El tema de la exsenadora Kathya González ha adquirido ribetes internacionales, ya que el cuerpo diplomático acreditado en el país ha expresado públicamente su apoyo a la exsenadora. Entiendo que es la primera vez que el cuerpo diplomático se expone abierta y frontalmente en apoyar una cuestión doméstica de índole netamente política.
Aunque lo saludable de esto es que estos diplomáticos abogan por la vigencia del Estado de Derecho, como lo harían en cualquier país donde estuvieran. También se puede hacer otra lectura, además de lo expuesto, como por ejemplo que Paraguay, como país soberano, estaría cediendo terreno en cuestiones domésticas.
Aún está en la retina de muchos paraguayos cuando el embajador de los EE. UU. en forma recurrente convocaba a conferencias de prensa para informar quiénes estarían en la lista de acusados de ser significativamente corruptos. Esta acción por parte del gobierno de los EE. UU. ha molestado a la clase política, especialmente a la oficialista, pues se entendía que era una intromisión en los asuntos internos del país.
A propósito de esto, un senador estadounidense visitó la semana pasada al presidente Peña, y en un hueco durante una conferencia de prensa, un avezado periodista aprovechó para realizar una pregunta concreta sobre el espinoso tema de la intromisión en los asuntos internos del país, a lo que el senador respondió: "Esos son temas internos, esto es una democracia, esto es una república y eso le corresponde a los votantes y al pueblo de este país".
Diplomáticamente, la respuesta fue acertada y no hay dudas de su legitimidad, no obstante se tejen diversas teorías sobre por qué los EE.UU. repentinamente vuelca un mayor interés en Paraguay, un país pequeño de apenas 6 millones y pico de habitantes (insisto en esta cifra, de acuerdo al último censo realizado) que poco o nada podría influir en la trayectoria política de los EE. UU., pero hay que destacar que Paraguay es clave por su situación geográfica y sus recursos naturales que aún no están siendo explotados como se debiera.
En cuanto al apoyo de la Comunidad Europea (CE), también es importante visibilizar, pues esta comunidad ha estado apoyando a Paraguay hace ya varios años. En los últimos tiempos, la CE ha estado en el ojo de la tormenta por el apoyo de una cifra importante a la educación del país.
Paraguay debe aprender a caminar de forma independiente sin la ayuda de fuerzas exteriores, especialmente en los asuntos internos del país, pero lamentablemente la corrupción generalizada ha hecho que este Paraguay dependa de los consejos de países con más experiencia en el transitar democráticamente y así resolver sus problemas domésticos.
No estoy muy seguro si este fenómeno se da en otros países de nuestra región, como Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay o Chile, en los que el cuerpo diplomático se manifiesta directamente sobre problemas domésticos.
A nivel local, cuando ocurre alguna situación en la cual se pone en duda la soberanía del país, los políticos y los nacionalistas románticos gritan al cielo que la soberanía debe respetarse a cualquier precio. Pero la pérdida de soberanía no es solamente que naciones externas puedan meter sus narices en el país, sino también la actitud entreguista en las que los grupos políticos que llegaron al poder desde el advenimiento de la democracia.
En 35 años, estos políticos de esta raleada democrática se han encargado de explotar al pueblo, lesionando sus derechos universales como la justicia, salud, libertad de expresión y otros elementos declarados universalmente.
Y de yapa, estos héroes políticos reaccionan de forma agresiva cuando se les señalan sus errores en los respectivos gobiernos que han pasado en estos 35 años de transición democrática.
El caso de la exsenadora fue el detonante para reordenar la casa, para que los poderes del Estado vayan recuperando su independencia con el fin de articular y apoyar proyectos sustentables para el país. Es la señal que los poderes estaban esperando para reaccionar. A modo de ejemplo, el ministro de la Corte Suprema de Justicia, Víctor Ríos, se ha manifestado también y ha dado sus aclaraciones técnicas sobre los últimos acontecimientos que, en cierta manera, han puesto en jaque a todos los poderes, y especialmente que se ha visibilizado la fragilidad como los poderes de la república están funcionando, y todo por permitir que la corrupción haya permeado en casi todas las entidades del Estado.
El tumor de la corrupción debe ser extirpado antes de que se expanda más y deje a este país como al nivel de un país empobrecido africano o quizás como Venezuela, actualmente.
La tarea de cada paraguayo de bien es denunciar la corrupción, esté donde esté y sin importar el cargo que ocupe.
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