El mensaje difundido en redes sociales señalaba que "la embajadora Gisele Mousqués de Filártiga" recibió el saludo del mandatario y de toda la comitiva presidencial, acompañando el texto con fotografías y videos de la celebración realizada en la sede diplomática paraguaya en Taiwán.
La actividad contó con la presencia de Peña, el canciller Rubén Ramírez Lezcano, el jefe de Gabinete Civil, Javier Giménez, además de otros integrantes de la misión oficial que viajó al país asiático la semana pasada en el marco de la agenda bilateral con el Gobierno taiwanés.
El episodio generó controversia debido a que Mousqués no ocupa ningún cargo diplomático ni función oficial dentro del servicio exterior paraguayo. Su presencia en la embajada corresponde únicamente a su condición de esposa del embajador Darío Filártiga, por lo que el uso del término "embajadora" desde una cuenta institucional fue interpretado como un exceso y motivó fuertes cuestionamientos en redes sociales y sectores políticos.
La polémica también reavivó críticas sobre el manejo protocolar y el uso de espacios oficiales para actividades de carácter privado, considerando además que el cumpleaños fue celebrado en medio de una visita presidencial.
Otro aspecto que volvió a quedar bajo la lupa fue la participación activa de Mousqués en la cobertura y difusión de la gira oficial. En grupos de WhatsApp utilizados para distribuir información de Presidencia, la experiodista había compartido mensajes relacionados con la llegada de Santiago Peña a Taiwán, utilizando expresiones protocolares reservadas habitualmente para funcionarios oficiales.
La abogada Alejandra Peralta reaccionó públicamente al episodio y cuestionó la utilización de cuentas oficiales para otorgar títulos o atribuciones inexistentes. Señaló que algunos sectores políticos actúan como si los cargos públicos fueran hereditarios y advirtió sobre la naturalización de privilegios dentro del entorno familiar de las autoridades.
Las críticas se suman además a la controversia que ya había rodeado la designación de Darío Filártiga como embajador paraguayo en Taiwán. Su nombramiento generó rechazo de organizaciones de derechos humanos debido a su pasado vinculado al stronismo, ya que fue secretario privado de Sabino Augusto Montanaro, uno de los hombres más temidos de la dictadura de Alfredo Stroessner.
Filártiga también ocupó la presidencia del IPS durante el gobierno de Luis González Macchi, gestión marcada por denuncias de irregularidades administrativas y cuestionamientos sobre el manejo de la previsional. Posteriormente se convirtió en dirigente político cercano al expresidente Horacio Cartes, desempeñándose como secretario político y miembro de la Junta de Gobierno de la ANR.
La situación abrió nuevamente el debate sobre los límites del protocolo oficial, el uso de recursos estatales y la exposición de familiares de autoridades dentro de actividades institucionales de alto nivel.