Paraguay es uno de los pocos países del mundo que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán. Y lejos de ser un error estratégico, puede ser una de las decisiones más inteligentes y dignas de nuestra política exterior.
Muchos analizan esta relación únicamente desde el comercio. Comparan el tamaño del mercado chino con el taiwanés y concluyen rápidamente que Paraguay debería cambiar de aliado. Pero las relaciones entre países no pueden medirse solo en números.
Paraguay sabe lo que significa enfrentar la presión de potencias más grandes. Nuestra historia quedó marcada por la devastación de la Guerra de la Triple Alianza, donde el país prácticamente fue destruido. Por eso deberíamos comprender mejor que nadie lo que representa para Taiwán vivir bajo amenaza constante.
Taiwán no solo ha sido un aliado diplomático. Ha invertido en Paraguay, apoyado proyectos de desarrollo, tecnología, educación e infraestructura. Y lo más importante: lo hace pensando a largo plazo.
Con Taiwán, Paraguay no es un socio más. Es un aliado prioritario.
Con China, probablemente seríamos apenas un mercado pequeño dentro de una estructura gigantesca donde nuestros intereses tendrían poco peso. China puede comprar mucho hoy, pero también puede dejar de hacerlo mañana si cambia su conveniencia estratégica.
Paraguay debe pensar más allá de la ansiedad del corto plazo. La política exterior también trata sobre soberanía, confianza y visión de país.
A veces es mejor ser un aliado importante para una nación que te valora, antes que convertirse en un actor irrelevante dentro de un tablero dominado por gigantes.