En el hemisferio norte, y principalmente en Europa, en estos tiempos finales del año ya se empieza a vivir el espíritu navideño. Cada ciudad se alista para recibir a los miles de visitantes tanto del interior como del exterior que llegan para recorrer sus mercados navideños. Uno de los más populares e importantes en Europa es el mercadillo navideño de Hamburgo, Alemania, el famoso mercado navideño Roncalli, que cada año presenta una alegoría distinta. Hay que destacar que en estos días previos a la Navidad y desde el inicio de los mercados navideños no hay lugar siquiera para un alfiler.
¿Qué significa esto? Se refiere a la gente que se vuelca masivamente a los mercados navideños. Pues, como ya alguien había dicho en una ocasión: "es la economía, estúpido". En efecto, estos mercadillos generan una buena cantidad de ingresos a la ciudad, y cuadruplican los gastos invertidos en ellos. Al final, el visitante va feliz, el comerciante mucho más feliz y la intendencia de la ciudad, por supuesto, más que feliz. Una simbiosis interesante que trae beneficios mutuos.
Pero Hamburgo definitivamente no es Ciudad del Este. Tampoco Hamburgo tiene una hidroeléctrica, es decir, una Itaipú del cual se puede sacar dinero sin mayores dificultades y, digamos, sin un control riguroso. ¿A qué viene esto? Pues se ha viralizado y ha generado indignación total la idea de crear una "villa navideña" con fondos de Itaipú, que costaría una buena suma de dinero, con la cual —según el director del INERAM— se podría alimentar por lo menos tres años a los pacientes del instituto.
Es necesario interpelar este tipo de acciones de los actuales referentes del gobierno y amigos del movimiento de moda, Honor Colorado, y más aún que los actuales responsables de la dirección de la binacional Itaipú aún no se recuperan de la catastrófica paliza que los electores les han dado a este grupúsculo de pseudo dirigentes que pretenden gobernar como si fueran dueños del país, y especialmente de los recursos de Itaipú. Esta lucratriva institución en la cual los funcionarios tienen un salario astronómico —y si se puede decir, obsceno—, y es una burla para el pueblo.
La pérdida electoral de esta vuelta fue catastrófica, hayan sido colorados, liberales, o del color que hayan votado a la fórmula ganadora: es una señal más que clara de que el hartazgo de la población está en su límite, y que la mala gestión de una entidad emblemática, que en principio debería desarrollar a la nación, tiene en realidad otra historia. Lamentablemente.
No sé de dónde sale que el Paraguay, con ese calor infernal en diciembre, deba emular los famosos mercados navideños del hemisferio norte. Quizás los viajes que estos héroes del patriotismo realizan asiduamente se hayan inspirado en dichos mercadillos europeos, pero están muy distantes de la tradición y cultura paraguaya, que más que nada se reduce al pesebre, el clericó, la flor de coco y las bombitas, humilde, pero toca al corazón de todos los paraguayos
Lo deleznable y a la vez una bofetada para los de a pie es que en los hospitales faltan insumos, falta infraestructura y, esencialmente, en hospitales sensibles como el INERAM, que —de acuerdo con lo publicado en los medios de prensa— se alimenta a los pacientes con cocido negro (y rei) aguado.
Si analizamos esta impopular idea del proyecto de Itaipú bajo la teoría utilitarista (que busca potenciar el bienestar de la mayoría), se puede evidenciar que solo una minoría disfrutaría de la villa navideña: unos pocos que están alrededor de los políticos que mueven los hilos del poder. Mientras, la mayoría, que apenas sobrevive con menos del sueldo mínimo, con trabajo informal y, sobre todo, con una seguridad en la salud precaria, estimo que no tendría ganas de ir a una villa navideña efímera que duraría unos días, mientras sus problemas, miserias, enfermedades y desesperaciones durarían años por culpa del abandono del Estado.
Es esencial que las autoridades vayan interpretando las señales que les da el pueblo, que se pongan en sus zapatos y puedan vivir la lacerante realidad que carcome diariamente a todos los paraguayos en situación vulnerable; los que están peor, porque los que están mejor viajan, se llenan de lujos, festejan cumpleaños ostentosos y obscenos, llenan de flores el Congreso y se mueven con total libertad, aun con sospechas de malas gestiones en sus actuales funciones estatales.
Pero la esperanza es lo último que se pierde, estos "patriotas" tienen aún tiempo para que rectifiquen el rumbo antes de que ese pueblo ignorado y ninguneado les dé otra paliza.
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