria y Galeano
El segundo golpe llega ahora con la fuga de tres senadores que hasta hace poco integraban la bancada de Honor Colorado: Carlos Núñez Agüero, Alfonso Noria y Erico Galeano. Los tres comunicaron su alejamiento del movimiento oficialista, tras semanas de tensiones y reclamos internos. Según las crónicas parlamentarias, Núñez ya había anticipado su salida por su abierta confrontación con el ministro del Interior, Enrique Riera, a quien responsabiliza de supuestos negociados y enriquecimiento irregular en torno al uso del polígrafo y la gestión policial.
Tras la renuncia de Núñez, se produjo una estampida dentro de Honor Colorado: Noria y Galeano decidieron acompañarlo y anunciaron la conformación de una bancada independiente de tres miembros. En el caso de Alfonso Noria, ex gobernador de Canindeyú, su salida se vincula a la disputa por espacios de cara al 2028 y a su acercamiento al senador Luis Pettengill y al ex vicepresidente Hugo Velázquez, que trabajan en un proyecto disidente dentro de la ANR, así como a sus roces con el director de la DNIT, Óscar Orué. Erico Galeano, por su parte, enfrenta un proceso judicial por presunto lavado de dinero en el marco del operativo A Ultranza Py, y hasta ahora no se conoce públicamente una explicación política detallada de su alejamiento, más allá del creciente malestar con el liderazgo de Honor Colorado en el Senado.
Cuántos eran y cuántos son: la matemática del poder
Los recuentos de las crónicas legislativas permiten reconstruir el mapa numérico del cartismo en la Cámara Alta. El movimiento arrancó el periodo con 20 senadores propios. Con la incorporación de tránsfugas de otros partidos, entre ellos Norma Aquino y Javier Vera, llegó a manejar 24 votos, lo que constituía mayoría propia y le permitía funcionar como una aplanadora en el Senado. Tras la expulsión de Aquino y la suspensión de Vera, el Partido Colorado, sumando Honor Colorado y aliados, quedó con 23 escaños, pero solo 22 votos efectivos en las votaciones más sensibles, al perder el apoyo adicional que le daban esos dos senadores.
Con la salida de Carlos Núñez, Alfonso Noria y Erico Galeano, el oficialismo ve reducida esa base en tres votos más, quedando en torno a 19 voluntades firmes, considerando que el Partido Colorado sigue teniendo 23 curules, pero con una parte ya abierta y disidente. En síntesis, el movimiento que llegó a controlar hasta 24 votos en el Senado hoy opera con aproximadamente 19 votos seguros, lo que confirma que sigue siendo la bancada más numerosa, pero ya no tiene la mayoría automática que le permitía imponer leyes sin negociar.
Un oficialismo obligado a negociar
La pérdida de esa mayoría automática tiene efectos directos en la agenda legislativa. En los últimos días ya se vieron síntomas claros: la oposición y sectores disidentes aprovecharon un descuido del cartismo en la Comisión de Hacienda para dejar sin presupuesto el alquiler de máquinas de votación para el TSJE, reabriendo el debate sobre el retorno a las papeletas y denunciando un presunto direccionamiento en la licitación.
En paralelo, el cartismo tuvo que maniobrar para bloquear debates incómodos, como la supuesta vulneración de las máquinas de votación y la interpelación al titular del Indert, pero ya no lo hace desde una posición de fuerza incontestable, sino midiendo cada ausencia y cada disidencia interna.
El nuevo bloque de Núñez, Noria y Galeano se suma a otras bancadas coloradas disidentes que ya venían tomando distancia del cartismo y hoy se convierten en piezas clave para inclinar la balanza en votaciones ajustadas. Entre esas disidencias figuran sectores liderados por Pettengill, Blanca Ovelar, Óscar "Cachito" Salomón, Juan Afara y el clan Samaniego.
El propio Honor Colorado como principal amenaza
Los análisis coinciden en que el principal factor de debilitamiento del cartismo no es la oposición, sino sus propias fracturas internas. El caso Yamy Nal mostró el costo político de los escándalos y la utilización de tránsfugas para inflar mayorías, mientras que la ruptura con Núñez, Noria y Galeano expone la tensión entre el Gobierno, la conducción del Senado y los proyectos personales de cara al 2028.
El movimiento Honor Colorado sigue controlando la Presidencia del Senado, una amplia red de comisiones y la mayor bancada colorada, pero ya no tiene asegurado el sí automático en el plenario. Cada sesión se vuelve una prueba de fuego para el liderazgo de Natalicio Chase en la Cámara Alta y para la capacidad de Horacio Cartes y Santiago Peña de contener a sus propios senadores.
En este nuevo escenario, el oficialismo debe aceptar una regla que había intentado evitar durante los primeros meses de gestión: sin mayoría automática, no hay aplanadora, y el costo político de cada proyecto dependerá de su capacidad de negociar con una oposición revitalizada y una disidencia colorada cada vez más organizada.






