Análisis

Municipales: La oposición ante el desafío del liderazgo

Sin figuras fuertes que ordenen, movilicen y conecten emocionalmente con el electorado, los partidos opositores llegan a las municipales con desventaja estructural frente a un Partido Colorado que combina recursos, aparato y control territorial.
Alianza "Unidos por Asunción". Web.

A meses de las elecciones municipales, la oposición vuelve a enfrentarse a un problema recurrente: la falta de liderazgos capaces de competir en igualdad de condiciones con el Partido Colorado. Más allá de los programas, las alianzas o las encuestas, el terreno político sigue marcado por una asimetría profunda en recursos económicos, presencia territorial y capacidad de movilización.

Para la historiadora y analista política Milda Rivarola, este desequilibrio no se corrige con discursos técnicos ni con estrategias de laboratorio. Su diagnóstico es directo: sin figuras carismáticas, incluso con rasgos de caudillismo, la oposición difícilmente logre traducir el descontento social en victorias electorales concretas.

El caudillo como factor decisivo

Rivarola sostiene que la política paraguaya sigue funcionando bajo una lógica personalista, donde el liderazgo fuerte pesa más que la estructura partidaria. En ese marco, relativiza el valor de las encuestas, a las que considera herramientas poco fiables en un país donde el voto se define más por identificación emocional, cercanía y capacidad de arrastre que por intención declarada.

Según su análisis, pueden existir candidaturas bien posicionadas en mediciones de opinión, pero eso no garantiza resultados en las urnas si no hay una figura que ordene, entusiasme y movilice. "Lo que funciona es el caudillo", resume la analista, aludiendo a liderazgos que construyen un relato claro y se plantan como alternativa real al poder establecido.

El ejemplo de Ciudad del Este

En ese sentido, Rivarola destaca el caso de Miguel Prieto, a quien señala como uno de los pocos dirigentes opositores que logró romper la hegemonía colorada a partir de un liderazgo fuerte, confrontativo y con identidad propia.

La experiencia de Ciudad del Este, según la historiadora, demuestra que el aparato oficialista puede ser derrotado cuando existe una figura capaz de capitalizar el hartazgo ciudadano, construir épica política y sostener presencia constante en el territorio. No se trata solo de gestión, sino de liderazgo político en sentido pleno.

Clases sociales, género y electorado

Rivarola también analiza los perfiles sociales de algunos candidatos que asoman en el escenario municipal. Señala que figuras como Soledad Núñez y Camilo Pérez comparten un origen de clase alta, lo que limita su capacidad de conexión con amplios sectores populares. En el caso de Pérez, advierte que su condición de hombre y su vínculo con el empresariado joven pueden jugarle a favor dentro del electorado tradicional colorado.

Este punto abre otro debate de fondo: la dificultad de la oposición para construir liderazgos diversos y representativos, especialmente en términos de género. Para la analista, la ausencia de mujeres en las fórmulas más competitivas no es un dato menor, sino una señal de una política que sigue reproduciendo viejas lógicas de poder.

Municipales como antesala del 2028

Más allá del corto plazo, Rivarola proyecta el escenario hacia las presidenciales de 2028. En su lectura, una eventual dupla opositora integrada por Miguel Prieto y Mario Abdo Benítez podría convertirse en una opción competitiva frente al cartismo, respaldado por el poder económico y político de Horacio Cartes.

Sin embargo, insiste en que cualquier construcción electoral que aspire a disputar el poder debe resolver antes su déficit de liderazgo y su fragmentación interna. Las municipales, en ese sentido, serán un laboratorio clave para medir si la oposición logra ordenar su discurso, consolidar figuras y convertir el malestar social en fuerza política organizada.

El riesgo de otro ciclo perdido

El llamado final de Rivarola es claro: si la oposición no replantea su estrategia y no apuesta a liderazgos con volumen político real, el Partido Colorado podría volver a consolidar su dominio tanto en el plano local como nacional. El descontento existe, pero no alcanza por sí solo. Sin conducción, el enojo social se diluye y termina beneficiando, una vez más, al oficialismo.

En un país donde la política sigue girando alrededor de nombres propios más que de siglas, el desafío opositor no pasa solo por sumar partidos, sino por construir figuras capaces de disputar poder en serio. Las municipales dirán si esta vez la lección fue aprendida o si el diagnóstico vuelve a repetirse, elección tras elección.