¿Qué paso contigo, Paraguay? ¿Estamos atrapados por la codicia? Podría parecer que estas preguntas no guardan relación con el tema de estas líneas, dedicadas a la celebración de la Semana de los Pueblos Indígenas, pero como suele suceder, la realización de estas jornadas facilitó la riqueza de intercambios de pensamiento con los representantes de los pueblos indígenas, quienes nos dejan una vez más su preocupación, ya que varios afirmaron que nuestros vicios y crímenes también penetraron en sus vidas, por lo que están asustados, y se aferran a no perder sus raíces. En dos semanas, dos feminicidios de jóvenes mujeres indígenas. Estos crímenes, dijeron, "no son propios de ninguna de nuestras culturas".
Encontrarme con los dirigentes de diversos pueblos indígenas siempre me produce ese sentimiento agridulce, sentirlos con su espíritu de paz contagiosa, con sensación de eternidad; y al mismo tiempo, comprender las dificultades que padecen a menudo para encontrar respuesta a sus reclamos en el marco de los derechos que poseen y donde siempre queda mucho por hacer.
Esta sensación tan particular me trae al recuerdo las palabras de Miguel Chase Sardi, cuando me dijo un día: "Nunca dejarás de ser indigenista. No hay indigenista kue". Y es así. Con los amigos indígenas aprendí la prevalencia de la espiritualidad, ya que aún con la tarea más combativa y difícil, como es la defensa de sus territorios, se siente el ambiente de espiritualidad, lo que explica por qué, quienes hemos entrado en ese mundo, nunca salimos, es un pacto silencioso, no explicito, un lazo perdurable.
Hago este comentario porque en estos días con los encuentros organizados por la Asociación Indigenista del Paraguay, el Centro de Estudios Antropológicos y la Comisión de Pueblos Indígenas del Senado, con la amigable atención del señor José Samudio Falcón, director de la Biblioteca del Congreso Nacional, hemos podido sentir ese intercambio de energías que nos desafía y nos fortalece. Las jornadas fortalecieron nuestro compromiso.
En la mesa intercultural, escuchamos a tres referentes importantes: la querida María Luisa, del pueblo aché, a Bernardina Coronel, del pueblo qom, y a Tagüide Pikanerai, del pueblo ayoreo-totobiegosode. Ante una pregunta sobre la espiritualidad indígena, cada uno explicó, pausadamente, las distintas manifestaciones de ese contacto invisible con el gran espíritu universal, teniendo como lenguaje compartido la búsqueda de la tranquilidad, y la austeridad exenta de todo afán de acumulación de la riqueza, pero que se va perdiendo, dijeron.
Aunque no son sociedades perfectas y las relaciones entre ellos mismos van cambiando, es notable que las culturas de los pueblos, diversos en muchos aspectos, y cuyos ancestros incluso tuvieron guerras interétnicas, tengan, en una comunión de almas, la misma búsqueda de la felicidad, a través del buen vivir, que promueve el valor de la vida y la práctica de la reciprocidad. Ese modo de ser lleva a superar sus conflictos internos y sostener la vida en forma compartida, sistema de vida que desde algún tiempo se siente amenazado.
Es oportuno traer a la memoria que, a principios del siglo XX, Moisés Bertoni, citando a Demersay, escribió en su libro La Civilización Guaraní: "Los paraguayos poseen todas las ventajas exteriores de la bella raza a la que pertenecen sus padres, unidas a los caracteres morales de los indios de donde descienden".
¿Dónde quedaron esos caracteres morales? Esta lectura nos confronta desde el abordaje estrictamente humano a preguntas a las que muchos no hallamos respuesta: ¿por qué no hemos tenido la capacidad de construir una conciencia colectiva duradera con el valor de la vida, la justicia social, con armonización de nuestros intereses? ¿Por qué hoy, un grupo significativo de nuestra sociedad, está envuelto en tanta corrupción, abuso de poder, injusticias sociales inexplicables, violencia contra las mujeres y los niños, tan alejados de los valores transmitidos por nuestros ancestros?
Mis preguntas se dirigen hacia una cuestión de conciencia. ¿Qué factores han debilitado tan sensiblemente nuestros valores? Lejos de mantener esos valores de herencia ancestral, hoy se están expandiendo estos vicios en todos los niveles, e incluso penetrando en el seno de las comunidades indígenas. Ante esta amenaza, ellos mismos preguntan, y yo me sumo a la pregunta: ¿Que pasó contigo, Paraguay?