El economista y exministro de Hacienda Manuel Ferreira cuestionó la falta de claridad en el enfoque oficial, advirtió que el problema es de gestión y gasto, y alertó que el ajuste podría terminar afectando directamente a la ciudadanía.
Un giro abrupto en el discurso económico
El anuncio de una economía de guerra encendió las alertas en el análisis económico, no solo por el contenido de la medida, sino por la contradicción con el relato que venía sosteniendo el propio Gobierno.
"Me llama la atención que el discurso era de que todo estaba bien, que todo era color de rosa y de repente nos encontramos con una economía de guerra", afirmó Ferreira al analizar el cambio de escenario.
En entrevista con El Nacional, el economista remarcó que este giro no solo genera dudas, sino que obliga a preguntarse por las verdaderas causas del problema fiscal y la forma en que se está encarando.
Dudas sobre cómo se aplicará el ajuste
Uno de los principales cuestionamientos del exministro apunta a la falta de claridad sobre cómo se implementará esta política de austeridad.
"Realmente no me queda muy claro lo que significa", sostuvo, al tiempo de advertir que el margen de recorte es limitado dentro del actual presupuesto estatal.
Ferreira explicó que existen rigideces difíciles de modificar y planteó que el ajuste podría trasladarse a áreas más sensibles ante la imposibilidad de recortar compromisos como el pago de la deuda, las transferencias o la inversión pública.
Riesgo directo sobre servicios públicos
El economista fue contundente al advertir que una economía de guerra podría traducirse en una menor provisión de bienes y servicios por parte del Estado.
"Posiblemente, la provisión de menor cantidad de bienes del Estado a los particulares será una constante", señaló.
Y fue aún más directo al ejemplificar el impacto al advertir que "vas a los hospitales y no encontrás medicamentos; este tipo de situaciones podrían agravarse con un escenario como este".
La advertencia apunta a un efecto concreto, ya que el ajuste fiscal podría sentirse primero en áreas críticas como la salud.
El problema no es la economía, sino el gasto
Ferreira también puso el foco en el origen de la situación actual, descartando que se trate de un fenómeno inesperado o exclusivamente externo.
"Esto da mucho que pensar, porque en el origen del problema está la respuesta. Y ese origen es un exceso de gasto en temas que no hacían falta", sostuvo.
En ese sentido, cuestionó decisiones que incrementaron el gasto público sin respaldo sostenible, como la ampliación del programa de adultos mayores, que elevó su costo a unos 400 millones de dólares, así como el programa Hambre Cero, con un costo cercano a 370 millones de dólares, además de la caída de ingresos previstos vinculados a energía y tipo de cambio.
Según su análisis, el problema no es solo la caída de ingresos, sino un crecimiento del gasto que no fue acompañado por financiamiento sólido.
Errores de previsión y señales contradictorias
Otro punto crítico señalado por el economista es la falta de previsión en variables clave, como el tipo de cambio.
Ferreira cuestionó que el presupuesto haya sido elaborado con una proyección del dólar muy por encima de la realidad actual, lo que impactó directamente en los ingresos fiscales.
A esto se suma una contradicción de fondo entre un discurso previo de crecimiento, grado de inversión y dinamismo económico, y la adopción repentina de un esquema de ajuste extremo.
Para el exministro, este contraste revela fallas en la planificación económica.
Un ajuste sin margen y con costo social
El análisis de Ferreira deja una conclusión clara, el margen de maniobra del Estado es limitado y cualquier ajuste tendrá consecuencias.
El economista advirtió que, en un contexto de alta rigidez presupuestaria y en un año electoral, las opciones de recorte son escasas, lo que incrementa el riesgo de que el impacto recaiga en la calidad de los servicios públicos.
Además, sostuvo que el Gobierno difícilmente logre cumplir con la meta de déficit establecida en la Ley de Responsabilidad Fiscal, lo que evidencia un desajuste más profundo en las cuentas públicas.
Una economía de guerra sin definición clara
Más allá del término, el cuestionamiento de fondo apunta a la falta de precisión en la política económica.
Para Ferreira, el concepto de economía de guerra no solo es ambiguo, sino que deja más dudas que certezas sobre el rumbo fiscal.
El resultado, según su análisis, es un escenario donde no está claro dónde se ajustará, no hay margen suficiente para recortes sin impacto y el costo podría trasladarse directamente a la ciudadanía.
En ese contexto, el economista insiste en que la solución no pasa por medidas improvisadas, sino por un enfoque más claro y estructural sobre el gasto y la gestión del Estado.



