El dólar volvió a instalarse en el centro de la conversación económica en Paraguay, aunque esta vez por motivos distintos a los tradicionales. Como ocurre cada diciembre, el consumo aumenta, los viajes se multiplican y los hogares ajustan sus presupuestos. Sin embargo, en lugar de presionar al alza el tipo de cambio, la cotización volvió a retroceder y hoy ronda los 6.752,21 guaraníes, llegando a niveles del año 2022, según el Banco Central. Este comportamiento contradice el patrón habitual de fin de año y sorprendió incluso a los actores más experimentados del mercado.
A lo largo del 2025, el dólar atravesó cambios abruptos que modificaron varias veces las expectativas. En los primeros meses, entre enero y mayo, se mantuvo firme en la franja de 7.800 a 8.000 guaraníes, un nivel alto que transmitía estabilidad. En ese momento, muchos analistas anticipaban un recorrido ascendente, previéndose un aumento de hasta 8200 guaraníes, impulsado por un consumo interno todavía dinámico y un escenario internacional incierto.
Sin embargo, a partir de julio el panorama cambió de forma inesperada. La cotización comenzó a ceder y, entre julio y agosto, marcó la caída más pronunciada del año. En pocas semanas, el dólar descendió hasta niveles cercanos a los 7.300 guaraníes, el punto más bajo del período. Ese movimiento modificó las expectativas y abrió una etapa de cautela, en la que el mercado comenzó a reevaluar sus supuestos.
Con septiembre llegó un período de estabilidad relativa. El tipo de cambio se movió dentro de un rango estrecho, entre 6.900 y 7.100 guaraníes, lo que reflejaba un equilibrio frágil entre oferta y demanda. Aunque algunos operadores creían que diciembre impulsaría un repunte, los datos no acompañaron esta hipótesis. Por el contrario, el dólar volvió a retroceder en las últimas semanas y llegó hasta los 6.600 guaraníes en las casas de cambio minoristas, y 6.700 guaraníes en el mercado mayorista, muy alejado de la previsión de 7.050 a 7.100 guaraníes que se tenía a inicio de mes.
Este comportamiento se explica, en parte, por la solidez de la oferta de divisas. Las exportaciones de carne mantuvieron un desempeño robusto durante el año, mientras que productos como el maíz y los derivados de soja también aportaron ingresos importantes. Si bien la soja en grano registró una caída en volumen, el flujo total de divisas permaneció elevado. Esto permitió abastecer al mercado sin tensiones significativas.
A la vez, la inflación interna se mantuvo controlada, dentro del rango del Banco Central (4,10% interanual a octubre). Gracias a ello, la política monetaria no sufrió sobresaltos y se redujo la presión cambiaria. Con precios internos más estables y sin ajustes fuertes en las tasas, la necesidad de refugiarse en dólares fue menor. En otras palabras, la estabilidad monetaria contribuyó a sostener la fortaleza del guaraní.
El consumo interno también jugó un papel relevante. Aunque hubo sectores que mostraron dinamismo, la demanda no alcanzó la intensidad del primer semestre. Esto limitó la presión de los importadores sobre el mercado cambiario. Además, un real brasileño relativamente estable ayudó a que el guaraní mantuviera firmeza, reduciendo así los incentivos para movimientos bruscos.
En el frente internacional, las tasas altas en Estados Unidos continuaron influyendo sobre los mercados emergentes. Sin embargo, esa influencia fue moderada en las últimas semanas, lo que permitió cierta calma en el flujo de capitales. Además, la volatilidad de los precios de algunos commodities no generó impactos suficientes como para alterar de manera abrupta la dinámica local.
Con este conjunto de factores, diciembre llegó con un dólar débil y sin señales claras de recuperación inmediata. Aun así, el mercado no descarta un leve movimiento al alza en las próximas semanas, impulsado por la demanda estacional. Sin embargo, la magnitud de ese posible ajuste sería limitada si la oferta de divisas sigue siendo abundante y el contexto externo no cambia de manera abrupta.
De cara al primer semestre del 2026, la mirada se dirige hacia el comportamiento del sector primario, específicamente el agro. Entre febrero y mayo comienza a ingresar con más fuerza el flujo de divisas de la cosecha gruesa, lo que históricamente favorece la estabilidad cambiaria. Si los precios internacionales acompañan y el clima no afecta la producción, la oferta de dólares podría aumentar aún más en ese período.
Sin embargo, no todo dependerá del campo. Luego del pago de aguinaldo y las vacaciones de verano, suele darse un repunte del consumo interno, especialmente en comercio y servicios. Si ese repunte es significativo, la demanda de importaciones podría aumentar y, con ello, la presión sobre el tipo de cambio. Por esta razón, el equilibrio entre mayor oferta agrícola y mayor demanda interna será clave para determinar la trayectoria del dólar en los primeros meses del año.
Además, la política monetaria seguirá siendo un elemento determinante. Mientras el Banco Central mantenga tasas de interés elevadas, el atractivo de invertir en guaraníes continuará frenando la dolarización y moderando la demanda de divisas. Este efecto actúa como un ancla que limita cualquier repunte significativo del tipo de cambio, salvo que se produzca un shock externo o una caída abrupta en el ingreso de dólares. En la práctica, las tasas altas reducen el margen de maniobra del dólar y ayudan a explicar por qué la cotización permanece en niveles bajos pese a la cercanía del verano y del incremento habitual del consumo.
El escenario internacional seguirá siendo un factor central. Las decisiones de la Reserva Federal, los flujos hacia mercados emergentes y el comportamiento del real brasileño pueden generar ajustes rápidos. En este sentido, aunque no se prevé un salto abrupto del tipo de cambio, tampoco se espera un semestre completamente quieto. El mercado continuará reaccionando a cada señal relevante.
Frente a este panorama, las decisiones de los ahorristas e inversionistas requieren prudencia. Con un dólar bajo pero sin una dirección definida, las compras graduales siguen siendo más sensatas que las adquisiciones masivas. Mantener parte del ahorro en guaraníes a través de instrumentos financieros de bajo riesgo y buena rentabilidad permite conservar liquidez en caso de que la dinámica cambiaria vuelva a moverse. Para quienes tienen gastos en el exterior, el contexto actual no garantiza previsibilidad, por lo que conviene evitar compromisos a largo plazo y priorizar decisiones flexibles que puedan ajustarse si el tipo de cambio cambia de rumbo.
La combinación de diversificación, flexibilidad y compras escalonadas se perfila como la estrategia más adecuada para atravesar un mercado sin dirección definida. En un año marcado por la volatilidad y las sorpresas, distribuir los ahorros según objetivos específicos reduce riesgos y mejora la capacidad de adaptación ante cambios repentinos. Al final, más que intentar predecir un precio puntual, lo importante es construir una posición que resista distintos escenarios.
El 2025 cerrará como un año atípico para el dólar en Paraguay. Comenzó alto y estable, atravesó una caída más profunda de lo esperado y terminó el año en niveles sorprendentemente bajos, incluso en diciembre. Con la cotización actual en torno a los 6.752,21 guaraníes y un 2026 que se perfila con señales mixtas, la clave será mantener estrategias equilibradas que permitan enfrentar un mercado cambiario cambiante sin grandes sobresaltos. En tiempos de incertidumbre, la prudencia y la planificación siguen siendo la mejor defensa para el bolsillo.
El autor es estudiante de Economía - Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción