En los últimos días, se intensificó el protagonismo de las organizaciones de mujeres llenando prácticamente las redes sociales y la prensa, debido a la amenaza de un proyecto de ley que pretende crear un Superministerio de la Familia que nuclearía en una fusión al Ministerio de la Mujer, Ministerio de la Niñez y la Adolescencia y el Ministerio de la Juventud. Comparto plenamente las voces de las mujeres que se alzaron con incuestionables fundamentos contra este malogrado proyecto, y personalmente, tengo suficientes razones para defender el rango institucional del Ministerio de la Mujer, ya que he trabajado desde su fundación como asesora de la ministra Cristina Muñoz, y posteriormente como asesora de la ministra Gloria Rubín.
El proyecto es inaceptable desde todo punto de vista, pero, en realidad, mi otra razón de objeción al mismo está motivado por las limitaciones impuestas por nuestra Constitución Nacional respecto a la definición explícita del concepto de familia, en términos bastante restrictivos, lo que excluiría a grupos de personas, hombres y mujeres, grupos de familias no previstos en la letra de la Constitución Nacional, al no contemplar en su definición la diversidad de familias existentes, y la pluriculturalidad del país. Esta postura mía, sin embargo, es relativa, pero supone riesgos en la interpretación. No sería, pues, atinado, desde mi punto de vista, pensar en un proyecto de ley para la familia, si estas cuestiones no son planteadas y consensuadas previamente.
El referido proyecto presentado por la senadora Lizarella Valiente no tiene el enfoque de igualdad de género, y contiene debilidades tan obvias, con argumentos insuficientes, que sin entrar en el fondo de la cuestión debería ser rechazado in límine; además, el discurso de la senadora es aún más pobre y desprolijo, limitándose a frágiles justificaciones que no pudieron convencer ni siquiera a su primer anillo.
En consecuencia, las organizaciones de mujeres no necesitaron movilizar toda la maquinaria de protesta, ya que Santi se anticipó y al decir que vetaría el anteproyecto. El presidente de la República dijo "none", aunque el senador Leite ha manifestado públicamente, que el proyecto seguirá su curso, dejando relucir la reiterada frase "Dios, patria y familia". Saltó la perdiz, ya que con estas palabras pone en evidencia la verdadera intención del proyecto, que es la negación de la diversidad, para la construcción de un pensamiento totalitario y homogéneo. Hasta ahora no estoy entendiendo si la decisión del presidente de que vetaría el proyecto "por el momento", se debe a las contundentes manifestaciones públicas de las mujeres, o simplemente no quiere hacerse cargo de un proyecto de ley tan pererĩ.
La cuestión grave es que el referido proyecto cometió el malintencionado error de carecer del enfoque de igualdad de género en su construcción. En Europa, 22 países han optado por esta fusión, con la denominación de "Ministerio de la Igualdad de Género y la Familia", tales como España, Noruega, Finlandia, Suiza, Alemania, Luxemburgo, Islandia, Liechtenstein, entre otros, con preferencia sobre la igualdad de género en forma transversal. Hacemos mención especial a Francia, que posee un Ministerio de la "Igualdad de Género, Familia y Diversidad".
A decir verdad, de superarse el concepto establecido en los términos constitucionales, me gustaría tener en nuestro país un Superministerio de Igualdad de Género y Familia, encabezado por una mujer jefa de familia, que pueda comprender esta situación con profundidad, una mujer que sufrió actos de violencia, o una mujer divorciada con experiencia de lucha por la tenencia de sus hijos y el cumplimiento alimentario del progenitor. En síntesis, que no sea una fifí, sino una genuina kuña guapa.
