Juventud convierte hartazgo en advertencia para autoridades
Miles de jóvenes y ciudadanos de todas las edades salieron este domingo a exigir transparencia, justicia y atención a la salud, educación y seguridad. La movilización "Gen Z Paraguay" emerge como un llamado genuino desde las bases, sin partidos ni caudillos políticos, y se convierte en una advertencia directa a las autoridades sobre la urgencia de dar respuestas a las grandes falencias que golpean a la ciudadanía, en un contexto marcado por el escrache y hasta un ataque con una botella que sufrió el propio presidente Santiago Peña el viernes pasado.
Un domingo que despierta esperanzas
La tarde del domingo 28 de septiembre de 2025 quedará marcada en la memoria política del Paraguay como el día en que un movimiento juvenil autoconvocado decidió tomar las calles del microcentro de Asunción para manifestar un hartazgo profundo. Bajo el nombre de "Generación Z Paraguay" —o simplemente "Gen Z"—, miles de personas convergieron frente al Congreso y en rutas adyacentes para expresar su queja: un rechazo de la corrupción, la impunidad y la crisis institucional que golpea sectores como la salud, la educación, la seguridad y el acceso a la justicia.
Lo que distingue a esta movilización no es sólo su volumen, sino su carácter aparentemente espontáneo y sin filiación partidaria declarada. Los organizadores insistieron en que no responden a ningún partido, no reciben financiamiento de ONGs ni de fuerzas políticas, y que buscan dejar claro que el movimiento es ciudadano.
El momento también conlleva riesgos y tensiones: un despliegue policial masivo, puntos de control, detenciones, acusaciones de infiltrados y una fuerte vigilancia del espacio público. Esa dualidad —la convocatoria pacífica frente al riesgo de represión o distorsión— define el pulso del día.
Los actores detrás del grito: ¿Quién es "Generación Z Paraguay"?
Aunque no es un movimiento con una estructura rígida conocida, "Generación Z Paraguay" ha sido retratado como un conjunto de jóvenes que se organizaron a través de redes sociales para canalizar un descontento latente. Uno de los nombres que ha emergido como portavoz principal es Alexia Doldán, quien sostuvo que el movimiento es pacífico, autónomo y no responde a estructuras políticas tradicionales.
Doldán ha enfatizado que no hay financiamiento externo, que la movilización será estrictamente pacífica y que el país carece de liderazgo, pues la clase política ha fallado en responder a demandas básicas de la ciudadanía. También señaló que no se trata de un listado de quejas, sino de la voluntad de articular un proyecto donde la vida de cada persona sea el fin y no el beneficio de unos pocos.
El movimiento habilitó voluntarios de primeros auxilios, scouts y pastorales juveniles para acompañar la marcha y mitigar riesgos. Otro nombre que circuló en medios fue el de Piero Molas, uno de los promotores iniciales, aunque luego se distanció de la organización tras polémicas en redes sociales. Para distintos analistas, el movimiento es una cita con la historia, una generación que despierta frente al desgaste institucional y la crisis moral del país.
Principales demandas
El reclamo de la "Generación Z" apuntó a varios frentes. La corrupción y la impunidad fueron los temas centrales, con un fuerte pedido de investigación sobre los escándalos políticos recientes. La salud también ocupó un lugar clave, con llamados a equipar hospitales y garantizar el acceso digno al sistema público. En educación, exigieron un presupuesto adecuado y condiciones dignas en las escuelas. La seguridad y la justicia no quedaron fuera, al denunciar la falta de efectividad policial y la impunidad judicial. Finalmente, se insistió en la necesidad de instituciones transparentes y abiertas, y en el derecho de los jóvenes a tener espacios reales de participación en las decisiones que afectan al país.
Estas consignas muestran que el reclamo no es fragmentado, sino que apunta a una crisis sistémica que afecta a toda la ciudadanía. La consigna más repetida fue clara: no se trata de un grito aislado, sino de un llamado a transformaciones profundas.
Crónica de la movilización
La convocatoria establecía el inicio a las 16:00 frente al Congreso Nacional en la Plaza de Armas. Desde temprano, los primeros grupos llegaron a la zona y, con el correr de la tarde, se fueron sumando más personas. El despliegue policial, sin embargo, fue masivo y generó malestar entre los presentes, que lo interpretaron como un intento de intimidación.
Cuando los manifestantes intentaron avanzar por la calle Presidente Franco hacia el Congreso, encontraron barreras policiales. En ese contexto se produjeron los primeros incidentes: la detención de un joven de 22 años por portar una mancuerna y un cuchillo de mesa. Luego se reportaron más aprehensiones, con la incautación de cachiporras, honditas, balines de vidrio y cortahierros. Las autoridades justificaron el procedimiento en nombre de la seguridad, pero para muchos ciudadanos se trató de medidas desproporcionadas.
Al verse impedidos de llegar al Congreso, los manifestantes se reorganizaron y marcharon por la calle Palma hasta concentrarse frente al Panteón de los Héroes. Allí permanecieron varias horas, entonando cánticos y consignas como "la plata alcanza cuando no se roba" y "no somos el futuro, somos el presente". El ambiente fue mayormente pacífico, aunque la tensión se mantuvo latente por la presencia policial. La cantidad de asistentes osciló, según distintas estimaciones, entre unas 400 personas y varios miles.
Una advertencia para las autoridades
El mensaje que dejó la movilización no se limita al desahogo juvenil. Se trata de una advertencia seria dirigida a quienes detentan el poder. La ciudadanía, encabezada por jóvenes, está perdiendo la paciencia ante la corrupción y la falta de respuestas. Esa advertencia ya se había hecho sentir apenas dos días antes, cuando el presidente Santiago Peña fue escrachado por una paciente del IPS, que no sólo lo increpó en público sino que terminó arrojándole una botella. Un hecho sin precedentes que refleja el hartazgo de los ciudadanos comunes frente a la ineficiencia del sistema y la falta de soluciones reales.
El escrache al presidente, sumado a la masiva marcha del domingo, configuran un escenario nuevo y desafiante: la desafección ya no se queda en las redes sociales ni en el discurso. Se materializa en actos concretos, en la calle, en símbolos de resistencia y en reacciones directas contra los máximos representantes del poder político.
Interpretación y efectos
La movilización de este domingo puede considerarse histórica más por su cualidad simbólica que por el número de participantes. La irrupción de jóvenes sin vinculación partidaria, organizados a través de redes sociales y con un discurso que interpela a toda la clase política, representa un fenómeno inédito en la escena reciente del país. Es un mensaje claro de que la juventud no está dispuesta a seguir siendo espectadora de la corrupción y las carencias.
El desafío ahora será la sostenibilidad del movimiento. Si logra mantenerse en el tiempo y evitar la cooptación por parte de partidos, podría transformarse en una fuerza de presión real sobre las instituciones. El riesgo, en cambio, es que quede reducido a un episodio aislado o que sea distorsionado por intereses políticos. Lo cierto es que el precedente ya está marcado: los jóvenes demostraron que pueden autoconvocarse y que su voz puede sacudir al poder.




