Mientras las familias sienten en el bolsillo el impacto de cortes cada vez más caros, el sector frigorífico asegura que no fija valores en el mercado interno y que Paraguay, como potencia exportadora, simplemente traslada al país los precios internacionales sin capacidad de influir en ellos.
El precio de la carne bovina continúa siendo uno de los puntos más sensibles para el consumidor paraguayo. Se trata de un producto central en la canasta básica y en la mesa cotidiana, pero desde hace meses los valores se mantienen elevados, generando malestar en hogares que deben ajustar gastos para sostener el consumo.
En ese contexto, el sector frigorífico salió al paso de cuestionamientos sobre una eventual incidencia directa en la formación de precios. La Cámara Paraguaya de Carnes, que nuclea a las principales industrias exportadoras, defendió el funcionamiento del mercado y rechazó la hipótesis de control de precios o de conductas colusorias dentro de la cadena.
La postura del gremio se produce tras un análisis del mercado de la carne bovina que confirmó la existencia de concentración tanto en el eslabón productivo como en el industrial. Aunque reconocen que la información es relevante para entender la estructura del sector, los frigoríficos sostienen que los datos no prueban manipulación de precios y que el mercado opera bajo la lógica de una economía abierta.
Según su argumentación, Paraguay es un "tomador de precios". Es decir, no fija valores sino que recibe y traslada las cotizaciones internacionales. Desde el sector aseguran que existe una transmisión intensa y sistemática de los precios globales hacia el ganado en gancho y hacia el mercado interno, lo que explicaría la evolución de los valores que paga el consumidor.
El peso de la exportación
El perfil exportador del negocio es uno de los principales argumentos esgrimidos. Paraguay produce alrededor de 640 mil toneladas de carne bovina al año y de ese volumen unas 420 mil toneladas se destinan al exterior. Esto equivale al 65,9% de la producción total.
Con esos números, el país ocupa el puesto 12 como productor mundial y se ubica entre los diez mayores exportadores de carne bovina. En proporción exportada, incluso figura en el cuarto lugar a nivel global, solo por detrás de Nueva Zelanda, Uruguay y Australia.
Desde el gremio explican que esta fuerte orientación al comercio internacional consolidó al sector como altamente integrado a los mercados externos. El salto es significativo: en 2005 el porcentaje exportado rondaba el 38% y hoy se sitúa en torno al 64%, impulsado por la expansión y modernización del parque frigorífico en un entorno que describen como de libre competencia.
Dependencia de precios externos
La Cámara insiste en que, debido a este alto grado de integración, el desempeño del mercado cárnico paraguayo está condicionado por la oferta y demanda globales. Afirman que el país no posee capacidad significativa para influir en las cotizaciones internacionales y que, en consecuencia, los valores internos reflejan esa realidad.
Sin embargo, para el consumidor la discusión técnica sobre si el país es o no formador de precios queda en segundo plano frente a una preocupación concreta: el precio que se paga en la carnicería o en el supermercado. En un escenario donde la carne representa un componente clave del gasto familiar, la percepción de falta de claridad sobre cómo se estructura la cadena y cómo se trasladan los valores internacionales al mercado local mantiene abierto el debate.
Mientras los frigoríficos buscan despegarse de cualquier señalamiento sobre fijación de precios y atribuyen la situación a factores externos, la tensión entre éxito exportador y accesibilidad interna continúa siendo uno de los temas más sensibles para la economía doméstica.



