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Proyecto de miles de millones, megacentro de datos... y un país que ya no puede vivir de anuncios

Osvaldo Rolón Domínguez
por Osvaldo Rolón Domínguez 14 Diciembre de 2025
14 Diciembre de 2025
Centro de Inteligencia Artificial en Paraguay...¿puede realmente realizarse?
Centro de Inteligencia Artificial en Paraguay...¿puede realmente realizarse? Foto: @bnamericas

En el último tiempo el gobierno paraguayo anunció con entusiasmo la llegada del que sería el mayor centro de datos de inteligencia artificial del hemisferio sur, con cifras que oscilan entre los 10.000 y 50.000 millones de dólares, promesas de miles de empleos y la proyección de convertir al país en un hub tecnológico regional gracias a la energía de Itaipú. La empresa protagonista de esta historia es X8 Cloud, una startup con sede en Estados Unidos, cuyo rostro visible es su CEO Juan Carlos Dueñas. Su figura ha ocupado un espacio mediático central dentro del relato del proyecto, con declaraciones optimistas sobre el futuro tecnológico del país. En plataformas como LinkedIn, donde hoy cualquiera puede autodenominarse CEO, founder o visionary, pero la validación real no está en el cargo, sino en la trayectoria verificable. El hecho de que el propio CEO tenga una presencia digital mínima, con menos de 200 conexiones, no significa que sea un farsante, pero sí es un dato que, en un proyecto de esta magnitud estratégica, debería invitar a una verificación mucho más rigurosa. Paraguay no puede darse el lujo de aceptar promesas solo por cómo están envueltas en discursos técnicos y grandilocuentes.

El problema de fondo es que se está narrando esta historia desde una lógica equivocada. Se presenta al país como el que recibe una oportunidad, cuando en realidad Paraguay es el que posee el activo más codiciado de la nueva economía digital: energía abundante, limpia y barata. En el siglo XX, Estados Unidos construyó su hegemonía asegurando el control del petróleo de Medio Oriente. Hoy, en el siglo XXI, la energía es el nuevo petróleo, porque sin energía no hay inteligencia artificial, no hay data centers, no hay chips, no hay nube, no hay economía digital. Bajo esta lógica, Paraguay no es un actor pasivo, sino un nodo estratégico. El riesgo es seguir negociando como si fuéramos el que pide y no el que ofrece, como si fuera un honor que nos miren, cuando en realidad es una necesidad del sistema global que estemos ahí. Ningún país serio se emociona porque lo vean, o le den atención, por el contrario, espera y llegado el momento, se sienta a negociar desde su valor real.

Parecería que, como país, aún no dimensionamos del todo la magnitud de la carrera tecnológica que está en juego a nivel mundial. No estamos hablando de una fábrica más, sino del corazón mismo de la inteligencia artificial. La historia reciente debería servir de advertencia. Antes de Trump 1.0, antes de la guerra comercial entre EE.UU y China, incluso dentro de la propia administración Obama muchos no entendían realmente qué eran los semiconductores ni por qué eran estratégicos. Esa falta de lectura estratégica le costó carísimo a EE.UU. Bajo ese mismo espejo, Paraguay corre hoy el riesgo de dejarse seducir por palabras técnicas sin comprender su verdadero peso y valor estratégico. Se habla de chips NVIDIA H100, de los más avanzados y caros del planeta, de infraestructuras multimillonarias y de centros de entrenamiento de modelos de inteligencia artificial de escala global, mientras en amplios sectores del país ni siquiera existe estabilidad eléctrica básica. En muchas ciudades del interior los cortes de luz siguen siendo parte de la rutina diaria, especialmente en los meses de mayor calor. No se trata de decir que Paraguay no es capaz, claro que puede. Lo verdaderamente preocupante es la liviandad con la que se promete, como si todo fuera lineal, simple y automático. En tecnología las promesas sobran, las obras no.

Aquí aparece además un punto especialmente delicado, el hecho de que una empresa sin una trayectoria ampliamente conocida ya haya tenido acceso directo a la ANDE para iniciar conversaciones estratégicas sobre suministro energético. Hablar con la ANDE no es un gesto menor, se trata de una de las instituciones más importantes del país y de uno de los activos más sensibles y valioso del Paraguay. El simple hecho de haber llegado a esa mesa ya envía una señal al mundo. Analistas, inversores y empresarios que observan la geopolítica global toman nota de estas cosas, las anotan en sus cuadernos, y construyen a partir de ahí su evaluación sobre cuán rigurosos, prudentes o vulnerables somos como Pais a la hora de sentarnos a negociar recursos estratégicos. 

