Asunción atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente. La capital, endeudada, sucia y con una gestión institucional debilitada, arrastra los efectos de una administración marcada por denuncias, renuncias y sospechas de corrupción.
El exintendente Óscar "Nenecho" Rodríguez abandonó el cargo acorralado por denuncias administrativas y políticas, antes de ser destituido en un proceso de intervención que terminó con un informe lapidario sobre el manejo municipal. Lo que quedó fue una ciudad financieramente quebrada y un aparato estatal local en ruinas.
Este contexto —donde la ciudadanía exige una renovación seria y transparente— colocaba a la oposición en una posición privilegiada. Por primera vez en años, tenía la posibilidad real de disputar con fuerza la intendencia de Asunción frente al Partido Colorado. Pero, lejos de consolidar esa ventaja, la alianza opositora comenzó a mostrar fisuras prematuras.
La alianza que nació con promesas de unidad
"Unidos por Asunción" surgió como una apuesta ambiciosa para aglutinar a los principales sectores no colorados en torno a una candidatura única. La idea era clara: evitar que la dispersión de votos vuelva a entregar la capital al oficialismo.
Durante las primeras semanas, los discursos de los referentes parecían coincidir en un punto: la unidad era innegociable. Soledad Núñez, Johanna Ortega, Kattya González y Agustín Saguier —cada uno desde su espacio— coincidían en que la única forma de dar batalla era conformando un frente coherente y con una agenda común.
Sin embargo, a medida que avanzaron las conversaciones, comenzaron a filtrarse diferencias sobre los mecanismos para definir al candidato único. Las discusiones pasaron del plano estratégico al personal y, poco a poco, lo que debía ser un bloque compacto se transformó en una mesa llena de recelos y desconfianzas.
Las señales de tensión
Soledad Núñez propuso que la definición del candidato surja de encuestas de posicionamiento, con el argumento de que la ciudadanía debe tener la última palabra. Su planteamiento buscaba un proceso ágil, medible y abierto, pero fue interpretado por otros sectores como un intento de adelantarse a los acuerdos internos.
Desde el Partido País Solidario, Johanna Ortega ratificó su voluntad de seguir en carrera, aunque sin romper el frente opositor. Aseguró que acompañará al mejor posicionado, pero también reclamó que la alianza defina de una vez por todas un mecanismo transparente. Su mensaje fue una mezcla de firmeza y advertencia: la unidad no puede ser un eslogan, debe ser un compromiso real.
Mientras tanto, el liberal Agustín Saguier denunció que algunos sectores están "intentando imponer una candidatura" y acusó a la dirigencia de incumplir los acuerdos asumidos en la mesa de coordinación. Su postura generó malestar dentro del PLRA y dejó al descubierto las tensiones que subyacen entre los distintos partidos de la oposición.
En paralelo, Kattya González —quien en un principio sonaba como una de las figuras con mayor respaldo ciudadano— decidió dar un paso al costado. Argumentó que su prioridad es la unidad y no la ambición personal, aunque sus movimientos dejaron un vacío simbólico en un frente que pierde referentes mientras aún discute reglas.
Un bloque sin brújula
La oposición se enfrenta, una vez más, a su peor enemigo: la descoordinación.
Las declaraciones cruzadas y los gestos contradictorios muestran que la construcción de un consenso real parece lejos de concretarse. La alianza, que nació con promesas de madurez política, empieza a parecerse más a un tablero de disputas que a un proyecto de reconstrucción ciudadana.
El problema no es solo de nombres, sino de estrategia. Cada candidato defiende su propio método de selección y su propio ritmo, mientras la ciudadanía asiste a un espectáculo repetido: el de una oposición que no logra comprender la urgencia del momento histórico.
Porque si algo dejó en claro el derrumbe de la administración colorada, es que Asunción necesita una refundación institucional, un liderazgo capaz de ordenar las finanzas municipales y de restituir la confianza de los contribuyentes. La crisis dejó heridas profundas, y el oficialismo, pese a su desgaste, conserva la maquinaria electoral más aceitada del país.
En ese escenario, la dispersión opositora no solo debilita las chances de victoria, sino que reabre el camino para que el Partido Colorado retenga el poder municipal, incluso con un candidato de bajo perfil.
Una oportunidad histórica que se desvanece
La coyuntura es única: un oficialismo cuestionado, una ciudadanía harta de la corrupción y una capital que clama por gestión. Todo parece alineado para que la oposición dé un golpe de timón. Pero la falta de cohesión, los egos partidarios y la incapacidad de acordar mecanismos básicos amenazan con desperdiciar ese momento.
Asunción podría ser el punto de inflexión político que permita a la oposición consolidar un proyecto alternativo nacional. Sin embargo, cada día que pasa sin una definición común es un día ganado por el oficialismo.
La historia reciente ofrece una lección dolorosa: mientras el Partido Colorado sabe unirse para ganar, la oposición sigue buscando unirse para discutir.
Y si no logra entender que la oportunidad política también tiene fecha de vencimiento, la capital del país volverá a caer, una vez más, en manos de quienes la llevaron al borde del colapso.
Contexto electoral y desafíos de la alianza
De acuerdo con el calendario del Tribunal Superior de Justicia Electoral, las elecciones internas simultáneas de los partidos y movimientos políticos para los comicios municipales se realizarán el domingo 7 de junio de 2026. Las elecciones municipales generales, en las que se elegirán intendentes y concejales en todo el país, están previstas para el domingo 4 de octubre de 2026.
En ese marco, la oposición tiene un desafío adicional: no cuenta con internas formales dentro de la alianza "Unidos por Asunción". A diferencia del Partido Colorado —que dispone de una estructura partidaria sólida, con padrón propio y mecanismos consolidados para definir candidaturas—, la alianza opositora debe todavía establecer cómo elegirá a su representante para la capital.
La falta de un proceso interno regulado implica que los partidos deberán acordar un método alternativo, ya sea a través de encuestas, debates públicos o consensos políticos, a fin de evitar una "candidatura de maletín" y garantizar una decisión democrática que refleje la voluntad real de los electores que no acompañarán al oficialismo.
El tiempo, sin embargo, no juega a su favor: los plazos corren, y la ciudad espera que la oposición esté a la altura de una coyuntura histórica que podría redefinir el futuro político de Asunción.




