La villa veraniega en estado de shock

2 Febrero de 2022
2 Febrero de 2022
La villa veraniega en estado de shock
La villa veraniega en estado de shock

Escribir sobre el traumático y deleznable atentado en un concierto el que perdió la vida una compatriota es triste, frustrante y deprimente. Me gustaría abordar temas positivos con el fin de alentar a los niños y jóvenes a amar a su patria, a rescatar y fortalecer valores que edifican el carácter y temple, para luego enfrentar la vida con menos desazón y angustia, pero no puedo sustraerme del tema actual que dejó en vilo a mucha gente. El acto, con características de terrorismo, que dejó boquiabiertos a todos los ciudadanos del país, una vez más ha desnudado lo que ya es comidilla diaria en todos los ámbitos de la sociedad: la acuciante inseguridad.

A través de los medios de prensa he consumido una pléyade de informaciones, algunas objetivas y otras, quizás, delirantes y con un toque mágico de película al estilo Sherlock Holmes. En contrapartida, y para contrarrestar la parafernalia e invasiva tonelada de información, las redes sociales se han convertido en un espacio de escape y terapia social colectiva ante esta orfandad de objetividad de los medios oficiales y algunos medios privados de prensa. Muy plausibles las reuniones virtuales en los espacios de la plataforma de interacción social, con algunas personas que han estado en el mentado concierto llevado a cabo en la ciudad de San Bernardino. En estas terapias en la que he participado, justamente para informarme de fuentes directas y, a la vez, comparar con el caudal de información que como balines de goma me llegaban, he notado la necesidad casi angustiante de comunicación; simplemente hablar y desahogarse de los problemas que cotidianamente consumen al ciudadano. Algunos especialistas en diferentes áreas del conocimiento compartían sus experiencias como profesionales con el fin de entender mejor esa problemática.

Hace poco, una representante de la Corte Suprema había declarado que la justicia está presionada por grupos fácticos, en mi interpretación: la justicia atrapada y maniatada por grupos altamente peligrosos. ¿Qué hace la ciudadanía ante esta lacerante y realista declaración? ¿Tenemos derecho a manifestarnos contra las autoridades que no cumplen sus roles para los cuales fueron encomendadas?

He leído en los sueltos y en redes sociales que se invita a la gente a manifestarse. En caso de llegar a una manifestación, conviene repasar nuestra Constitución Nacional para ilustrarnos sobre este punto, para no infringir las leyes por momentos meramente emocionales o motivados por el enojo o frustración por algún acto contrario a las normas de convivencia social, como en este caso, el atentado ocurrido en la ciudad de San Bernardino.

En nuestra Constitución encontramos algunos artículos que hacen alusión al derecho a la manifestación En el art. 1 y siguientes de la Ley N.º 1066/1997 están especificados los alcances y limitaciones de dicha ley. Solo basta leer unos minutos para enmarcarse en la legalidad y, a la vez, ejercer el derecho de manifestación sin atentar contra el orden jurídico.

En las terapias virtuales a las que me he referido, pude tímidamente proponer la articulación de otros tipos de manifestaciones, tales como reuniones pacíficas, foros citadinos, audiencias departamentales, etc., pero con un discurso hacia una reflexión crítica, racional y consensuada sobre las cuestiones del engranaje del Estado. ¿Quiénes serían los participantes?: nuestros jóvenes, pues son ellos los que deben nutrirse o renutrirse de los valores éticos que los mayores de bien pudieran transmitirles. Es la franja etaria que debemos proteger, educar y guiar para que esta república pueda ser renovada, y así, en consecuencia, aspirar a una mejor calidad de vida y digna para todos los habitantes del país.

En la Constitución Nacional también existen otras herramientas jurídicas para hacer notar al Gobierno el descontento del pueblo: el referéndum y la desobediencia civil. Los alcances de estas figuras están claramente establecidos en la Carta Magna. No deja de ser importante leer estos artículos con el fin de ilustrarnos sobre los mecanismos legales para mostrar el descontento o frustración ciudadana, aunque la desobediencia civil está restringida, se podría generar una "desobediencia de carácter pacifista y moral “para hacerle entender al gobierno el hartazgo que reina actualmente.

Romper el paradigma del juramento retórico y protocolar que se expresa en cada asunción presidencial "Que Dios y la Patria me lo demanden", sería una hazaña del pueblo, pues si tomamos taxativamente este juramento, el pueblo, a través de los mecanismos jurídicos puede demandar al gobernante cuando no cumple cabalmente sus funciones. La figura constitucional del juicio político es una poderosa herramienta constitucional que tenemos, esta ya fue articulada en varias ocasiones. Pero, ¿cómo se llega a un juicio político sin manifestación de descontento del pueblo? Los que deben iniciar el juicio político son los congresistas que, a su vez, en esta coyuntura política muy compleja en la que estamos sumergidos, responderían a ciertos intereses personales de los movimientos partidarios que ostentan la mayoría y, por ende, el poder de solicitar o bloquear el inicio del juicio.

Ortega y Gasset, en su obra cumbre La rebelión de las masas, (1930), describe la realidad que le tocó vivir en su tiempo, un tiempo vacío sin objetivos específicos y poco profundo. Esa rebelión no tiene la connotación de "manifestación" frontal agresiva hacia un gobierno, sino que habla del hombre-masa: un individuo egocéntrico, conformista y, aparentemente, con una vida simple y fácil, que no se planteaba ir en contra de las ideas de los políticos.

Actualmente, el paraguayo del siglo XXI, año 2022, tendría las características del hombre-masa de Ortega y Gasset. En general, se podría inferir que hay apatía de la sociedad de involucrarse en los asuntos esenciales del país. ¿Por qué no se involucra? ¿Quizás, tiene miedo? ¿Perdió la esperanza de avanzar hacia la reconstrucción del país? La famosa filosofía folclórica paraguaya del oparei resume el desencanto social de la población hacia los tantos hechos de corrupción que no son aclarados puntualmente ni mucho menos informados a la ciudadanía. En nuestra historia moderna, varios ciudadanos fueron víctimas de fuertes atentados en los cuales perdieron la vida, sin que el gobierno de turno haya intentado siquiera aclarar objetivamente los pormenores de esos atentados.

Esperemos que este caso recientemente sucedido no sea uno de los tantos que irán a parar al oparei, sino que, de una vez por todas, la justicia articule sus herramientas jurídicas y devuelva la tranquilidad a este pueblo sumido en el miedo.

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