El expresidente de la República, Nicanor Duarte Frutos, compartió un emotivo testimonio de fe durante su participación en el programa "Salvando Vidas", donde reflexionó sobre el papel que tuvo la religión en su trayectoria política y personal, así como la influencia de su esposa, Gloria, en momentos decisivos de su vida.
Durante la entrevista, Duarte Frutos recordó los días previos a las elecciones presidenciales que lo llevaron al Palacio de López y relató que su campaña atravesaba una situación económica crítica a pocos días de los comicios.
"Estábamos cuatro o cinco días antes de las elecciones presidenciales y no teníamos más plata. Yo no hice ningún pacto con grandes contratistas ni con grupos dominantes del poder estatal", expresó.
Según contó, en medio de la incertidumbre, su esposa llevó un mapa del Paraguay a la casa familiar y le propuso realizar una oración para pedir la ayuda de Dios.
"Gloria trajo un mapa del Paraguay, lo puso en el piso y me dijo: 'Vamos a orar sobre el mapa, pidiéndole a Dios que se haga su voluntad y que nos provea'. Oramos y llegaron colaboraciones que nos permitieron enfrentar con poca plata las elecciones nacionales y ganar las presidenciales", relató.
A partir de esa experiencia, el exmandatario afirmó que su llegada a la Presidencia no puede explicarse únicamente desde una perspectiva política o económica.
"Si uno tiene fe y cree en Dios, mi ascenso al poder no podría explicarse más allá de un milagro. Mi llegada a la Presidencia puede decirse que fue un milagro de Dios", manifestó.
Duarte Frutos sostuvo además que fue el primer presidente paraguayo en llegar al poder sin pertenecer a grupos económicos, empresariales o militares influyentes. En ese sentido, recordó sus orígenes familiares y destacó que proviene de un hogar humilde.
"Mi mamá era modista y mi papá un comisario rural. Nosotros venimos de ahí", señaló.
Durante su reflexión, también advirtió sobre los riesgos de alejarse de la fe y reemplazarla por otros valores que, según dijo, terminan convirtiéndose en ídolos.
"Cuando nos apartamos de Dios absolutizamos cosas que no son absolutas, como el dinero, la vanidad, el placer o el poder. Terminamos idolatrando cosas que no tienen valor absoluto", expresó.
Finalmente, el expresidente se definió como un hombre creyente, aunque reconoció sus propias imperfecciones. "Yo también soy un hombre de fe. Creo, pero soy un pecador. Dios sabe mi corazón", concluyó.
Duarte Frutos invitó a los presentes a elevar una oración por el Paraguay y por el futuro de la nación, destacando la importancia de la fe y los valores espirituales en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.