UNO
Nunca lo conocí personalmente. Y lo lamento. Fui uno de los tantos televidentes que lo escuchaba embelesado. Cuando vivía en Perú siempre trate de conocer personalmente a figuras de la Tv que me llamaban la atención. Esto es, al conversar con cierto tipo de personas, con un gran bagaje cultural, aprendes, sin duda alguna, al tiempo que disfrutas de la tertulia.
Vine al Paraguay en 1993. Al instante capté que había sendos programas deportivos. Confieso que me encanta el fútbol, o mejor dicho el buen fútbol. Crecí en Lima viendo a periodistas deportivos de todo tipo: los demagogos, los neófitos, los sabihondos, los náufragos y los que dignifican la profesión de periodistas. Asunción no era la excepción. A lo largo de los años detecté que uno de los rasgos intrínsecos, del periodismo actual, es la demagogia. Salvo contadas excepciones (entre los cuales se encuentran Gustavo, Daniel Chung, Julio del Puerto y alguno que otro), los demás modifican su discurso de acuerdo a los resultados, o son condescendientes o mejor dicho políticamente correctos.
DOS
Para todos aquellos que, sentimos pasión por el fútbol, vemos a través del cable, detenidamente, los debates acerca del fútbol: sea Mundiales, Champions, Eurocopa, Copa América, etc. Gracias a la globalización, podemos comparar y denostar los comentarios sesgados de periodistas o ensalzar aquellos comentarios comedidos y justos, acerca de lo sucedido en la cancha.
Una de las cosas que, mi hijo David y yo, lamentábamos fue no haber podido tener a Gustavo, analizando los Mundiales de fútbol. No sé qué carajo pensaban en el SNT, pero indudablemente no sabían mucho de fútbol o no querían pagar lo que valía el hombre.
Ahora, él tenía convicciones firmes. Por ejemplo, creía que Maradona era mejor que Pele. En eso disentíamos. Recuerdo que una vez escuchando su programa radial -no había vuelto escuchar radio desde 1984, solo por él lo hice- lo llamé por fono para discutir de ese tema. Le apasionaba los deportes en general. Tenía conocimientos enciclopédicos acerca de básquet, boxeo, automovilismo y tenis. En otras palabras, era un periodista completísimo. Lo escuché una vez argumentar, con bases sólidas, que Larry Bird, el famoso basquetbolista de los Celtics en los años ochenta, era mejor que Michael Jordan. En otra ocasión, denostó que, en el Paraguay de hoy, hubiera periodistas que no sabían lo que era el Super Bowl.
TRES
Posiblemente el rasgo que más lo distinguía, en mi opinión, es que dominaba plenamente el arte de la dialéctica. Explicaba cada uno del porqué, con premisas y postulados, las cuales daban certidumbre a sus proposiciones.
Gustavo se expresaba con propiedad, lo cual creo era fruto de innumerables horas de lectura de novelas, libros, crónicas, etc. Ahí no hay misterios, a medida que lees, incorporas nuevos vocablos a tu léxico. Eso es de siempre. De ahí la gran diferencia con otros periodistas coetáneos.
Gracias a la globalización e internet, he podido leer y conocer a grandes periodistas en distintas latitudes: Santiago Segurola (España), Maldini (España), Gonzalo Bonadeo (Argentina), Carlos Antonio Velez (Colombia), Juca Kfouri (Brasil), Ezequiel Fernández Moores (Argentina) entre otros. A quienes aún sigo y ando a la expectativa de sus comentarios y análisis del acontecer, en el mundo del deporte.
CUATRO
Y, en el 2014, Gustavo Kohn enfermó de cáncer.
Lo que me llamó más la atención, fue la cantidad de gente que se organizó a favor del periodista. Se creó una página de Facebook “Todos con Gustavo Köhn”, La misma, se llenó de seguidores. Las actividades que se realizaron, para poder solventar los gastos médicos, y el apoyo de la gente fue impresionante. Eso nos dice una gran verdad: Él era un muy buen tipo, querido por la mayoría.
El 29 de abril de 2015 falleció.
Más de seis años después, puedo decir que es una ausencia muy sentida. Nuestro periodismo deportivo, en los últimos años, ha trocado en una mediocridad intrínseca, de la cual no logra salir.
Dícese que ante la eminencia de la muerte uno se pregunta:
¿Valió la pena mi vida?
¿Me porte bien con mi familia, parientes y amigos?
¿He dejado una enseñanza o legado?
Creo, con convicción, que él logró los 3 puntos arriba mencionados.
Te seguimos extrañando Gustavo. Descansa en Paz.