Presupuesto de Educación para 2026 crece, pero irá a salarios y no a infraestructura

El proyecto de Presupuesto General de la Nación para el 2026 asigna un incremento al sector educativo, con el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) como principal receptor. Sin embargo, al analizar los números en detalle, se confirma que la mayor parte de los recursos se destinará nuevamente a cubrir salarios y obligaciones corrientes, dejando poco margen para infraestructura, innovación y calidad educativa.

28 Septiembre de 2025
28 Septiembre de 2025
Aulas precarias es la constante en las comunidades de varios departamentos del país.
Aulas precarias es la constante en las comunidades de varios departamentos del país. Foto: @observatorio.org.py

Según el Ministerio de Economía y Finanzas, el MEC tendrá un presupuesto cercano a G. 12,6 billones, un aumento respecto al 2025. En términos oficiales, se habla de un crecimiento de 6% frente al presupuesto vigente de este año, aunque si se compara con el monto originalmente proyectado para el 2025, el incremento real ronda apenas el 2%. La diferencia radica en la base de comparación, lo que evidencia cómo se comunican los números para mostrar un mayor esfuerzo fiscal de lo que realmente existe.

Este incremento, aun siendo positivo, no representa un salto significativo para un sistema educativo que enfrenta déficits históricos. El propio MEC admite que el grueso de los recursos irá destinado a salarios de docentes, ajustes por inflación y regularización de escalafones.

Educación atrapada en sueldos

El problema central persiste: cerca del 90% del presupuesto del MEC se destina a remuneraciones. Esto significa que apenas un 10% queda disponible para programas estratégicos como kits escolares, gratuidad de la educación media, materiales didácticos o inversiones en infraestructura. Con una estructura tan "salarizada", resulta difícil pensar en transformaciones profundas en la calidad de la enseñanza.

El aumento en salarios, aunque legítimo y esperado por el gremio docente, no se traduce automáticamente en mejores aprendizajes ni en aulas en mejores condiciones. Miles de locales escolares requieren reparación urgente, pero los recursos asignados para este fin siguen siendo insuficientes.

Universidades y becas: más necesidades que respuestas

Las universidades nacionales también reciben incrementos, pero en la misma lógica: el peso de los salarios domina la ejecución. La Universidad Nacional de Asunción concentra el mayor presupuesto del sistema, superando G. 1,8 billones, mientras que otras casas de estudios como la Universidad Nacional del Este apenas superan los G. 150 mil millones.

El debate de la nivelación salarial en el sector universitario sigue abierto. El Consejo de Rectores ha advertido que la falta de inversión en investigación y desarrollo limita la competitividad del país en formación superior. El aumento previsto para 2026 no responde a estas demandas estructurales.

Por su parte, el programa de becas al exterior (BECAL) mantiene recursos en torno a los G. 29 mil millones, lo que permite dar continuidad a la política de formación de capital humano avanzado. Sin embargo, sigue siendo una proporción mínima frente al total del presupuesto educativo.

Un crecimiento insuficiente ante desafíos mayores

El Gobierno defiende que la educación es uno de los sectores "estratégicos" dentro del PGN 2026. No obstante, la magnitud de los desafíos supera con creces la capacidad de respuesta de los números presentados.

La brecha de infraestructura escolar, la falta de innovación pedagógica y tecnológica, y la débil inversión en formación de docentes hacen que el aumento, aunque positivo en términos absolutos, parezca apenas un ajuste inercial para sostener la estructura actual.

El dilema político y social

Con este presupuesto, el Ejecutivo busca mostrar un compromiso con la educación, pero las cifras demuestran que la apuesta es más conservadora que transformadora. El sector educativo paraguayo sigue atrapado en un círculo de aumentos salariales que consumen casi todo el margen fiscal, sin que esto implique avances reales en calidad, equidad o modernización.

La pregunta de fondo queda abierta: ¿es posible hablar de una "priorización de la educación" cuando casi no se invierte en aquello que realmente puede cambiar la experiencia de los estudiantes en el aula?

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