A este panorama se le suma un factor casi ausente del debate público, el agua. Los grandes centros de datos de inteligencia artificial no solo consumen enormes volúmenes de electricidad, sino también cantidades masivas de agua para refrigeración. ¿Cómo funciona? A diferencia de los centros tradicionales (donde el aire podía circular y disipar el calor antes de tocar directamente los servidores) los megacentros de IA generan tanto calor que el aire ya no es suficiente. Por eso se utilizan sistemas de refrigeración por agua, donde el líquido frío circula por tuberías y absorbe el calor sin tocar el hardware, manteniendo la temperatura estable. Luego ese calor se libera en torres de enfriamiento, lo que implica un consumo constante y elevado de agua.

En un país donde todavía existen comunidades con problemas de acceso al agua potable, resulta legítimo preguntarse cuánta agua va a consumir un centro de datos de escala hemisférica, quién lo va a regular y bajo qué parámetros ambientales reales. No olvidemos que el agua es un bien económico y, al mismo tiempo, un recurso limitado cuya gestión responsable debería ser prioritaria. 

En medio de este entusiasmo pasó casi desapercibida la advertencia de la ex senadora Desirée Masi, quien señaló que la energía de Itaipú que se pretende destinar a estos centros de datos es superior al excedente real actual del país. Su frase de que "están rematando el país" puede sonar extrema, pero no por eso debe descartarse sin análisis. Más aún cuando Paraguay ya vivió episodios recientes de promesas espectaculares que terminaron en escándalo, como el recordado caso del Lamborghini durante el gobierno de Mario Abdo Benítez. Aquella historia quedó como símbolo de cómo el humo bien presentado puede disfrazarse de inversión estratégica. La memoria institucional en Paraguay es corta, pero los costos de volver a creer sin preguntar suelen ser largos. 

Existe además un riesgo estructural aún más profundo, que Paraguay no se desarrolle, sino que se transforme en una colonia energética digital, exportando electricidad barata para alimentar servidores de inteligencia artificial. Mientras otros concentran el valor tecnológico, la información y el poder de cómputo, Paraguay correría el riesgo de quedarse solo con el rol de proveedor silencioso de energía. Un rol que en el siglo XXI equivale al lugar que ocupaban las colonias extractivas en siglos anteriores.

Este proceso exige algo más que buenas intenciones. Exige leyes claras, no solo normas administrativas. Exige marcos jurídicos que protejan al Paraguay como Estado en el nuevo tablero tecnológico global. Que el propio CEO de X8 Cloud, Juan Carlos Dueñas, diga que "muchas empresas de los Estados Unidos verán este ambiente y querrán venir, Paraguay está listo para grandes cosas", en realidad no debería sorprender a nadie. Lo verdaderamente llamativo de esta situación no es la promesa, sino lo que revela como país. 

Seguimos comportándonos como si recién despertáramos al mundo internacional, cuando hace décadas que vivimos en él. No debería ser una sorpresa ni un honor que nos miren. A ningún país relevante le importa nuestro micro progreso. El capital no viene por emociones, viene por recursos, por energía, por ventajas estratégicas, y Paraguay las tiene. Este análisis no debe ser interpretado como critica a los gobernantes. También a nosotros, como ciudadanos y como lectores, somos parte de este fenómeno. Muchas veces nos dejamos deslumbrar por palabras técnicas, por siglas, por promesas de millones, sin detenernos a comprender lo que realmente significan. 

Este es nuestro país, nuestros recursos y, por ende, también es nuestra gente, tanto como lo es de quienes gobiernan. La responsabilidad de preguntar, de entender y de exigir no es solo de las autoridades, también es nuestra. Por eso lo más importante de esta reflexión, no es si X8 Cloud cumplirá o no sus promesas. Lo verdaderamente importante es que como país dejemos de confundir nombres técnicos con garantías reales y entendamos que, en el mundo de la inteligencia artificial, todo se puede prometer, pero muy poco se puede cumplir.

El autor es estudiante de Negocios Internacionales de Nottingham Trent University UK

 

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