Y recorría los pueblos del contorno enseñando. Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: "Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas." Y les dijo: "Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. 11Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos." 12Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; 13expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
[Evangelio según san Marcos (Mc 6,6b-13); 15º Domingo del Tiempo Ordinario]
El inicio del texto evangélico, propuesto para la reflexión dominical, alude a una actividad característica de Jesús, la “enseñanza” (didask?, en griego): “Y recorría los pueblos del contorno enseñando” (Mc 6,6b). En el episodio precedente, se indica, de hecho, que él “enseñaba en la sinagoga”, en sábado, y se observa que la gente quedaba admirada de su sabiduría y de los milagros que realizaba (Mc 6,2).
La acción de “enseñar” constantemente, por los pueblos del entorno de Nazaret, y la realización de prodigios, se unen ahora con la llamada a “los Doce” a quienes envía, de dos en dos, otorgándoles poder sobre los “espíritus inmundos” (Mc 6,7). Se trata del primer envío misionero. Es interesante observar que, si bien no se describe el contenido de la enseñanza de Jesús, sí se indica la naturaleza del poder que confiere a “los doce”: el poder sobre los espíritus inmundos. El número “doce” es de particular significado para la tradición bíblica, según la cual el pueblo de Israel está compuesto por “doce tribus”. Si Jesús llama a los doce discípulos significa que ellos tienen el rol de restaurar este pueblo. Ellos son llamados para constituir no un “nuevo Israel”, sino una nueva alianza entre Dios e Israel.
“Los Doce” aparecen como los únicos destinatarios del discurso de Jesús. Este grupo, particularmente cercano a él, en la tradición sinóptica, es investido de tareas misioneras configuradas por la actividad terapéutica y taumatúrgica. “Los doce” es una expresión característica, intercambiable, a veces, con “discípulos” o “apóstoles”. Estos apelativos no solo indican una relación especial con Israel sino subraya, además, su nuevo rol misionero, en estrecho vínculo con Jesús. Él los envía y ellos son enviados.
De este grupo ya se mencionó la vocación de los cuatro primeros: Simón y Andrés; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo (Mc 1,16-20); también el quinto discípulo, Leví, el de Alfeo, un cobrador de impuestos (Mc 2,13-14). Estos discípulos también son mencionados en el episodio ocurrido por “los sembrados” cuando estos arrancaron espigas en sábado (Mc 2,23-28). Más adelante, cuando Jesús subió al Monte y llamó a los que quiso, instituyó a “los Doce” que Marcos se encarga de mencionarlos en el siguiente orden: “...puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por sobrenombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago del de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó” (Mc 3,13-19).
Respecto a la composición, el grupo más cercano a Jesús está muy diversificado. Los cuatro pescadores para la mentalidad del tiempo pertenecían a la categoría de los que no tenían nada. Mateo es un recaudador de impuestos, por tanto, un colaboracionista con el poder extranjero, o más simplemente, un deshonesto a causa de los tráficos ilícitos que estaba obligado a hacer. Al contrario, Simón, llamado también el Cananeo, es un zelota, perteneciente al partido nacionalista que proyecta la liberación de Israel a través de una revuelta ante el poder romano con el que Herodes estaba en connivencia (Herodes tenía el título de: “amicus et socius populi romani”). Judas, llamado el “Iscariote”, tiene un sobrenombre que podría significar “hombre de Keriot”, villa de Judea; o bien Ish-Karya, el “falso”, el “mentiroso”; o sikarius, el hombre del puñal, un terrorista. Judas es presentado como el traidor de Jesús. De esta caracterización podemos constatar cómo Jesús se hace rodear de hombres que, si bien viven juntos, proceden de diversos niveles sociales y de diferentes pertenencias ideológicas, políticas y religiosas.
Jesús prescribe para “los Doce” el equipamiento básico para la misión: Les ordenó que nada tomasen para el camino a excepción de un bastón. El bastón, de hecho, servía de arma en los lugares desérticos y descampados para espantar las alimañas y defenderse de los animales salvajes. Además, les prohibió llevar “pan”, “alforja” y “calderilla en la faja”; podían llevar, en cambio, sandalias y una sola túnica. El mensaje que se comunica con tal presentación de los enviados consiste en que los discípulos no tienen nada y no llevan nada salvo el mensaje del evangelio y el poder sobre los espíritus. En este horizonte interpretativo se puede comprender lo que el apóstol Pedro dirá al tullido, en la puerta “Hermosa” del Templo: “No tengo plata ni oro; pero lo que tengo te lo doy: En nombre de Jesucristo, el Nazoreo, echa a andar” (Hch 3,6).
Esta disposición de Jesús apunta a suprimir cualquier pretensión que pueda surgir en el Colegio apostólico como consecuencia de la misión encomendada. Deben contentarse con lo que le ofrecen en las casas donde le conceden hospedaje, alimentarse y vivir de lo que la gente les done por su buena voluntad (Mc 6,10). En todo caso, sin son rechazados, no deben partir simplemente del lugar sino, más bien, son exhortados para hacerles comprender respecto a las consecuencias de tal comportamiento. Con el gesto de sacudir el polvo de los calzados, los enviados ponen en claro que entre ellos y quienes lo rechazan no hay nada en común (cf. Hch 13,51; 18,6), pues quien rechaza a los enviados, rechaza a aquel a quien ellos anuncian.
No deja de sorprender el hecho que no se mencione el “anuncio” cuando se habla de la misión de “los Doce” (Mc 6,7) y que se les prescriba únicamente el reclamo a la conversión (Mc 6,12). Jesús mismo había anunciado que el tiempo se había cumplido y que el Reino de Dios era cercano. Y no invitaba solamente a convertirse sino a tener fe (Mc 1,14-15). Según parece, el mensaje que los discípulos deben llevar se asemeja más al de Juan el Bautista, el cual conminaba a sus contemporáneos a la conversión (Mc 1,4). Por otro lado, las cosas que ellos hacen adquieren el relieve de las acciones de Jesús, superando las obras de Juan y acercando a los hombres -como lo hace Jesús- al Reino de Dios.
Brevemente: Esta es la primera vez que “los Doce”, los más cercanos colaboradores de Jesús para la instauración del Reino de Dios, son puestos a prueba en la misión y aprenden su rol mediante la experiencia personal. De esta manera, se profundiza su relación con Jesús. Ellos pertenecen a Jesús no solo como sus discípulos (seguidores) sino también como sus apóstoles (enviados). Se subraya el estilo austero del equipamiento para la misión, pues son enviados con lo mínimo necesario para que resplandezca el mensaje y el poder de Dios sobre las fuerzas espirituales adversas. Estos delineamientos nos dan las notas características de la misión evangelizadora que debe estar desprovista de toda ostentación y grandilocuencia.