Paraguay entre los países con mayor inflación alimentaria de América Latina
Mientras el Gobierno del Paraguay sostiene un discurso de estabilidad económica y baja inflación, los datos del informe "Food Security Update" del Banco Mundial, publicado el 13 de junio de 2025, muestran una realidad alarmante: Paraguay figura como el tercer país con mayor inflación alimentaria de América Latina, detrás únicamente de Venezuela y Argentina, dos economías marcadas por crisis profundas y sostenidas.
En un contexto regional donde muchos países han logrado contener o incluso revertir la inflación en alimentos, el caso paraguayo llama poderosamente la atención: no solo se mantiene alta, sino que es persistentemente elevada durante más de un año.
Una inflación sostenida y silenciada
El informe del Banco Mundial expone que Paraguay registró una inflación alimentaria interanual del 4,3% en mayo de 2025, con picos anteriores de 6,4% en marzo y 9,3% en julio de 2024. Esta continuidad en los aumentos de precios coloca al país en una posición incómoda y revela que la población paraguaya paga cada vez más por productos básicos como arroz, leche, pan y verduras, incluso cuando los precios internacionales de esos mismos productos han caído.
La paradoja es contundente: el informe evidencia que los precios globales de cereales, aceites y productos agrícolas han disminuido, pero los consumidores paraguayos no ven reflejadas esas bajas en las góndolas. Esto sugiere problemas estructurales en la transmisión de precios, altos costos logísticos y una débil política de control de precios internos.
Un país atrapado entre cifras y realidades
El Banco Mundial aclara en su reporte que en muchos países de ingresos medios y bajos, como Paraguay, la inflación de alimentos supera a la inflación general. De hecho, destaca que en el 60% de los países monitoreados, la población sufre una inflación alimentaria real que no se ve reflejada en los índices agregados de inflación.
En ese sentido, el caso paraguayo se convierte en ejemplo emblemático de esta disociación, con una inflación de alimentos que erosiona el poder adquisitivo de los sectores populares mientras los discursos oficiales minimizan la situación.
El relato oficial y el aumento salarial que no alcanza
Pese a las advertencias técnicas, el Poder Ejecutivo aprobó recientemente un aumento del salario mínimo de apenas G. 100.739, basado en un índice de inflación que incluso el propio presidente Santiago Peña reconoció como desfasado respecto al costo real de la canasta básica. Aún así, esta medida se presenta como una respuesta a la pérdida del poder adquisitivo, cuando en la práctica resulta insuficiente frente al ritmo sostenido del alza de precios de los alimentos.
Comparación regional: Paraguay en el podio equivocado
Los datos que ofrece el Banco Mundial ubican a Paraguay por encima de países que enfrentan mayores crisis estructurales. Bolivia, con una inflación alimentaria del 23,9% en abril de 2025, México con 3,6%, Colombia con 3,3%, y Brasil con 7,8%, todos están por debajo del nivel paraguayo en varios meses del último año.
Lo que agrava aún más el panorama paraguayo es que se mantiene en los primeros puestos del ranking regional sin estar bajo ninguna crisis política o social grave, como sí ocurre en Argentina o Venezuela. Es decir, los datos sugieren que el problema no es externo ni coyuntural, sino interno y estructural.
El costo de la inacción
El informe del Banco Mundial no señala directamente a Paraguay en sus recomendaciones, pero sus conclusiones generales aplican con fuerza: sin una política pública eficaz para asegurar la transmisión de precios internacionales, mejorar la logística interna y proteger a los consumidores más vulnerables, la inflación de alimentos seguirá siendo un factor de empobrecimiento silencioso.
Además, se destacan estrategias que podrían ser adoptadas por el país: inversión en infraestructura de transporte, fortalecimiento de cadenas de suministro, monitoreo real de precios internos y políticas de protección social más efectivas.
Informe que desmonta el relato
El documento del Banco Mundial no solo contradice el relato oficial sobre inflación controlada, sino que coloca a Paraguay en el centro de una advertencia seria sobre seguridad alimentaria y erosión del bienestar social. La desconexión entre los precios globales y los locales, sumada a la debilidad de las respuestas estatales, genera un cóctel que deteriora silenciosamente la calidad de vida.
Los datos son claros y provienen de un organismo externo e independiente: Paraguay está pagando más por comer, en un contexto global que debería permitirle pagar menos.



