Se acerca la Navidad y el humor de la gente cambia rápidamente. Los comercios tratan de hacer su tradicional "agosto“ para sacar provecho del aguinaldo de la gente y obtener la mayor venta posible, claro, de la gente trabajadora y sufrida que, por lo menos, verá su sueldo intacto y enterito para disfrutar de un pan dulce, una sidra bien fría y una rica comida paraguaya.
Los que viajan y esperan servirse el famoso vitel toné son otra cosa, no esperan el aguinaldo ni les interesa nada de lo que le ocurra al de “a pie”. Con la millonada que recibirán como aguinaldo, suplementos extras y regalos caros, ya no les sobrará tiempo para empatizar con el miserable que deambula por las calles. Me refiero a los que viven de las ubres (tetas) del Estado, los que se creen impolutos, los que lucran con los recursos de una nación rica, pero empobrecida.
Ni me atrevo a describir cómo sería la Nochebuena de los que hace unos días ganaron las internas realizadas recientemenete: nuevamente fue una elección de quién tiene más plata y, lo fatídico, la plata coronó a un “significativamente corrupto” para dirigir, en este caso, a la ANR. El efecto cascada también les llegó a los que tienen una foja oscura en la administración del dinero público, quienes se atornillarán nuevamente al Congreso.
Se recuerda cada navidad el nacimienro de Jesús, que casualmente nació en Belén, porque al rey Herodes se le antojó censar a la gente; estimo que en esa época los encuestadores eran más confiables y hacían sus tareas diligentemente, y no como en nuestra alicaída República, donde todo lo que hace un gobierno torcido, sale mal.
El nacimiento del niñito Jesús representa el inicio de una nueva vida, con esperanzas. En nuestro caso, en el país de la tierra colorada, se avecinan tiempos difíciles para el año 2023 en el plano sociopolítico y económico de acuerdo a mi oráculo personal, pues las alternativas que emergieron de estas internas no traerán el ansiado cambio a la nación, sino una ingobernabilidad sin precendentes en la historia del país.
Es imposible que en una nación medianamente educada tenga gobernantes que están siendo observados constantemente por los EE. UU., "aliado y amigo de Paraguay". Esta situación, bajo todo sentido, es frustrante y decepcionante para cualquier individuo que piense racionalmente. ¿Es esto lo que nos traerá el niñito? ¿Ingobernabilidad, peleas diarias, atraso, blanqueamiento a los amigos? Ojalá que no.
Esperemos que el espíritu navideño se sienta en estos tiempos aciagos, a pesar de todo, y que todos pasemos rodeados de los amigos, seres queridos y pensemos, claro, si nos queda un poco de hueco, en el país que queremos para nuestros hijos, nietos y ancianos.
Aprovecho este espacio para agradecer a todos mis lectores que lo largo de estos dos años de la existencia del diario digital El Nacional me acompañaron con los comentarios y reflexiones sobre mis artículos, entrevistas y transmisiones en vivo que fueron publicadas en el diario.
Hago extensivo mis saludos y deseos a mis colegas del diario y directivos.
¡Feliz Navidad!
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